sábado, 5 de julio de 2014

UNDER THE SKIN (Jonathan Glazer, 2013)


 
 

Dado que es la primera vez que me atrevo con el cine de Glazer, mantendré una exquisita neutralidad en el debate que gira a su alrededor entre el elogio sin fisuras  y el rechazo absoluto, aunque siendo sincero, ésta mi primera incursión me deja más bien indiferente y con escaso interés en seguir viendo su obra. Me gusta el cine con puertas y ventanas, me interesa más lo que no me cuenta y me obliga a pensar que el discurso masticado y predigerido, pero también me gusta comprender que quien deja las puertas y ventanas abiertas lo hace con un propósito y no porque ha perdido el rumbo y el astrolabio o el sextante no le  indican la situación de las estrellas que le orientan.
 
 
 

Y éste es un poco el gusto que me deja esta película, que se inicia con un enigmático plano de un punto luminoso que se acerca al espectador, un punto que tanto puede ser el resultado de una prueba oftalmológica, el reflejo de una nave espacial aproximándose, el ensamblaje de un artefacto de origen desconocido o la creación de una inteligencia artificial no sabemos por quién, ni dónde, ni con qué propósito, imagen que viene acompañada por la voz de Scarlett Johansson aprendiendo a hablar y a pronunciar en inglés.
 
 
 

Acto seguido una moto surca las carreteras escocesas a toda velocidad hasta recoger el cuerpo de una joven tirado en un terraplén, para a continuación dicha joven es desnudada en un espacio aséptico y sin mobiliario por una Scarlett completamente desnuda que empieza a vestirse con las ropas que quita al cadáver.
 
 

A partir de entonces asistiremos a un carrusel de seducciones que acaban en desaparición del seducido de turno, atraído por la hembra atractiva y encaminado a la guarida donde, siguiéndola por un espacio igualmente aséptico, pero negro en su totalidad, el macho ansioso de sexo termina sumergido en una sustancia negra sobre la que Scarlett camina como Jesucristo sobre las aguas. Llegados aquí quien escribe tiene tantas ganas de que la película termine como de que lleguen las vacaciones. No sabremos nunca el porqué de este comportamiento, para qué es necesario introducir cuerpos vivos en esa sustancia, ni si son alimento o son experimentación, tampoco sabremos qué papel juegan esos misteriosos motoristas que “limpian” lo que Scarlett deja a medias.
 
 
 

La acción se mantiene en el misterio y la incertidumbre durante tanto tiempo que es fácil desconectar y desinteresarse por las idas y venidas del alien con cuerpo de mujer fatal, la inexpresividad constante de Scarlett se equipara a la de muchas de las personas que son filmadas en centro comerciales, salidas de estadios de fútbol, compras cotidianas…....., y lo único que queda claro es que la presa ha de ser una persona solitaria, a la que nadie eche en falta y por la que nadie se interese.
 
 
 

Progresivamente, y aquí la mirada y el ojo juega un papel fundamental, de ahí quizás la escena inicial que representa la producción de un ojo artificial encaminado a que el extraterrestre adquiera apariencia humana, el ser encarnado por Scarlett se va humanizando, perdonando hombres, aislándose de su objetivo y refugiándose entre humanos y tratando de comportarse como ellos, la mirada le descubre su exterior y su interior, y opta por parecerse a lo que mata en vez de seguir exterminando. Ese ojo se interroga desde su conversación con los espejos, bajo la piel (título de la película) se esconde lo que se rechaza, pero nadie lo sabe, se querría ser lo que se aparenta y no lo que la naturaleza te ha dado, pero precisamente ese intento de convertirse en algo distinto debilita al extraterrestre y le hace vulnerable, por un lado la imposibilidad de mantener relaciones sexuales, bien por un defecto de fabricación o por ignorancia, y por otro su soledad, encaminan a nuestro extraterrestre carnal a su desaparición.
 
 

La parábola de la soledad como peligro es demasiado evidente, y la falta de discurso coherente igualmente, si el director ha optado por no contarnos nada más que lo que vemos, tenemos el derecho a decir que apenas si nos ha contado nada y que lo que imaginamos carece de interés, y si pretendió lanzar señales para que entendiéramos otra cosa ha fracasado estrepitosamente. Como los hombres que desaparecen en pantalla, muchos espectadores verán la película atraídos por el cuerpo desnudo y real de Scarlett, escasa justificación para ver la historia, y al final uno piensa que bajo la etiqueta de “qualité” visual, en el fondo estamos más ante un producto de mercadotecnia fallido pensando en recaudaciones provocadas por un cuerpo desnudo más que por la voluntad real de contar historias sugerentes.