miércoles, 9 de julio de 2014

CIUTAT MORTA (Xavier Artigas, Xapo Ortega, 2014)







Tras ver este documental me interesó comprobar, dentro de lo comprobable, si la sensación de manipulación, de medias verdades, de narración interesada que había sentido viendo la misma era meramente subjetiva o podía ampararse en algún dato contrastable. El 4 de febrero de 2006 tuvo lugar un altercado con enfrentamientos entre ocupantes de un edificio y asistentes a una fiesta “alegal” que se celebraba en su interior, con la policía en Barcelona, que amén del rosario de desperfectos, pequeñas lesiones, cargas policiales, detenciones, dejó a un agente en estado de coma vegetativo para el resto de sus días. El documental trata de demostrar que todo fue un montaje policial, posteriormente político y un prejuicio judicial para condenar a un grupo de personas por su aspecto estético (más de los que se habla en el documental) ante la imposibilidad de saber quién fue el verdadero autor de la agresión fatal y el mecanismo que la produjo.
 
 


En este orden de cosas el documental aparenta loable en su objetivo y en su propósito, soy de los que opinan que el cine ha de salir a la calle y usarse como elemento de denuncia, si cabe, ahora más que nunca cuando se vende la palabra democracia a un precio muy barato, y de tanto hablar y manosear las palabras libertad y constitución su alcance real es muy limitado y ambas están en peligro constante y en clara defenestración. Por eso es conveniente huir de los dogmas, de las verdades inmutables, de lo supuesto y lo presunto a partir de categorías mentales preestablecidas, y me enfrento a los testimonios que aparecen en pantalla con absoluta mente abierta, tanta como el desconocimiento que tenía de los hechos y su resultado final.
 
 

Que hay policías mentirosos me consta, que hay connivencia  en tapar determinados excesos también, que de vez en cuando alguna sentencia puede probar un abuso policial es cierto, tan cierto como tienen que existir malos jueces y hasta jueces corruptos, incluso cabe que todas estas variantes se den en un solo supuesto para crear la tormenta perfecta contra un acusado. No voy a sostener la infalibilidad del sistema porque éste depende de personas, y las personas, incluso sin interés, se equivocan. También llevo ya los suficientes años poniendo sentencias como para saber que la verdad puede distar mucho de lo que se recoge en una sentencia porque las pruebas dependen, en muchas ocasiones, de la subjetividad del testimonio prestado, de la habilidad de las personas para mentir delante de un juez, de una serie de datos o detalles que nadie cuenta o cuenta tergiversadamente, por eso siempre digo que las sentencias no son reflejo de ninguna verdad material, sino de la verdad que se ha probado en el juicio, dimensiones que sería estupendo que coincidieran pero que es muy probable que concurran pocas veces cuando todo depende de testigos, como en Rashomon, cuantos más testigos tengas en un juicio más versiones distintas oirás sobre lo sucedido.
 
 


Por todo ello, considerando necesario cine como el de “Ciutat morta”, me repele la forma y el contenido mutilado que se ofrece al espectador. No voy a recomendar leer sentencias, algo muy aburrido incluso para los profesionales de este mundo, pero no puede plantearse una película criticando al sistema y al tiempo cometiendo los mismos errores que se quieren criticar, el fundamental, ofrecer una versión mutilada, parcial, periférica, prejuzgada de todo lo que sucedió. Se toma un punto de partida sin demostrar, como es la inocencia de unas personas condenadas, para aportar una serie de testimonios de personas muy convincentes en cámara pero que no se encontraban en el lugar de los hechos. Incluso partiendo de que la declaración de los dos jóvenes condenados a penas cercanas a los cinco años de prisión fuera cierto, que no fueron los culpables, la forma de presentar el material es tan desacertada, salvo que, precisamente se dirija a público adicto y acrítico, que las preguntas surgen en cascada. ¿Dónde están el resto de acusados? ¿dónde está el testimonio, o si estos no han querido aparecer, lo que se aportó al juicio por quienes sostuvieron versiones distintas a las de los acusados y amigos de estos y no eran policías? ¿quien miente una vez miente ciento, como se insinúa con los policías? ¿si fueron tan brutalmente agredidos en custodia policial, qué pasó al día siguiente en el juzgado, no fueron vistos por el forense? ¿por qué se da por hecho que dos de los acusados no estaban en el lugar y sus lesiones eran producto de una caída de bicicleta y no de las porras policiales y se oculta que los forenses dijeron que su caída era incompatible con  una caída de bicicleta, que cambiaron tres veces de versión sobre el lugar en el que cayeron, que no podía caer uno a la izquierda y otro a la derecha al mismo tiempo, que nunca se subió una bicicleta a la ambulancia como dice el documental y negó el conductor de la ambulancia? ¿Por qué sólo se recoge la declaración de un forense particular y se omiten las razones por las que la sentencia razona que las lesiones del agente no se pueden producir con una maceta caída desde la altura porque exigiría que el agente estuviera agachado y con la cabeza hacia delante y todo el mundo dice que estaba erguido? ¿por qué se dice que los jueces no hicieron caso al informe forense y oculta que hubo más de un informe y que el exculpatorio era pagado por la defensa mientras el relevante era el de los médicos forenses del juzgado? ¿por qué se dice que el agente no tenía lesiones en la frente producto del impacto de una piedra cuando los forenses afirman lo contrario y eso derrumba la teoría del forense privado? ¿por qué quien es presentada como víctima inocente ingresó en la cuenta del juzgado el importe de la indemnización que le correspondía antes del juicio y para que se entregara a un policía si no se consideraba culpable?.....el listado de manipulaciones o medias verdades sería infinito, entran más en lo jurídico que en lo fílmico, pero las enumero someramente porque el documental hace muy flaco favor a la causa que quiere defender.
 
 


Las grandes mentiras pueden producir grandes películas, incluso el cine es el arte del engaño, del truco, de la ficción, pero algo rompe el engranaje cuando el espectador nota las costuras, cuando dejas avanzar el metraje esperando la sombra de la duda, la honestidad del narrador ofreciendo las dos versiones, la posibilidad de confrontar blanco y negro, el beneficio intelectual saludable de no dar por probado nada ni de partir de una tesis indemostrada para justificar las propias hipótesis interesadas y eso no ocurre. Y es una pena, porque quizás lo que cuenta la película es verdad, quizás todo fue un error judicial soportado sobre un montaje policial, lo que ocurre es que, si la película me obliga a buscar otras fuentes de información es porque la película no está bien hecha, puede estar bien contada, pero como un slogan político, oculta una parte, y no pequeña, de lo que no interesa decir, y en ese momento el documento se transforma en algo panfletario, con momentos muy logrados de lirismo, de performances artísticas, relatos poéticos con notable sentimiento y verdad en su interior, pero todo ello empañado por la parcialidad del propósito. Necesario si, de esta manera no.