miércoles, 27 de agosto de 2014

MICHAEL CAINE (Mr. Morgan,s last love, 2013, Sandra Nettelbeck)


 
MICHEL CAINE (a propósito de Mr. Morgan)
 
 
 
 

El sentido de este blog no es el de comentar todo estreno que pase por mis ojos, en ocasiones las colaboraciones con otras publicaciones me “obligan” a ver algún estreno y comentarlo para enviar algún artículo, y por ejemplo “Mr. Morgan,s last love” sería de esas películas que habría que dejar pasar sin hacer demasiada sangre, mejor no criticar gratuitamente cuando uno no es capaz ni de abrir el objetivo de una cámara, mejor dejar de hacerse el exquisito con gustos que a muy poca gente convencen o atraen. Lo que ocurre es que esta tramposa película (con unos primeros 45 minutos muy interesantes pero que decae y llena el campo de minas sentimentales en su segunda hora, hasta culminar en el más absoluto y despreciable chantaje moralista) cuenta en su reparto con una presencia excepcional, con, parafraseando a la propia película al hablar de un personaje femenino “que ilumina la habitación con su presencia”, un actor que llena todos los huecos habidos y por haber con una simple mirada. Se trata del admirado Michael Caine.
 
 
 
 


Los años no pasan en balde, no puede encarnar a un aventurero ni a un rompecorazones, tener 80 años supone encontrarse al final del camino y Michael Caine es consciente de eso, de tal suerte que, sin dejar de trabajar, ha acomodado su agenda a su realidad física. Obviamente la película es Caine y sólo Caine, cuando no está en pantalla apenas nada nos interesa. Quienes hemos podido gozar de su verdadera voz en muchas películas admiramos su capacidad de cambio en el tono, no hay asomo de su voz nasal, ni el deje “cockney” del que tanto se enorgullece por no renegar de sus orígenes, ahora hace de filósofo americano jubilado y residente en París (no tiene mal gusto el personaje no), viudo cuyo único interés vital fue compartir su vida con su esposa, y fallecida ésta nada ni nadie le interesa. Su vida es monótona y residual, sin ganas de nada, ni lecturas ni paseos, el azar le acerca a una joven que, saltando la distancia generacional, mantiene muchos puntos en común con él, sobre todo la soledad.
 
 
 
 


Caine es un personaje terminal en su papel de Mr. Morgan, una persona en la que se abre una brecha inesperada al atraer la atención de una joven bonita y sensible que se preocupa por él, y ahí es donde se despliega todo su encanto como actor, sus miradas, sólo con sus miradas advertimos nostalgia, dolor, apatía, su cuerpo desprende fragilidad, decadencia, rendición, pero poco después revivirá la vitalidad, las ganas de encauzar y aprender renacen, las conversaciones devolverán brillo a la mirada de Caine, y se te anuda el estómago cuando ves a Caine llorar, y te diviertes viéndole intentar bailar con una torpeza propia de la edad y de quien nunca lo ha hecho ni nunca se ha divertido haciéndolo suponiendo que Caine, además, será un bailarín excepcional como excepcional es como actor.
 
 
 
 
 


Caine ha sido el oportunista y truhán Peachy de “El hombre que pudo reinar”, buscavidas en “Alfie”, médico humanista en “Cyder House Rules”, jubilado justiciero en “Harry Brown”, cincuentón desorientado y enamoradizo en “Hannah y sus hermanas”, el mejor mayordomo que nunca ha tenido ni tendrá Batman, oficial británico estilo imperio como ninguno en “Zulú”, rival equiparado a Lawrence Olivier en “La huella”, proporcionando su brillante presencia en películas menores o medianas como “Little voice”, dando réplicas brillantes a Bob Hoskins en “Mona Lisa” o a Alan Alda en “Sweet liberty”, haciéndonos reir con comedias de estilo como “Lío en Río”, ladrón de guante blanco en “The italian job”, ecologista militante y huraño en “Hijos de los hombres”, profesor pigmaliano en “Educando a Rita”, militar de la segunda guerra mundial, espía, asesino, timador, amante, …..qué más da, Caine en pantalla brindará, siempre, un  espectáculo impagable, y si en una película de 110 minutos podemos disfrutar de su presencia durante más de 80, el precio de la entrada está justificadísimo, pero, por favor, en versión original, la voz de un actor es tanto o más importante que su presencia, dejarse envolver por esos timbres de voz imposibles, esas pausas, esos suspiros, esas miradas o exclamaciones merecen el esfuerzo, para quien no está acostumbrado, de leer mientras se mira, sólo así uno puede decir qué gran actor es Michael Caine.