jueves, 3 de abril de 2014

TRUE DETECTIVE (Cary Joji Fukunaga, Nic Pizzolato)


TRUE DETECTIVE (Cary Joji Fukunaga, Nic Pizzolato)

 




“Es muy difícil vivir entre los hombres, porque es muy difícil callarse”.  Nietzsche
 




Como toda serie que deja buen recuerdo y que tiende a hacerse más grande según vas recordando su desarrollo, personajes y trasfondo, nos enfrentamos a una película, en este caso de 8 horas, una película que desborda el tiempo porque comenzando en 2012 se remonta a unos hechos que empiezan sobre los 80, que se activan con un crimen en 1995, producen un primer resultado que desemboca en un apagón en 2002 y que se reactiva en el presente. Son 17 años de historia que va y viene, que se alimenta del pasado y del futuro, que se vive como un presente continuo interrelacionado de manera constante consigo mismo a lo largo de distintas etapas. Una película con el mal como auténtico protagonista, el mal personal, el de la comunidad, el del otro, el de todo un estado y el de toda la humanidad, el mal absoluto pero también el mal relativo de las pequeñas cosas. Esta “película” nos enfrenta con la abyección del dolor pero desde el más absoluto de los fuera de campo. Comprobaremos el mal interior de los dos agentes, de sus familias, de los personajes que se cruzan en la investigación, de los compañeros de comisaría, pero el verdadero mal, el que se investiga y se intenta localizar y neutralizar no lo presenciaremos en primera persona, sino, como mucho, y no siempre, como resultado final. La violencia, y no siempre, la veremos una vez producida, como una composición escénica donde la estética del resultado nos priva de la contemplación directa y gratuita de su ejercicio. Desde la aparición del cadáver en las llanuras inundadas de Louisiana que da origen al inicio de la trama en el primer episodio, con la presentación en sociedad de la extraña pareja que funde y cortocircuita el concepto clásico de “bud movie”, hasta el capítulo final donde nos enfrentamos a la mítica Carcosa con su escenografía infernal de submundo dedicado al culto diabólico e impregnado de cadáveres, sus restos, sus recuerdos y la composición febril y estética de una ambientación, apenas si habremos visto la acción directa de los ejecutores sobre sus víctimas, mientras tanto, sin embargo, si habremos visto cómo quienes tienen que perseguir y acabar con ese mal, son capaces de hacer uso de la violencia contra quienes dificultan el trabajo policial o se interponen en la búsqueda de pruebas.





 

La magnética careta de entrada, con unos títulos de crédito compuestos para dar información, y a la vez ocultarla, y a los sones de una pegadiza e inquietante melodía rescatada por los miembros del equipo de producción de la HBO de un album de 2006 del dúo The handsome family, ya nos indica que nos encontramos ante una historia de luz y oscuridad, o mejor de oscuridad y sombras, porque las luces apenas resplandecen a lo largo de la primera temporada.

 






“Desde el sol polvoriento de mayo su amenazante sombra crece escondida en las ramas de la venenosa creosota.
Ella enrosca sus espinas lentamente hacia el sol abrasador y cuando toqué su piel mis dedos se llenaron de sangre.” dicen las primeras estrofas de la canción.
 
 





 

Pensando sobre lo que se ve uno llega a la conclusión de que tampoco es tan original ni el planteamiento ni el desarrollo, pero el personaje de Rust Cohle (espléndido Matthew McConaughey) absorbe tanto la ficción y el control de la historia, que el árbol impide ver el bosque, pero es que ese árbol es superlativo, el nuevo samurái del cine americano, una especie de vengador absoluto, lleno de misticismo, de filosofía misántropa, arrasado por su vida personal, dispuesto al suicidio combativo del que ya no tiene nada importante que perder, el de quien está dispuesto a morir para no seguir sufriendo, pero que, al mismo tiempo, contempla la posibilidad de eliminar parte del mal que se infiltra por todos los resquicios del sistema, consentido o ejecutado por la élites con la colaboración inestimable de los verdugos pertenecientes a la escoria.
 




“El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.” Nietzsche.
 




Rust Cohle está obligado a vivir fuera de cualquier tribu, su boca expele el aliento fétido de aquello que no se quiere oir, son las verdades que hacen daño y que, al tiempo, enfrentan al resto con sus propias debilidades, traiciones, contradicciones, infelicidades, Cohle no está pagado de si mismo  ni da lecciones a nadie, pero que nadie le pregunte su opinión sobre algo porque lo dirá por mucho daño que haga. La relación con el arquetípico policía sureño Marty Hart (Woody Harrelson, correcta contrarréplica al excelso oponente) se apunta conflictiva, Cohle no es el ejemplo de colaboración, de trabajo en equipo, ha pasado por mucho y por muchas situaciones límite, infiltrado al límite de la resistencia física y mental en los carteles de la droga en ese afán autodestructivo, consumiendo droga de todo tipo para ganarse confianzas, ejecutor sin remordimientos, un hombre muerto viviente que pasado un tiempo regresa como el reverendo de “El jinete pálido” de Eastwood, salido de no se sabe dónde y con no se sabe qué misión, sin familia, sin amigos, sin ganas de confianzas ni solidaridades.
 





Y en True detective se reconoce inmediatamente el toque Hannibal, la escenografía del asesinato ritual nos traslada inmediatamente a los cadáveres que pueblan la serie estupenda donde Mads Mikkelsen es un referente inmediato del Rust Cohle, con el inconveniente de que en True detective no hay ningún otro personaje con la entidad intelectual suficiente como para dar la réplica ácida y acertada a las reflexiones de Cohle, no hay un Bill Graham con una mente al mismo nivel, ni los jefes de Quantico aparecen en las perdidas zonas pantanosas, ni los “malos” son tan seductores como los de Hannibal, y sin embargo, todo parece original, el envoltorio onírico que rodea las incursiones de los detectives en las comunidades religiosas, supersticiosas, del lumpen norteamericano de la profunda América, los sobrevuelos que acompañan los desplazamientos por el estado en busca de pruebas permiten dejarte envolver por una especia de ensoñación, de tiempo detenido, como si lo que se investiga no tuviera más que ver con la dañada mente de Rust que con una realidad perseguible. Y la ambientación del vudú, del Bayou, de los pantanos recuerdan a aquel “Corazón del ángel” con las víctimas evisceradas en obscenos ritos demoniacos que mucho tienen que ver con el fondo de esta serie.
 





Hay virtudes notables, como que no se rompa la credibilidad esencial para que el espectador desconecte por exageraciones imposibles en la historia, las conexiones religiosas, políticas, sexuales de la historia no son más que una excusa para determinar que, mientras exista poder absoluto, el mal tiene todas las de ganar, hay pequeñas batallas susceptibles de ser victorias para los detectives, pero el resultado final es desesperanzador, hay muchos Carcosa en el estado de Louisiana, a niveles imaginables para los policías, pero inalcanzables gracias a los cortafuegos intermedios que permiten deshacerse de pequeños peones mientras los poderosos mantienen su impunidad que les facilita la pederastia, el asesinato, la violación, el secuestro……… estamos ante una serie absolutamente misántropa, por mucho que el final de esta primera temporada parezca implicar una rendición de Rust Cohle.







“Que se joda el espectador medio”, dijo David Simmons acerca de la profundidad de esta serie, no estamos ante argumentos facilones o mascados tipo “CSI”, “El mentalista” y similares con psicópata escondido en los intersticios de la serie, hay que estar atento a las miradas, dejarse subyugar por la declamación lenta, profunda, reflexiva del Cohle, como en permanente trance, deprimiendo a Marty con sus reflexiones que, en la mayoría de las ocasiones exceden de su capacidad intelectual pero que siente como puñetazos de pesimismo o como auténticos ataques a su forma de actuar. “"En la eternidad, donde no existe el tiempo, nada puede crecer, nada puede llegar a ser, nada cambia. Por eso la muerte creó el tiempo, para cultivar las cosas que matará", esas frases de Rust hunden a Marty cada vez que intenta un acercamiento a Rust, éste es el filósofo ejecutor y Marty el hombre de acción que, aun cuando le cueste arrancar, puesto en marcha será implacable, justiciero.
 




 

Capaz de hurgar en la mente de las personas que se cruzan en su camino, Rust supone un peligro, de ahí que la soledad no sólo le proteja sino que protege a los que intentan acercarse a él, "creo que la conciencia humana es un trágico paso en falso en la evolución", nos ha hecho vulnerables y conscientes de los errores y lo limitado de nuestra existencia, si la vida es esto, ¿para qué vivimos?, ¿para sumar pérdidas de lo que nos importa? Eso nos separa del resto de especies animales y nos anula según vamos creciendo, según  las pérdidas aumentan y son más dolorosas. “El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices”.
 





Hay influencias literarias para la serie, Ambrose Bierce escribió “Un hombre de Carcosa”, existe una novela titulada “The yellow King”, Lovecraft bebió de ambos como referente a sus seres malvados y de inframundo, pero también de la realidad, tecleen en un buscador "satanismo, asesinatos, Louisiana, colegios católicos, niños" y tiemblen, Pizzolato reconoce haberse inspirado en cuadros de “El Bosco” para reflejar las comunidades donde se refugian esos seres depravados, sucios, primarios, diabólicos, deformados por máscaras u ocultos en las sombras y entre la basura y la suciedad. Cioran es un filósofo que se ajusta como anillo al dedo a la manera de pensar y expresarse de Rust, un personaje creado con mimo, con cariño, con una esmerada preparación que nos deja uno de esos seres de ficción al que se siente perder de vista cuando finaliza la temporada, deseando saber y conocer más de su antes y de su despúes. En definitiva, un serie para contemplar y disfrutar, una más de las grandes series de la última década, con una sola temporada ha alcanzado mucho reconocimiento, quizás demasiado para poderlo mantener, pero, ojalá, la segunda y sucesivas temporadas sean tanto o más atractivas que ésta.