viernes, 18 de julio de 2014

Judge Priest- The sun shines bright (John Ford, 1934 y 1953)


 
JUDGE PRIEST.- THE SUN SHINES BRIGHT (John Ford 1934-1953)

EL JUEZ PRIEST.- EL SOL SIEMPRE BRILLA EN KENTUCKY
 


Los jueces no solemos caer simpáticos, ni se nos conoce como personas accesibles o agradables, también se nos achaca vivir fuera de la realidad encerrados en una burbuja de funcionarios de élite más preocupados de la coma de un texto que del sentido humano del mismo. Partimos con una clara desventaja, al menos la mitad de las personas que pisan una sala de juicios va a salir descontenta con el resultado, e incluso en ocasiones conseguimos que ese descontento alcance al 100 % de intervinientes. Como compañero de profesión de Billy Priest me reconforta ver en pantalla a jueces socarrones, humanos, flexibles con la ley ante el débil, despreocupados de su imagen y, ante todo, honrados y moralmente irreprochables. Normalmente la imagen del juez en una pantalla de cine suele ser episódica, figurativa, intrascendente, todo lo contrario de lo que ocurre en estas dos películas de John Ford (“soy John Ford y hago películas del oeste” era su carta de presentación), cuando no absolutamente alejada de la realidad, y para ello baste ver las pocas ocasiones en que el cine o la televisión españolas han utilizado algún juez o juzgado en sus tramas, incurriendo en errores de documentación notables, seguramente pensando que retratar el trabajo de un juez o de un juicio en  España es antifílmico y hay que americanizarlo un tanto para que resulte atractivo (me acuerdo ahora de la sobresaliente “No habrá paz para los malvados” donde el trabajo de la juez de instrucción, si guardaba algún parecido con el trabajo diario de un juez en España era pura coincidencia).
 
 


Obviando esta digresión, estas dos películas son como Río Bravo y Eldorado para la filmografía de Howard Hawks, obviamente sin la mitificación de estas últimas, entiendo sobre todo por el anonimato de sus intérpretes en comparación con John Wayne, Dean Martin, Robert Mitchum, Walter Brennan, Angie Dickinson……pero nos encontramos ante la misma película que no es la misma película, lugar, personajes, ambientación, sureños frente a unionistas…….todo está presente en ambas películas, la historia de amor entre jóvenes de clases sociales diferentes, la lucha electoral por la reelección del juez del condado entre nuestro Billy Priest y el estirado y presumiblemente corrupto fiscal, pero entre una y otra hay variantes sutiles que cambian la orientación del mensaje y del fondo del mismo con apenas 20 años de distancia entre una y otra.
 
 
 
 


En “El juez Priest” lo fundamental es el juicio a un inocente en el que el juez tiene que abstenerse por haber salido en defensa pública del acusado en un incidente previo, algo que, inicialmente merma su consideración ante el electorado, en “El sol siempre brilla en Kentucky” ronda el fantasma del racismo que obliga al juez a enfrentarse con sus votantes el día antes de la reelección, prefiriendo actuar conforme a su honradez y en defensa de los principios constitucionales a consentir un linchamiento por simples sospechas, en ambos casos la reelección queda comprometida como juez al actuar en contra del sentir mayoritario de la población, planteándose la disyuntiva sobre si el fin justifica los medios, si el ejercicio de un cargo público lleva aparejado decir que no a tus gobernados o hacerles ver que pueden equivocarse.
 
 
 
 


En “El sol……”, aclarado el crimen y celebrándose la noche electoral, el grupo de votantes decisivos desfilan por la población bajo una pancarta “gracias Juez Priest, nos salvaste de nosotros mismos”, mensaje revelador cuando la masa se comporta normalmente como un ente irracional dejándose llevar por los intereses de una minoría aprovechada. El juicio de “Judge Priest” sirve para tocar la fibra sensible del espectador, para alejarle de prejuicios y analizar humanamente las razones por las que una persona puede haber visto destruido su futuro por razones ajenas a él mismo. En “Juez Priest” se revela la identidad del padre de la joven a lo largo del juicio y se produce el encuentro, en “El sol…..”, la joven descubre su origen y las razones del silencio generalizado de un pueblo que no quiere recordar quién es la madre y porqué se oculta, produciéndose el reencuentro final entre nieta y abuelo tras un breve y vibrante discurso del juez en el funeral de la desdichada madre cuyo único error fue tener una hija fuera del matrimonio, claro que estamos en la década de los 70 del siglo XIX pero tampoco hace tanto (y siguen existiendo lugares y zonas donde permanece) que este país aceptó con normalidad una situación tan natural.





 
 

Y la rivalidad Norte-Sur se mantiene en ambas películas, los derrotados confederados que observan cómo poco a poco las costumbres y los cargos públicos van siendo ocupados por los unionistas, pero en “El sol….” el sentido del humor corroe el escaso rencor que pueda permanecer entre ambos bandos, ambos se reconocen como norteamericanos, como defensores de la constitución una vez existente la reconciliación, los roces no pasarán más allá del robo de alguna bandera o de utilizar un gesto honroso como “prestar” la bandera a los unionistas para que puedan hacer su reunión para dar un mítin bajo el parlamento de “esta noche no hay lugar para la política………pero recuerden que mañana son las elecciones”. Si que es verdad que en ambas películas la gente de raza negra aparece retratada con condescendencia, desde el criado aparentemente discapacitado hasta el resto de personas que sólo salen cantando, bailando o interpretando música.
 

 
 
 
 

Como ese necesario trago de whiski mañanero, imprescindible para poner en marcha la maquinaria del juez, el dixie suena y resuena por las calles de esta ciudad de Kentucky, no hay razones para avergonzarse de la derrota, nuestro juez Priest de 1934 vive aquejado por el recuerdo de una mujer y unos hijos ausentes, el de 1953 aparenta bonhomía, tranquilidad, salud frágil cuidada a base de destilados y un permanente recuerdo de las causas sureñas y en camaradería permanente con sus viejos compañeros de unidad, y si hay que tocar el dixie en la sala de vistas se toca con corneta, aunque proteste el fiscal, ambas películas se cierran con un toque nostálgico y melancólico extremadamente bello después de un apoteosis festivo, pero el final de “El sol….” nos obliga a pensar en la película rodada en 1956, “The searchers”, cuando Ethan nos abandona dándonos la espalda enmarcado por el vano de una puerta, así nos deja el juez Billy Priest.
  
 


Y por cierto, en ambas películas sale el hermano de John, Francis Ford, en ambas es un borrachín, en la primera forma parte del jurado y su obsesión es alcanzar la escupidera de tabaco desde el estrado pese a los intentos del alguacil de impedir la hazaña, siempre culminada con éxito, en la segunda es un trampero a lo David Crockett permanentemente acompañado por una frasca de whiski, frasca que rescata a Billy Priest y su equipo en el tedioso baile anual organizado por las mujeres de la liga antialcohólica, porque nada mejor que añadir unas gotas de elixir a la aburrida limonada “ultracentrista”. Tan simple como una película de Ford y tan complejo como una película de Ford, multiplicado por dos, pues dos son las películas que conforman una unidad diferenciada por los matices. Otras dos grandes pequeñas muestras del saber fordiano, ese que dice que lo único que hacía era rodar porque del montaje nunca se ocupaba, si es verdad o no me da lo mismo porque los resultados son excelentes en su cine.