jueves, 24 de julio de 2014

DOCTOR BULL (John Ford, 1933)


 
Jean Luc Godard: ¿qué fue lo que le llevó a Hollywood?

John Ford: Un tren.
 
 

En el cine de John  Ford hay grandes gestas, obras inmensas, personalidades poliédricas, almas atormentadas, rufianes generosos y muchos ciudadanos bondadosos y atemorizados. No hay pocos héroes en sus películas, y la pregunta es ¿ de verdad necesitamos héroes? Ha de ser así, necesitamos el referente de moralidad y libertad suficiente para no perder toda esperanza en la humanidad, y es difícil. Normalmente los héroes son los más miedosos, pero por ello los más valientes, porque son conscientes del riesgo que corren.
 
 

El Dr. Bull, un tipo simpático, campechano, cercano, de vuelta de muchas cosas, no es consciente de que, en una sociedad cerrada como la del oeste americano, no es tan importante tu trabajo y tu saber como tu forma de comportarse. Los adalides de la falsa moralidad, tan en boga siempre, no dudarán en cuestionar los comportamientos de Doc Bull por visitar a una amiga viuda todas las tardes. El runrún del murmullo, del cotilleo, de la calumnia (la calumnia e un venticello, decía la ópera) no afectará al médico, confiado en que ha curado a medio pueblo y ha traído al mundo al otro medio, pero el poder siempre encuentra el resquicio para intentar eliminar a quien nada contracorriente, y eso le pasará a nuestro doctor tras la muerte de una joven a la que una acumulación de asistencias y desdichas impide atender, y tras descubrir que el pueblo hay una epidemia de tifus.
 
 

El poder es tan caprichoso y mentiroso que intentará responsabilizar al médico de la epidemia por no inspeccionar los acuíferos, como si ahora culpáramos a los médicos de un descenso de la esperanza de vida o a los profesores de la ignorancia de sus alumnos. Estamos ante una película ecologista de John  Ford, de manera sutil, pequeña como pequeña es la película, pero ya en 1933, y ambientada a finales del XIX, la obra original, nos empieza a hablar de cómo la ambición humana acabará con las condiciones de vida saludables. La cantidad de pesticidas, de metales pesados, de productos de laboratorio procedentes de todos los Monsantos del planeta, que el cuerpo humano alberga en su interior es digno de una revolución mundial, pero siendo como somos, preferimos morir envenenados poco a poco que sanos sin fruta de apariencia perfecta todos los días, o sin peces de frescura indudable pero de sabor indefinido.
 
 

Doc Bull es el típico médico de pueblo, el médico de atención primaria, el que sabe discernir lo grave de lo leve, lo urgente de lo imaginario, lo físico de lo somático, cura cuerpos y puede curar almas, obviamente su final ha de ser feliz, estamos ante una comedia, no ante un drama de Ibsen, la confianza de sus vecinos se recupera fácilmente, ya sabemos que la memoria es quebradiza y frágil, seguro que ahora nadie reconoce haber votado a Fabra o a los centenares de políticos condenados, imputados, acusados por corrupción, pero los males de la sociedad sólo los remedia la misma sociedad que los crea o los consiente. Para eso necesitamos héroes de vez en cuando, para que nos recuerden que las cosas no tienen por qué ser así, que los accidentes y las catástrofes ocurren y son imprevisibles, pero que cuando tienen origen en una orden política se acercan mucho a la responsabilidad penal, por eso cuando sale un héroe en una sociedad enferma, antes de intentar extirparle por ser antisistema, analicemos cuanto de verdad está diciendo, no sea que lo que no queremos oir son nuestros propios defectos.
 
 

No me extenderé sobre la película, que gente como Godard o Straub hayan hablado de ella dice mucho a su favor, siendo ligera aporta cargas de profundidad en abundancia sobre el modo de ser de la gente, sobre la naturaleza humana, sobre la ambición, la intolerancia, también apunta ideas para películas posteriores, incluso esos planos ferroviarios que recuerdan a El hombre que mató a Liberty Valance, o una saca de correo arrojada desde un tren del que nunca desciende nadie, porque ¿quién decidiría ir a vivir a este pueblo? Pues alguien con el arrojo de Will Rogers y su Doc Bull.
 

«Lo importante es que Ford no tiene estilo. ¿Qué tienen en común Tres hombres malos (1926) y las películas de Will Rogers, en especial mi favorita, la magnífica Doctor Bull, que compila la totalidad del neorrealismo? Cuando se ve la forma en que la película sitúa una pequeña ciudad de provincias: el tren que llega, la saca del correo en el andén, la chica que recoge el correo... Sólo entiendes el porqué una hora más tarde. Toda la sección del planteamiento es completamente documental.» (Jean Marie Straub, Cahiers de Cinema España, nº 5)
https://www.youtube.com/watch?v=2iJ3FoUeEy4