lunes, 21 de julio de 2014

CUENTO DE VERANO ( Eric Rohmer, 1996)


 


Comedias y proverbios, Cuentos morales, Cuentos de las cuatro estaciones….. Rohmer fue reuniendo sus obras más emblemáticas en una especie de cuadernos fílmicos donde sus narraciones encontraban acomodo argumental, o estilístico, o meramente cronológico, el cine de Rohmer es un cine de contemplación y de ver pasar la vida, alguien dijo que era como ver crecer la hierba, con un evidente matiz despectivo y de haberse aburrido, pero es que yo debo ser un tipo aburrido, contemplativo, o simplemente no me gusta ser hombre de acción y las historias sentimentales, que no románticas, me interesan, sobre todo si se cuentan con inteligencia y sentido.
 
 
 


No puede decirse que Rohmer sea un director de “verano”, aunque muchas de sus películas hayan escogido esta estación o ambientaciones vacacionales para su desarrollo, en su dilatada cinematografía hay espacio para el buen y el mal tiempo, pero, ¿quién no se acuerda de Pauline en aquella playa con una espectacular Arielle Dombasle? ¿y aquella rodilla que perturbaba al protagonista de Le genou de Claire? o la piscina veraniega parisina de La collectionneuse, o el paisaje marino de “Le rayon vert”…….y ¿porqué no ese verano bretón de Gaspard?
 
 
 


Melvil Poupaud es Gaspard, un muchacho con una mochila y una guitarra que aparece en un fresco verano bretón a mediados de julio con intención de quedarse hasta mediados de agosto. Dinard, Saint Malo, el mar y la soledad. La película arranca con la morosidad propia del estilo rohmeriano, un joven solitario en un lugar de vacaciones y con apariencia de permanecer varado esperando que algo ocurra, “l,habitude du hazard” se dirá en un momento del relato, una imagen de hombre sin formar, sin saber muy bien qué hacer, yendo de un lado a otro, comiendo solo, esperando pero sin revelársenos el qué, ¿busca inspiración, espera a alguien, simplemente espera la ocasión para el rollito veraniego?
 
 


Por azar, estamos en el cine de Rohmer, una joven se interesa por esa figura lánguida y melancólica, por ese chico atractivo y solitario que acude a comer al restaurante familiar, es Margot, otra joven sensible pero de ideas más claras que Gaspard. Gaspard revela que espera la llegada de su enamorada, la suya, porque desde un principio aventuramos que su relación con Lena es complicada y no es lo que él querría, es un encuentro sin cita fija y sin compromiso, en algún momento sabe que se van a encontrar por la zona, y el encuentro azaroso hará más feliz y emocionante el reencuentro. Margot coquetea con Gaspard en largos paseos por el campo y por la costa, (atención a la escena de la rodilla con Gaspard en segundo plano, Claire ha resucitado unos cuantos años después) alejados del bullicio turístico de la población costera, las largas conversaciones de Gaspard irán revelando la inconsistencia de su discurso, variable según sople el viento, como alguno de los barcos que salen en imágenes Gaspard puede ser un romántico desesperado por no atraer a las mujeres, aparentar una fidelidad al extremo a la idea del amor por Lena pero no desdeñar el intento de llegar a algo más con Margot, y, desde luego, con Soléne.
 
 
 


Gaspard, como Léna, se hacen antipáticos según avanza la historia precisamente por su ir y venir, por decir una cosa y hacer otra, aunque comprendamos a Gaspard y menos a Léna, cuanto más voluble se vuelve el comportamiento de Gaspard más nos gusta la forma de ser de Margot y de Soléne, estas dos son totalmente contrapuestas pero ambas son igualmente fuertes. Que la película derive, o parezca, derivar hacia el vodevil porque al final, Gaspard ofrece a las tres chicas ir a pasar unos días a Ouessant y todas digan que si, no debe hacernos olvidar que no estamos ante una comedia, sino ante un drama, la de tantos y tantos que ni comen ni dejan comer, la de aquellos que quieren jugar a las cartas manteniendo una baraja de repuesto, la del que ama a una pero quiere tener alguna otra en el almacén por si la primera falla o no cumple las expectativas, Gaspard afirma “no consigo nada en lo que no crea firmemente”, y si esta frase es dicha como advertencia, al final de la película, el azar salva a Gaspard de tener que escoger entre las tres, quizás porque en quien no cree es en si mismo, y ello sólo servirá para que Gaspard se sienta interiormente liberado de la responsabilidad como si ya no fuera decisión suya, pero en el fondo su indecisión y su juego a tres bandas permanece inalterado.
 
 
 


Como le dice Margot cuando estalla ante tanta falta de compromiso “o sea, que soy la sustituta de la sustituta” al ofrecerle ir a Ouessant en vez de ir con la fallida Léna o con la temperamental Soléne, Gaspard intenta mantenerse a flote en medio de las tormentas, se hace la víctima ante la falta de atención que recibe, se siente desconsoladamente enamorado hablando de Léna con Margot, pero teniendo a Léna delante tampoco es sincero, como no lo es delante de Soléne, a quien identifica como la posibilidad de tener sexo cuando Léna no llega al pueblo en las fechas previstas, una sustitución deseable para unos días sin compromiso.
 
 
 


Cuando Gaspard ha de comprometerse decepciona a todas, pero en ese juego también tiene ayuda, Léna es como él, sólo Margot ha captado la personalidad de Gaspard y el doble juego que mantiene en su interior, la autocomplacencia que inspira su comportamiento y lo fácilmente que encuentra excusas en el miedo que le proporcionan las mujeres, en el miedo al ridículo, el miedo al grupo, o a que hace cosas porque los demás le empujan a ello, como culpar a Margot de enrrollarse con Soléne porque ella se lo insinuó. Margot es el personaje más íntegro de la película, quiere conocer a ese chico interesante y deja las cosas claras desde el principio, Gaspard se aferra a ella mientras no tiene otra mujer cerca que le ofrezca algo más, Gaspard no es un luchador sino que sólo quiere lo fácil y sin luchas, “ es más fácil ser uno mismo con una amiga que con una enamorada, no hay que disimular”, el problema de Gaspard es que no llega a entender y comprender quién es amiga y quién es enamorada, incluso si él está enamorado de alguna de las tres chicas, y por ello también disimula delante de Margot, porque no desdeña la oportunidad de tener un romance veraniego con Margot si Lena no aparece finalmente.

 
 
 


Cuando Gaspard vuelva a Rennes y haga balance podrá decir que se pudo acostar con tres chicas y por su exclusiva falta de arrojo o exceso de cálculo, o por pensar demasiado en las cosas en vez de dejarse llevar, no se acostó con ninguna ni ninguna le va a esperar el verano que viene, conociendo a Gaspard como si fuera mi hermano gemelo diría que incluso se lamentará de su mala suerte, de su torpeza con las mujeres y del escaso interés que despierta en el sexo opuesto. Quizás cuando pasados los 40 piense en sus vacaciones de los 20 se tire de los pelos, si es que le quedan, y se dará cuenta de lo estúpido que fue, que juventud solo hay una y oportunidad pasada, oportunidad perdida. El verano, la playa, el calor, desinhiben, pero mucho me temo que Gaspard es así en verano y en invierno, en la playa y en el frío invernal. Ni Gaspard es tan original ni Margot es tan excepcional, en mi vida he conocido a unos cuantos Gaspard y a no pocas Margot, siempre da esperanza que, al menos uno de los dos sexos, sea el inteligente.