viernes, 9 de mayo de 2014

SNOWPIERCER (Bong Joon-ho, 2013)


SNOWPIERCER (Rompenieves, Bong Joon-ho, 2013)

Del cine coreano (del sur) me declaro entusiasta “seguidor” en la medida que este cine llega a nuestro país, vía pantalla grande (las menos de las veces), vía on line en plataformas digitales, vía dvd u otras vías inconfesables. Quemado y superado el efecto Kim Ki Duk, quien parece haber agotado toda su maestría desde Hierro 3, la pléyade de directores coreanos que regularmente nos ofrecen un cine de acción con sentido, estética, historia, ritmo y entusiasmo va engrosando. Park Chan Woo, Bong Joon-ho, Kim Jee-woon, Lee Chang Dong, Na-Hong Jin, Ryoo Seung-wan, Lee Jeon……..películas como Old boy, The chaser, Encontré el Diablo, Berlin Files, The yellow sea, A bittersweet life, El hombre sin pasado, Crónica de un asesino…….. recogen un ramillete de directores y películas, con temática violenta pero sin violencia gratuita o ajena al desarrollo de una historia.

No queda fuera de este sentido narrativo la última película de Bong Joon (anteriores películas suyas son Crónica de un asesino, The Host, Mother) con productor de confianza como Park Chan Woo, aunque los dólares los hayan puesto Weinstein y compañía y su intento de control del producto final haya sido en balde, porque el director se ha negado a plegarse a las exigencias del “amigo americano”, y no ha querido cambiar el montaje. Como uno ya se ha tenido que tragar mucho cine basura a lo largo de su vida cree saber el porqué de querer cambiar la estructura de la película y el montaje final, seguro que al productor del dinero le dio un vahído y pensó en los millones a perder al ver el resultado final, incapaz de saborear el ritmo interior de la película y los evidentes entresijos y corrientes subterráneas que la conforman, plasmando más claroscuros y negrura en los personajes que el habitual del cine palomitero.


Sólo le pongo un pero, la duración, y no estamos ante cine oriental contemplativo, pero determinadas escenas de violencia al final de la película serían perfectamente suprimibles dotando una mayor agilidad y emoción a la conclusión, aunque esto no deja de ser una mera opinión personal de lo que gustaría ver para redondear un producto que no sólo es espectáculo y digitalización, sino interpretación e historia, y es que en un producto pensado como un blockbuster, incorporar elementos de profunda carga política, filosófica y metafísica no es poco.




Estamos en un futuro nada lejano azotado por el cambio climático, para rebajar la temperatura de la tierra, el compromiso alcanzado por los líderes mundiales les lleva a liberar una sustancia química en la atmósfera, que lo que produce es una nueva glaciación salvaje y sorpresiva, sólo se salvan, a semejanza del arca de Noé, un millar de humanos, seleccionados por su clase social y habilidades personales convirtiéndose en pasajeros de un tren sin destino, el rompenieves del título, creado por un científico visionario y sabedor de lo que iba a ocurrir, un tren que funciona como un cosmos absoluto, autosuficiente, creador, devorador, donde cada vagón representa, tanto la evolución humana como el poder de clase. La mano de obra barata circula amontonada en los vagones de cola, como judíos camino del exterminio, (la figura del dibujante como retratista evoca los dibujos efectuados por los exterminados judíos de Theresiandst, por ejemplo) sin ninguna utilidad aparente, sin más comida que una masa gelatinosa diaria de proteínas, sufriendo recuentos continuos para controlar el nivel de población, el tren es un ecosistema cerrado y muy frágil y la población debe ser controlada en todo momento.



Sojuzgados, hambrientos, sin higiene, desesperanzados, diezmados, periódicamente, desde el furgón de cola, se intenta llegar a la máquina del tren, al hogar del demiurgo, al supremo hacedor, matar a Dios para ser Dios en definitiva. Creando una historia aconvencional donde los hitos del tren se marcan por las revoluciones sojuzgadas, donde los años se celebran cada vez que se pasa por determinado lugar del circuito ferroviario que rodea el mundo helado y sin fin. Parias, soldados, trabajadores especializados, los magnates, cada uno tiene su lugar en el tren, periódicamente dos niños son extraidos del vagón de cola y llevados hacia delante, el significado y sentido lo tendremos al final de la historia.





En esa lucha por alcanzar el control del tren, cada personaje esconde una oscura historia, hasta que llegamos al encuentro definitivo entre el ¿héroe? de clase baja y el gran maestre, interpretado por Ed Harris, como ya hizo en El show de Truman, controlador y manipulador, preparando el relevo en el liderazgo del tren, seleccionando desde su posición privilegiada, aunque tan encerrado como los de tercera clase, a quien haya de sucederle en el manejo y control de la máquina, el papel de Harris es el Kurtz de “El corazón de las tinieblas”, el Tyrell de “Blade Runner”, el hacedor supremo al que se le rebelan las criaturas. Hay que buscar el más preparado y capaz entre el pasaje, alguien que no dude en sacrificar todo para que el tren no se pare, la parada del tren significa el fín de la humanidad. El tren se convierte en paradoja de nuestra vida actual, todo aquello que creemos controlar no deja de ser lo ínfimo, lo insustancial. Lo que nos dota sentido como entes pensantes está completamente manipulado, dirigido, orientado a hacernos creer, o no pensar, lo que “nos conviene”, que no deja de ser lo que conviene al que manda. Hasta las revoluciones están controladas, tiempo, momento, líderes, objetivos, alcance……nada es fortuito en este mundo moderno, todo dirigente cuenta con sus sicarios particulares preparados para hacer el trabajo sucio, procedentes del mismo estrato, con un uniforme y un arma, todo vale, un filete bien vale matar a una persona que sólo come proteínas procedentes de las cucarachas.




Visualmente la película es magnífica, y el final, dejando aparte el necesario efecto digital que justifique el coste presupuestario, el necesario. O entendemos que es el fin de la humanidad o el nuevo amanecer, cada uno allá con sus optimismos, antropológicos o no, pero lo que queda claro es que nadie, ni el más ensalzado líder, carece de un pasado merecedor de repugnancia. Mejor que nos lo hagamos mirar, en ese tren hay más retrato social y metáfora existencial que en un realismo convencional, la ventaja es que, quien no quiera ver más allá disfrutará de una espléndida película de acción, el que sea capaz de entender el mensaje verá una historia de manipulación, pactos antinatura, selección natural llevada al extremo, traiciones con apariencia de compromiso, vamos, nuestra actual sociedad encaminada a la destrucción sin necesidad de glaciaciones, nos bastamos nosotros solos para entregar el poder a gente corrupta, sin escrúpulos, que detesta cualquier norma salvo la que personalmente pueda escoger en cada momento, el mundo está en manos de los hijos de puta desde los albores de la humanidad, ahora ya no tienen que ocultarse y se pavonean públicamente, eso si, rodeados de seguridad, mucha seguridad, no sea que a algún paria se le ocurra revertir el orden de la selección natural.