martes, 6 de mayo de 2014

LE VENT SOUFFLE DANS LA COUR D,HONNEUR (Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval, 2013)


LE VENT SOUFFLE DANS LA COUR D,HONNEUR (Nicolas Klotz, Elisabeth Perceval, 2013) 
 

“Le vent qui souffle” es el mistral, uno de esos vientos mediterráneos, como la tramontana o el gregario, que dicen que afectan al ánimo y al espíritu de quien vive en la zona y ataca su sistema nervioso, y “la cour d,honneur” del título no es otra que el patio de armas del palacio papal de Avignon, el referente cultural del sur de Francia junto con el festival de cine de Cannes y sede central de las representaciones escénicas del archifamoso festival de Avignon a quien este documental va dedicado, como homenaje al propio festival, que se inauguró en 1947 bajo la dirección de Jean Vilar y que hasta 1967 mantuvo la “cour d,honner” como único espacio de representación.

 

Todo aquello que no se regenera constantemente corre el riesgo de ser fagocitado por su propio éxito y morir de inanición por reiterar una fórmula exitosa que, de repetida, convierte el éxito en decadencia, y en 1967 Avignon reinventó el festival y se convirtió en estandarte del premayo del 68, de la mano de Vilar, ese verano se revolucionó la danza con las coreografías de Béjart, Godard estrenó La chinoise, película revolucionaria en forma y mensaje, enfrentamiento visual entre maoísmo y comunismo soviético, reivindicación del socialismo leninista frente al aparato stalinista del PCUS y los satélites de la Europa occidental que inventaron el eurocomunismo, reivindicativa de la acción directa revolucionaria, en este caso con el arte como bandera frente a la decadencia del mundo capitalista, tanto para tan poco a la vista de donde hemos terminado todos en la década de los 10 del siglo XXI.


 

En 2013 la cadena ARTE diseña el documental, de la mano de la pareja Klotz-Perceval, como una especie de homenaje, no sólo a lo que significa el festival, sino a sus directores Baudriller y Archambault, entrevistando y dejando hablar a directores de escena de la clarividencia, por ejemplo, de Romeo Castelluci que, en menos de cinco minutos, disecciona la esclerosis de la cultura oficial, de la subvención mortecina a la obra estática y elogia la capacidad del discurso de la derecha para minusvalorar la cultura “alternativa” bajo la etiqueta de cultura para las “élites”, intentando provocar, y consiguiendo en la mayoría de los casos, que público y artistas se separen, unos por ser incapaces de esforzarse a la hora de entender aquello que no está mascado y predigerido, aquello que les hace pensar y pensarse a si mismos, y otros por negarse a extender su discurso al mayor número de espectadores por creer que, de esa forma, pierden su pureza artística.

 

Mezclando alguna imagen de aquel verano del 67, con discusiones ciudadanas y enfrentamientos verbales virulentos entre los espectadores acerca de la necesidad de una revolución, Klotz-Perceval entremezclan las declaraciones de los directores de escena entrevistados (franceses, alemanes, británicos, malienses, italianos) con extractos de obras representadas a lo largo del verano de 2013, azotados en ocasiones por el duro mistral. Obras de Jellinek, de Brecht, de Ibsen.


 

Y el público, el público presente y constante en las representaciones y en su conexión con el significado del festival, porque el festival está abierto a la ciudadanía de Avignon como exponente de la necesidad de que los ciudadanos asistan a las representaciones que se desarrollan en todos los barrios de la ciudad y sepan obtener una interpretación de lo que ven, porque viendo a Ibsen, con su drama burgués por excelencia, la simple escenografía nos transporta al actual mundo contemporáneo, a la sociedad de consumo desnortada y carente de valores anclada en el éxito por el dinero y la posición social, o un alegato rabioso a cinco voces de una obra de Jellinek encuentra acomodo en la consideración de los hombres como simples unidades productivas que engarza este documental de Klotz con su soberbia y majestuosa obra de ¿ficción? “La question humaine”. No rehuyen los directores las declaraciones de los espectadores, incluidos infantiles, capaces de sostener no solo la mirada ante la cámara, sino de ofrecer una visión del espectáculo mucho más profunda y reflexiva que la de la mayoría de nuestros ediles municipales que confunden cultura con procesión, toros, romerías y santos patronos.

 

Qué envidia, y quien me haya leído sabe que mi envidia por el modelo cultural francés no es nada sana, oir a la ministra de cultura francesa defendiendo el festival como elementos crítico de formación de la conciencia ciudadana, de la necesidad de defender el festival por lo que Francia debe al festival, de cómo se traslada durante días al festival para vivir el desarrollo del mismo y asistir a las representaciones, no sólo porque es su deber, dice, sino porque le gusta lo que ve. No hagamos comparaciones, no merecen la pena, cada uno tenemos los políticos que nos merecemos, y un país que escupe sobre su educación y su cultura no merece mejores gestores culturales ni educativos.


 

Y la historia de ese palacio, sede de nueve papas enfrentados a Francia y sujetos a asedios, guerras religiosas, sospechas de envenenamiento, riesgo de asesinato, se proyecta sobre ese patio de armas en el que las obras se representan, hasta incluso simulando la propia demolición del espacio, y como no puede ser menos, el mestizaje de un país como Francia no puede ser obviado por el documental, trasladándose momentáneamente a las calles de Mali para reflejarnos el modo de vida del último grupo que actúa ante nosotros, danza africana moderna tan íntimamente relacionada con los extractos de la compañía de Béjart en 1967 que sólo la falta de color en las imágenes y en los bailarines europeos nos los diferencia, raíces e influencias, el arte y la cultura no dejan de ser una constante evolución y simbiosis, ósmosis de unos con otros de lo que salen nuevas experiencias. Un nuevo ejemplo de cómo los franceses saben cuidar lo suyo en materia cultural y además lo exponen públicamente como homenaje a los directores pasados y presentes del festival de Avignon.