domingo, 17 de agosto de 2014

LE MÉPRIS (El desprecio, jean Luc Godard, 1963)

 



(Jack Palance, productor) Cuando oigo la palabra cultura cojo mi talonario

 
(Michel Piccoli a Fritz Lang) Los nazis decían revólver en vez de talonario
 

 

Gracias a internet, con todos los inconvenientes añadidos que esto está suponiendo, son de muy fácil acceso tanto la película como el trailer de la misma, y  hago mención al trailer porque es fruto de una inteligencia arrebatadora, dudo mucho que nadie que vea el trailer no sienta el irresistible deseo de ver la película. A los acordes de la música que Georges Delerue compuso para la banda sonora, y que a modo de tema recurrente suena y resuena en la película, pues no deja de ser el “tema de Camilla”, el trailer expone todos y cada uno de los temas de la misma con una maestría insuperable, y a falta de imágenes, reproduzco su contenido, lanzado en ráfagas de cuatro propuestas verbales con la voz del propio Godard.
 





“La mujer, el hombre, Italia, el cine

El Alfa Romeo, el music hall, las estatuas griegas, el revólver

LA NUEVA PELÍCULA TRADICIONAL DE JEAN LUC GODARD

 

La bofetada, el dormitorio, el beso, el cuarto de baño

El loco, la estrella, el viejo, el mar

La ternura, la venganza, las caricias, el sacrificio

FILMADO EN EL GLORIOSO FRANCESCOPE Y EN TECHNICOLOR

 

Las escaleras, el paseo, el libro, el barco

La desilusión, el sol, la traición, la muerte

UNA MARAVILLOSA HISTORIA DE AMOR EN UN DECORADO TRÁGICO

 

El amor, la oscuridad, el malentendido, la belleza fatal”

 



Con esta declaración de intenciones la película de Godard se transforma en un compendio de historia universal trufado de historias personales eternas, las derivadas del amor y el desamor. Habitualmente se dice que esta película rompe el esquema narrativo de Godard y supone su ruptura formal con la “nouvelle vague”, si antes decía que le bastaba una mujer y un revólver para hacer una película, en este “Le mépris” al usar un formato panorámico, película en color, recurrir a estrellas reconocidas del mundo del cine, usar la música de manera reiterada y hasta grandilocuente para remarcar pasajes románticos o trágicos parece apartarse de su anterior obra…….., y sin embargo, me atrevo a negar esta afirmación, no deja de ser una burla de Godard al cine espectáculo demostrando que con sus mismas armas puede seguir rodando las películas como él quiere y no como la industria pretende, me sigue pareciendo un modelo de cine godardiano sin ambages, libre e inteligente, heredero de sus precedentes obras y lleno de rabia.
 



“El cine sustituye un mundo amoldado a nuestros deseos, El desprecio es la historia de ese mundo.” Evocando a Bazin, Godard comienza su historia desde dentro de un rodaje, rodando al propio espectador que se niega a vivir para sólo ver la vida de los demás en una pantalla, envuelve cine y vida para fulminar con su mirada ambas realidades, la difícil de armonizar y la fácil de ver en cuanto que nos transforma la realidad a nuestra propia conveniencia. Las frases incendiarias y revolucionarias de Godard se mantienen, ya he transcrito alguna, pero andando por esa Cinecittá en ruinas “el cine italiano está muy mal”, “hasta ayer aquí había reyes” con un Jack Palance puño en alto…….. y ya en 1963 Godard empuña su cámara para hablarnos de la muerte del cine, y hemos llegado a 2013 con la misma sensación de final inconcluso, de arte moribundo pese a ser el más moderno de todos ellos.



 

He buscado, y no he encontrado, alguna declaración o comentario de Fritz Lang alrededor de esta película, su papel de “le vieux homme”, el director clásico envuelto en una reflexión filosófica sobre el mito de Ulises, mientras el productor sólo ve dinero en la posibilidad de falsear la historia, transformar a Penélope en una mujer infiel y a Ulises en un hombre que no quiere volver a Itaca, mientras la pantalla se llena de mujeres desnudas al sol mediterráneo. Me hubiera gustado saber si Lang realmente participaba en la idea de Godard o solamente se dejó hacer sin saber muy bien el qué. Supongo, porque el cine de Lang es todo menos simple, que participó como arquetipo de un cine que estaba desapareciendo para que surgiera otro, dando el testigo a una generación  dispuesta a contar sus historias antes que a hacer concesiones a productores baratos e incultos. Presentado como el director de “Encubridora”, Lang dirá “mi preferida es M”, estoy con Lang, no siempre la mejor película de un director es la más importante.
 




http://youtu.be/Qg9FJbjVTLU (tema de Camille, Georges Delerue)
Si “El desprecio” comienza como una historia de amor encendido y pasional entre Michel Piccoli y Brigitte Bardot, una vida bohemia y al día que entra en crisis cuando Jack Palance sospecha que la película que Lang hace sobre la Odisea va a ser una ruina y contrata a Piccoli como nuevo guionista dado su reconocimiento como dramaturgo. La confrontación entre el autor y el hecho de transformarse en una “puta barata” al servicio de un espectáculo provoca una reacción inesperada en la Bardot, el desprecio absoluto por su pareja, desprecio en el que se mezcla la pérdida del halo de creador que tenía el dramaturgo al estar dispuesto a trabajar para una industria sólo por dinero, y el desprecio como persona al sentirse ofrecida como parte del precio del contrato al productor ante un indiferente Piccoli cuando es evidente que Palance flirtea con Bardot con un claro propósito sexual y coleccionista.
 



La larga escena en el apartamento de la joven pareja antes de que Piccoli diga definitivamente que sí al encargo es una muestra ejemplar a la hora de demostrar el alejamiento de dos personas que, viviendo juntas, dejan de comunicarse porque han perdido el interés el uno por el otro. La mentira y la simulación, el falso interés, la ira y la provocación han sucedido a la escena de erotismo inicial en el que una desnuda Brigitte Bardot pregunta a su pareja si le gusta cada una de las partes de su cuerpo para terminar diciendo “entonces, me amas completamente”. El personaje masculino aparece sorprendido ante el cambio de actitud de su mujer, pero realmente no es más que otra simulación, sabe, desde el momento en que ella decide no contestar, que todo se ha roto y perdido y es consciente de dónde cometió el error.



 

El colofón de la película se desarrolla en Capri, y más concretamente en la ambientación que proporciona la casa Malaparte, propiedad que fue del escritor y que dejó en herencia a la República Popular China, algo que al Godard de los 60 tenia que emocionarle especialmente, aunque después, la familia consiguió revertir esa herencia a su favor. Esa casa colgada del mar Mediterráneo permite a Godard una serie de bellísimas imágenes realzadas por la presencia subyugante de una Bardot en pleno esplendor de atracción, el desesperado intento de Piccoli para que todo siga igual que antes, aunque sea una farsa interpretada, es imposible.
 



El personaje femenino ha tomado una decisión, al igual que Penélope fue inmune a los requerimientos de todos los pretendientes que la cortejaron durante la ausencia de Ulises, la Camille de Bardot niega una y otra vez la posibilidad de reencuentro o reconciliación, y para que el desprecio sea absoluto, abandonará el rodaje en compañía del productor, incapaces de comunicarse al no hablar un idioma común estamos ante un  simple episodio de atracción física, pero Godard reserva su venganza.




 

Dicen que cuando rodó “El desprecio”, Godard estaba en plena crisis con Anna Karina, al final de la película, el productor, la imagen del cine comercial y solamente pendiente de la recaudación, y la amante que traiciona, mueren en un accidente de tráfico. Godard mata lo que no le gusta en su última escena de su película “convencional”. Obviamente Godard sabe que su cine no es convencional, pero en el juego de esta película, reírse de todo, dentro de la tragedia relatada, es un buen final.

 



Hemos asistido al idilio y al fin de una pareja, enmarcados con carteles de Viaggio in Italia de Rossellini, otro film de falsa relación de pareja en el que el reencuentro final sabemos que es impostado y ficticio, y hemos comprobado que permanecen incólumes focos de resistencia dispuestos a mantener el cine como arte y no como mero espectáculo, y además, Godard nos ofrece una recreación contemporánea de la Odisea en donde Ulises no regresa a ningún sitio porque no sabe dónde se encuentra.
 



La composición envolvente de las imágenes, los juegos gestuales de los dos protagonistas, el uso del color y la luz, la utilización de la música, no recuerdan a Godard, hasta que ves que todo es Godard y sólo Godard. Los que vean o hayan visto “The canyons” de Paul Schrader que revisen este “Le mèpris” de Godard, para mi las equivalencias son sonoras y evidentes, ¿copia o influencia? La historia del arte está llena de ellas, hasta Godard copia la Odisea para hacer una obra maestra, otra cosa es que los epígonos de Godard puedan decir lo mismo