jueves, 19 de junio de 2014

THE GREEN WAVE (Ali Samadi, 2011) 5 CÁMARAS ROTAS (Emad Burnat y Guy Davidi, 2011)





 
 
 
 
Oriente Próximo y Oriente Medio, dos regiones potencialmente ricas por el petróleo y el gas y donde la pobreza se instala en amplios estratos de la sociedad. Regiones gobernadas teocráticamente en muchos de sus paises, en otros con monarquías totalitarias en el poder, en la mayoría dictaduras con vestimentas democráticas, escenario de campos de operaciones donde occidente no hace más que equivocarse sustentando, como dijo Kissinger, y anteriormente Roosevelt, a auténticos hijos de puta pero que “son nuestros hijos de puta”, provocando la alimentación y proliferación de extremismos violentos de raigambre religiosa que se extienden como el aceite sobre el agua, habiendo abandonado las inaccesibles montañas de Pakistán o Afganistán, dominando la práctica totalidad del Magreb, orientando su expansión hacia el África negra a la espera de alcanzar mayor implantación en Asia.
 
 


Irán, Israel y Palestina son tres de los escenarios y protagonistas principales de esta guerra de religiones y de influencias, y son los tres paises protagonistas de estos dos documentales, publicados en el mismo año y que responden a un momento temporal similar, el Irán de 2008 y la Cisjordania del periodo 2003-2009, con realidades y objetivos muy distintos pero que, con la simpleza de una cámara y una calle ofrecen más verdad que cualquier telediario de nuestra maltrecha libertad de información y prensa.
 
 


Que Israel sea una democracia nadie lo duda, el problema es cuando esa democracia no se aplica a todos los ciudadanos por igual, y unos pasan a ser súbditos sojuzgados y la mayoría opresores. Que las franjas de Gaza y Cisjordania se han convertido en modernos guettos del s.XXI sujetos al abuso de autoridad militar y al capricho y voluntad del mando de turno es evidente, no hay como ofrecer barra libre para que el peor de nuestros instintos animales se desarrolle. En “5 cámaras rotas” con video cámaras domésticas, que según van rompiéndose van mejorando, Emad Burnat filma de manera constante y a todas horas, como una especie de nueva terapia cognitiva y liberadora, Emad asiste a la creciente represión de una localidad palestina de la franja de Cisjordania, Bil,il, que de la noche a la mañana comprueba como la autoridad israelí decide ampliar un asentamiento de colonos, levantando una valla que separa a los palestinos de sus plantaciones de olivos y de sus caminos habituales. Emad empieza rodando como quien quiere dejar un retrato familiar pero pronto advierte el potencial de la imagen para reflejar la resistencia de un pueblo y las reacciones del opresor. De las cinco cámaras, 4 son rotas por actos violentos, una por un simple accidente de tráfico, otra por un manotazo de un militar israelí, otra por un colono judío y las dos últimas por disparo de bala del ejército. Se comprueba así, ya, el incremento represivo del poderoso, que no duda en usar armamento real y disparos de bala contra manifestantes sin armas, violencia contra resistencia activa y pasiva, y cuanto más crece la violencia del estado más crece el odio de los palestinos hacia los israelíes.
 
 
 


El documental, realizado con dinero israelí, y elaborado con la técnica del reportaje periodístico, podemos dudar sobre si lo que vemos es lo que realmente ha pasado, si no nos estarán ocultando la mitad de la realidad, si antes de que los soldados israelíes disparen no habrá habido riesgo para estos, pero, sinceramente, uno llega a la conclusión de que no hay ánimo de manipular, hay planos evidentes donde vemos asesinatos a sangre fría, disparos en las piernas a detenidos, detenciones nocturnas entrando en las casas de los palestinos de niños, y cuando digo niños estoy hablando de chicos de 10, 11 años introducidos en furgonetas militares y llevados a centros de interrogatorio, la guerra psicológica sin consecuencias, la impunidad del poderoso intentando atemorizar a la población. La cámara salva la vida a Emad en dos ocasiones, en una de ellas hasta llega a grabar el disparo que le alcanza y que destroza la cámara. Pocas cosas ponen tan nervioso al gobernante como la verdad, y la verdad de una imagen es difícil de ocultar, para ello hay que silenciar a los medios de comunicación, aunque esto también se consigue. El documental sigue el crecimiento del hijo menor del director, nace con las primeras decisiones de resistencia pacífica y enfrentamiento a la ocupación y acaba con un quinto cumpleaños donde ese niño ha perdido ya la inocencia, ha visto morir a amigos de su padre, el odio empieza a latir en su interior cada vez más fuerte, “¿porqué no matas con el cuchillo a los soldados?” esa pregunta encierra muchas de las respuestas de este documental.
 


Si “5 cámaras rotas” es el ejemplo del uso de la violencia en un estado aparentemente democrático contra parte de su población, población que utiliza los tribunales para ir ganando pequeñas batallas, “The green wave” es una obra clandestina, con dinero alemán y testimonios grabados en Alemania que recogen las impresiones de exiliados iraníes tras las matanzas de 2008 cuando Ahmadineyad  estuvo a punto de perder las elecciones presidenciales en Irán (de hecho las perdió, pero el resultado fue adulterado) y utiliza imágenes tipo de testimonio con entrevistas cara a cara, identidades ocultas en algunos casos, las imágenes de móviles o cámaras caseras tomadas por los ciudadanos en esos días y recreaciones animadas, del tipo Ari Folman en Vals con Bashir, donde se reproducen instantáneas llenas de horror y de brutalidad impropias de cualquier ser humano. La ola verde invadió las calles de Irán, sobre todo Teherán, la población, sobre todo las clases medias y las urbanas, sentían esas elecciones entre cinco candidatos del mismo partido, no podemos olvidar que Irán es un régimen teocrático donde la libertad, de por si, es bastante limitada, por no decir ausente, y esas elecciones de 2008 parecían permitir un cambio en la línea política del poder desde dentro del mismo poder cuando el candidato reformista Mousavi amenazó realmente con quitar el poder a Ahmadinejad. Las imágenes son elocuentes, mítines masivos, la gente en las calles a altas horas, muchachas sin velos bailando en la calzada, el espíritu de una libertad con esperanza de ser recobrada pero cercenada de cuajo el mismo dia de la elección, colegios cerrados antes de tiempo, ciudades donde votó más gente de la censada, papeletas del candidato opositor que se acabaron antes de terminar la votación, apagón informativo, declaración oficial de victoria de Ahmadinejad, detención de Mousavi, primeras protestas, primeros actos de brutalidad policial, primeros detenidos, primeros muertos, declaración de Jamenei cargando contra los “perdedores”, legitimando a Ahmadinejad y legitimando la violencia del estado para defender los principios y culpando a los manifestantes del resultado de las acciones policiales.
 
 
 


Todo se vuelve sórdido, brutal, despiadado, la policía carga en moto contra los manifestantes, los policías provistas de navajas agreden a los manifestantes desde las motos en marcha, policías desde las azoteas disparan con fuego real contra los manifestantes, brigadas de policía política se dedican a apalear manifestantes hasta la muerte, ejecuciones en comisarías, detenidos sacados a la fuerza de hospitales, violaciones de detenidos…….todo un catálogo de atropellos contra los derechos humanos donde una dictadura se convierte en una dictadura aún más cruel. De aquella ola verde que se extendió por los paises árabes ha quedado un resultado de libertad misérrimo, quizás Túnez sea el único país que ha conseguido progresar en derechos y libertades, pero Irán, Egipto, Libia, Siria, Argelia, Yemen….permanecen igual o peor que antes, con un verde manchado de rojo, y no por la estrella o la media luna de la bandera, sino por la sangre perdida de todos sus ciudadanos sometidos, vulnerados, oprimidos, eliminados. Todos ellos sin poder ser compensados. Los verdugos lo saben, saben que algún día tendrán que pagar por sus crímenes, por eso su violencia se vuelve más violenta, más implacable. Cuanto menor sea el número de testigos es posible que sólo tengan que asumir la culpa interna, pero no una hipotética condena de un tribunal de los vencedores, que supondría la muerte en un país islámico.