viernes, 16 de mayo de 2014

PARADISO (Omar Razzak, 2013)


 


En frío, sin preámbulos, esta película es fascinante y estupenda. Para más señas es española y es un documental. Vamos, que la carta de presentación es de lo más atrayente para el común de los espectadores y, sin embargo, ellos se lo pierden, aunque si digo que está ambientada en un cine porno, lo mismo hay gente que ya no lee más y se tira de cabeza a buscarla. Poder verla en pantalla grande será una proeza de tamaño homérico, pero para eso existen y se consolidan, los portales on line donde uno ve cine enclaustrado en su casa y en pantallas menores de las recomendables, pero, por lo menos, tiene acceso a mucho cine bueno que escapa a las voluntades de exhibidores por su escasa comercialidad.
 



En Paradiso la cámara funciona como retratista, el director no adopta una posición militante ni asume el papel de hilo conductor de algo que se nos quiere contar, no interfiere de manera expresa en los diálogos, no provoca reacciones, se limita, o ése es su mayor logro, a reflejar la vida diaria del último cine x de Madrid, sus empleados, sus clientes, sus vecinos, su entorno………
 

 

Y es así que uno vive situaciones surrealistas plenas de realismo, pueden estar hablando sobre las películas de Jean Renoir y el ruido de fondo es el de los jadeos de la banda sonora de la película que se proyecta en esos momentos, comentar el cine de “Krubick” y su 2001 mientras de fondo oyes un “fóllame, cabrón”, animarse ante la posible taquilla porque la semana siguiente pasarán una película de Rocco Siffredi, ¿te acuerdas de las colas que teníamos antes cuando proyectábamos alguna de Rocco? dice la taquillera al encargado de sala.
 



Y la película funciona como un retorno al pasado lleno de nostalgia, imaginamos un pasado mucho más glorioso en esa sala, de las de patio de butacas y platea, imaginamos sesiones de tarde de sábado y domingo con la sala a reventar con los últimos estrenos del momento, y ahora, como en un tiempo suspendido, en pleno s.XXI parece un cine de posguerra, con la calefacción de carbón, con unos sótanos dignos del fantasma de la ópera, con unos clientes en los que se une la apariencia de cita o encuentro homosexual, refugio de soledad y cercanía de vecindario.
 
 

En Paradiso se habla de cine, de un cine pasado lleno de estrellas y glamour en un entorno antitético a lo que se está contando, se aprecia la resignación de un negocio y unos empleados que están en la cuenta atrás, que pretenden mantener la exhibición con ideas “ingeniosas y modernas” pero para los que, en el fondo, no queda sino aguantar hasta el cierre definitivo. Ese enrejado que se cierra al inicio de la película realmente es un epílogo adelantado, es el fin de una sala y el fín de un tipo de cine en exhibición pública. El cine x, orientado a la excitación sexual del espectador, ha visto truncado su negocio por internet, nunca fue más fácil ni más barato ver cine porno sin necesidad de compartir espacio con nadie más, y si el cine convencional sufre una sangría imparable en este país por la múltiple competencia legal e ilegal, el cine porno no puede ser menos.

 



Esta película documental formaría un programa doble formidable de sesión continua, como los de la sala Duque de Alba de Madrid, con “La vida útil” del uruguayo Veiroj, hasta el personaje de ficción de la película uruguaya parecería sacado del elenco de personajes reales de este cine moribundo. Viendo Paradiso uno evoca rápidamente la herencia de Jordá, del Guerin de “En construcción”, de las películas de Mercedes Álvarez, en definitiva del mejor cine documental, o resumiendo, del mejor cine, cámara y personas y que éstas se desnuden como si la cámara no les estuviera grabando y no estuviera presente.
 


Dice el director que “La idea para el documental surge del articulo de un periódico en el que descubrí los carteles que Rafa pinta a mano, con rotuladores de colores, para anunciar las películas (ya que no se pueden poner carteles ni fotografías). Me llamó la atención e intuí como podía ser la persona que dedicaba tanto cariño a esos carteles. Así que decidí acercarme al cine, conocía a Rafa y a Luisa y descubrí que había una historia que contar,……el título (Paradiso), viene de una idea de Rafael -comenta Omar- que quería proyectar la película Cinema Paradiso, en el cine X, e invitar a la gente del barrio para hacer una fiesta del cine. Rafael sería como Alfredo, el proyeccionista, pero no tendríamos niño mirando por la ventana como en la película de Tornatore, no sería apropiado, así que al final desechamos esa idea”.
 

 

 “Y nos quedamos –continúa Omar- con la obsesión de Rafa por hacer del cine un lugar mejor. Siempre está planeando cosas para adecentar un local que está condenado a desaparecer. Que apenas es un vestigio de una época pasada y que no va a resistir por mucho que lo intente, Rafa es casi un héroe en el sentido tradicional, un Quijote empeñado en no ver la realidad que le rodea. Mientras que Luisa, la taquillera, sería su Sancho Panza, la que tiene los pies en la tierra y lo ayuda en sus proyectos para mejorar el cine, pero manteniendo la cordura. Es como la mirada de la razón. Y forman una pareja estupenda que nos da mucho juego”.
 

 

Pese a lo que se ve en imágenes, sorprende enterarse que, diariamente, entre 250-300 personas pagan 8 € por entrar en la sala, por lo tanto, ante la aparente decadencia y estado de semiabandono, el negocio es rentable, el encargado busca mobiliario para adecentar la terraza, provoca que el cine sea un lugar de reunión, aunque, eso sí, se aprecia un espectador medio de edad avanzada, ajeno, probablemente, al mundo de internet y que, en el cine, encuentra el refugio y el remedio a una soledad que le acompaña fuera de él, esa soledad que impide reconocer una homosexualidad que, sin embargo, no se proyecta en la pantalla, dedicada exclusivamente al cine hetero.


Triunfadora del festival madrileño Rizoma, Paradiso es un canto de amor al cine, en la persona de Rafael, luchador impenitente contra lo evidente, en el de la taquillera con la que comparte tortillas, películas, ideas para renovar el decorado o el mobiliario de la sala, con el ayudante ocasional que lo mismo habla de cine clásico como moderno, apostillando que “es una gran película, yo no la he visto, pero es de las mejores”, y el cine puede ser tanto el documental como el porno, las condiciones de exhibición y distribución casi están sufriendo el mismo colapso, así que, puestos a amar y defender el cine, defendamos todos los géneros, sirvan para lo que sirvan, si algo funcionara quizás todo llegara a funcionar, si tan solo podemos contar con la ilusión de los últimos mohicanos al final nos extinguiremos como dinosaurios