viernes, 25 de julio de 2014

CINE DE GARRAFÓN


CINE DE GARRAFÓN



The exam (2011), La hora cero (2010), Pelo Malo (2013)

 Hay que ser sincero, quizás el título del comentario no corresponda a la realidad de las tres películas, pero si que confirma esa teoría de la falsa calidad del cine actual por el solo hecho de ser moderno, reflexivo, social, histórico…..y al final no es más que un grupo de imágenes con poco alma y menor sentimiento. Como ese vino que, sin que uno haya leído tratados de enología, se sabe que es bueno cuando lleva muchos decilitros destilados en el hígado con un simple olfateo de la copa recién abierta la botella, para poder degustar gran  cine, muchas veces hay que haber pasado por un purgatorio bien grande, el de ver diez películas para recomendar una, así que hoy que me he levantado iconoclasta y cabreado oyendo a un ministro por la radio, me he dicho que iba a cambiar mi habitual forma de recomendar cine para recomendar que no se vean tres películas, o que conste, al menos, que no encuentro razón de ser para la existencia de estas tres obras más que porque viendo mal cine uno puede aspirar a apreciar mucho más el buen cine y el cine grande.
 

THE EXAM (Peter Bergendy, 2011). De todas las películas quiero destacar algo positivo, aunque lo que prima es lo negativo, de ésta afirmaré que me gustan los golpes de guión, claro que, eso suele ser fácil y también es de tahúr, porque inicialmente la solución final te puede impactar al cambiar totalmente la perspectiva y la deriva que la historia venía siguiendo, pero cuando rascas un poco te encuentras la falacia enorme que encierra esta película de corte historicista. Budapest 1957, en plena represión post revolución 1956, el gobierno húngaro se encuentra en plena fase de depuración de su administración, incluidos sus policías y sus agentes secretos. De eso va un tanto esta película, de cómo se vigilaba a los agentes y se les sometía a exámenes en situaciones extremas para comprobar su compromiso inquebrantable con el régimen comunista. Las lacras son enormes, esa ambientación tan cuidada que revela demasiada limpieza, demasiada modernidad, incluso los desconchones de las paredes parecen nuevos, jugando a la estela de La vida de los otros, queda más en telefilme de sobremesa que en cine, el consabido rollo entre espías, el espía que parece jugar a dos bandas, el jefe generoso que cae en la trampa y el machacón uso de una banda sonora de “intriga” que termina machacando los tímpanos. Un rollo con todas las de la ley.
 

LA HORA CERO (Diego Velasco, 2010) Cine de Venezuela, que es tanto decir como que estamos ante un producto de nula o escasa difusión fuera del país, y que se ambienta en la Caracas de 1996 como si la corrupción, el paro, la ultraviolencia pandillera, los amaños policiales, la prensa vendida y demás miserias cotidianas hubieran desaparecido con el compañero Hugo. Demasiada sangre gratuita, demasiada situación forzada, demasiado cliché policial, político, pandillero. Tiempo para redenciones, flash backs infantiles contándonos el origen de “La Parca” y la chica amada, pequeños retazos donde se advierte porqué uno no salió del barrio sin ley y otra mejoró a costa de pasar a la cama del político. Final gacetillero y demasiada mitificación de un sicario. Ni interés, ni tensión, a favor que refleja el grado de mezquindad a que llegan medios de comunicación en connivencia con la política y la inoperancia de dejar el mando policial a cargo de personas que sólo piensan en medrar y en su puesto sin tener ni idea de lo que es el orden público, en contra todo lo demás.
 

PELO MALO (Mariana Rondón, 2013) Me duele incluir esta película en el mismo grupo, pero resulta incomprensible que un festival de categoría A como San Sebastian premie esta película como lo mejor de su selección oficial, pues hace muy flaco favor al resto de películas exhibidas a competición como si fueran de peor calidad o interés que ésta. También es Venezuela y Caracas la que sale en pantalla. Pelo Malo es una película de la mirada, la de un niño y una madre que escrutan una realidad que no les gusta y de la que quieran escapar, uno siendo diferente, alisándose el pelo y cantando, otra pensando en ganar dinero y salir de ese agujero donde las mafias controlan todo lo que se mueve y donde la policía ni entra a poner orden. Pero el temor de esa madre a que su hijo sea “marico”, por más que resulte admisible, termina siendo incoherente, como lo es el hecho de que no lo quiera y busque la excusa perfecta para desprenderse de él. En Pelo Malo advertimos la dureza de mirar para no encontrar respuestas, de acostarte con el jefe para recuperar tu trabajo mientras tu hijo observa tu comportamiento. En Pelo Malo es demasiado evidente el papel de víctima infantil, pero quisiéramos saber el porqué, porqué ese odio a un menor, porqué esa madre perdió el trabajo por no controlar su violencia, cuál era ese origen que acabó con el padre del chico, porque al final predomina la anécdota del niño que no quiere tener el pelo rizado y se olvida lo importante, el ambiente, la mezcla de religión y política populista, con un ojo mirando al Ché y con otro a la virgen, el intento de adoctrinamiento y de uniformidad de la ciudadanía desde el mismo colegio, una lástima, porque lo importante es lo que no se nos quiere enseñar abiertamente y lo que se cuenta es anecdótico y previsible.