domingo, 6 de julio de 2014

SAINT LAURENT (Jalil Lespert, 2014)


 

 
Reconozco que me pongo a ver esta película con relativo prejuicio, el derivado de la absoluta indiferencia que me produce el personaje e intrigado por ese magnetismo publicitario que rodea a determinados nombres ligados al mundo de la moda, tratados como los nuevos Leonardos, Rafaeles o Buonarotis del presunto arte de realzar la belleza femenina pero este desfile de moda se convierte en una pantomima cinematográfica no se sabe a mayor gloria de quién ni para qué, sobre todo para qué.
 

Este “Saint Laurent” rebosa de estética y esteticismo, pero “Saint Laurent” carece de todo lo demás, está huérfana de sentido, de sensibilidad, de historia y de personajes. Un “biopic” a la francesa ha de tener un toque de calidad que le diferencie del retrato “made yourself” del héroe americano de turno, pero si la película no me dijera que es 1962 o 1976 apenas notaría la diferencia porque no vislumbramos ni un solo cambio existencial o psicológico ni en Yves ni en su guardaespaldas, amante, marido eterno, que es Pierre Bergé.
 
 

Cuando el mito sigue vivo, la herencia permanece, los albaceas y fideicomisarios persisten ojo a vizor, supongo que hacer una visión opaca, ambivalente o negativa, de un personaje ha de ser complicado, pero claro, para ello hay que tener la voluntad de cuestionar el molde, y si, como parece, no hay intención de cuestionar sino mostrar al mundo lo sensible, lo artístico, lo vulnerable (y voluble) que era el diseñador, todo lo demás sobra y se trataría más de la película que a uno le gustaría ver que la que ha tenido que ver. La forma en como despacha mayo del 68 la película es un reflejo de la profundidad de la misma o, lo que es peor, del propio personaje. La misma profundidad con la que se trata el tema argelino o la negativa de Saint Laurent a alistarse al llamamiento militar, alegando una enfermedad psíquica que hasta ese momento no hemos visto por ningún lugar, no interesa lo escabroso o poliédrico del personaje, estamos por y para la moda, para vender y obtener el aplauso fácil.
 

Si alguien dice “convencional”, se hará una idea aproximada del tipo de cine que representa “Saint Laurent” y la forma del relato, en las antípodas del riesgo y de la experimentación, pero resulta todo tan vacío, tan vacuo, tan inane, tan poco melodramático ese enamoramiento de la modelo, tan poco sórdidas sus escapadas a los muelles del Sena, tan huérfano de contenido el porqué de su refugio en Marruecos (y no tengo que ser mal pensado), tan opaca su enfermedad, tan reiteradas sus fiestas y abusos, tan incomprensible esa relación de décadas plagada de infidelidades sin causa, tan esquemática su mala relación con su madre, tan apenas trabajada, como si se tratara de los bosquejos iniciales de los propios diseños del artista, su carga psicológica arrastrada desde la adolescencia cuando descubre su identidad sexual que, aparte de un reiterado catálogo de modas, un sinfín de desfiles de temporada con la omnipresente y manida selección de óperas a lo Callas, que acaban con el consabido aplauso general y la emoción de toda la troupe que rodea al “creador” que, otra vez más, y van unas cuantas en las últimas semanas, las miradas al reloj van creciendo cuanto más se acerca el final, un final en el que se opta por la elipsis desde 1976 hasta 2008……muchos años para pretender entender algo de un personaje del que, además, se ofrece muy poca información.
 
 

Supongo que para enamorad@s de la moda la película será algo así como enfrentarse a un catálogo viviente de la colección de un mito, me cuesta entrar en ese juego y mucho menos en una película que no plantea ningún reto, ni visual ni formal, lo que yo digo un bluff, una película absolutamente prescindible.