viernes, 18 de abril de 2014

THE MAN WHO SHOT LIBERTY VALANCE.- EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE (John Ford, 1962)


THE MAN WHO SHOT LIBERTY VALANCE.- EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE (John Ford, 1962)

 



Para celebrar la entrada número 100 del blog hay que vestirse de frac, o como poco de smoking, y rendirse de nuevo ante una de las cumbres máximas de la historia del cine.
 
Tom Doniphon es el absoluto “deus ex machina” de esta historia, una historia circular que atrapa a sus protagonistas en un círculo que les obliga, durante toda su vida, a recordar un episodio que marcó el resto de su existencia, a revivirlo con amargura, con un poso de tristeza y de derrota, porque toda la leyenda se forja en una mentira, y el héroe verdadero termina enterrado en un simple cajón hecho con cuatro tablas y sin dinero para pagar el funeral. El hombre que mató a Liberty Valence es una extraordinaria película sobre la derrota, la derrota de los ideales, la derrota de los principios, la derrota de la honradez, el mito sobre el que se asientan las grandes palabras de libertad y democracia en cualquier país, incluso en la reconocida cuna de los derechos civiles como son los Estados Unidos de los padres originarios puede venir empañado por la ocultación de la verdad, primera fruta podrida que puede estropear todo lo demás.


 

Sentarse durante dos horas a disfrutar nuevamente de esta película y comprobar que el tiempo pasa como un suspiro, que nada sobra ni nada falta, que dos horas de Ford son como media hora de muchos otros, que cuando repasas mentalmente lo visto compruebas que apenas en una quincena de escenas Ford retrata perfectamente la personalidad y los anhelos de media docena de personajes, que sigues emocionándote con esa llegada del tren a la estación, con esa entrada en la funeraria, con ese final donde vuelven a recordarle a James Stewart que todo es poco para “el hombre que mató a Liberty Balance”, sufriendo, al igual que Vera Miles, la punzada del dolor que provoca vivir una vida que no les estaba destinada y que fue provocada por el acto heroico de Tom Doniphon, a sabiendas de todo lo que perdía, no cabe conclusión alternativa que la de encontrarnos ante una de las grandes maravillas dee la historia del cine.


 

Estamos ante una película de claroscuros, como esos que provocan los cigarros que enciende John Wayne (Tom Doniphon) en la oscuridad de las calles de Shinbone, una ciudad que mantiene una soterrada, y sangrienta, lucha entre ganaderos y propietarios, aquellos que no quieren el establecimiento de un estado en los territorios ocupados en la diáspora ciudadana hacia el oeste, y los que tras establecerse y asentarse, quieren libertad y seguridad jurídica, un entorno donde haya garantías de respeto y donde no impere la ley del más fuerte, del más sádico o del más rápido con la pistola. Shinbone se mantiene en una posición privilegiada respecto a otros pueblos y granjas de su entorno, sin contar con autoridad que se haga respetar (el sheriff es el payaso del pueblo, Andy Devine en su papel de Marshall Appleyard, bobo, cobarde, gorrón, un títere) porque cuenta con la inestimable suerte de tener entre sus vecinos a Tom Doniphon, (John Wayne), pistolero y granjero, tan rápido como el propio Liberty Valance (Lee Marvin) y que compensa esa falta de autoridad que se enfrente con la banda financiada por el clan de los ganaderos con su sola presencia, algo que basta para que Liberty se cuide muy mucho de enfrentarse a alguien tan rápido con las armas y que cuenta con la ayuda de Pompey (Woody Strode) para compensar el desequilibrio numérico.


 

Todo el territorio está atemorizado por la banda de Liberty, banda que no sólo se limita a atemorizar y asesinar a los que se oponen a los deseos de los oligarcas de la zona, sino que aprovecha esa carta blanca para robar todo lo que desea. Y es a ese Shinbone donde aterriza un joven abogado con más ideales que sensatez, Ramson Stoddard, (James Stewart), que en su primera escena demuestra su sentido del honor y de la justicia, aunque eso le suponga estar a punto de ser asesinado por Liberty en medio del desierto. Stoddard representa la llegada de la legalidad y el orden al pueblo, cargado como único equipaje con sus libros de derecho intenta transportar al oeste la forma de vida y civilización del este, cultura contra barbarie, el hombre intelectual frente al colonizador acostumbrado a vivir sin enfrentarse al poder, porque en el oeste el poder se ejerce desde la fuerza y no desde la legalidad, un territorio donde la ley vale tanto como la arena del desierto, y allí es donde Stoddard se empeña en instalarse y transformar la comunidad en una sociedad pacífica y respetuosa.


 

Pese a su apariencia frágil, inadaptada para la vida en un entorno tan hostil, Stoddard, a fuerza de cabezonería y tiempo, irá insuflando en sus vecinos la importancia del respeto a la ley , a los principios de la constitución, la absoluta necesidad de procurar educación a sus ciudadanos, la importancia del valor de la libertad y de que todos los ciudadanos son iguales, “los políticos pueden hacer las cosas mal, pero los ciudadanos tenemos derecho a decidir que no se vuelvan a equivocar no votándoles nunca más”, dice la posadera en una de las clases que desinteresadamente da Stoddard a sus vecinos para enseñarles a leer, escribir y pensar por si mismos.


 

Stoddard, como caballero sin espada, representa valores desconocidos para muchos de sus vecinos, Hallie (Vera Milles, la eterna novia que no lo es de Tom Doniphon, esa noticia que espera todo el pueblo y que Tom no se atreve a pedir a Hallie) siente una atracción casi inmediata por ese caballero idealista, educado, cortés, ajeno al mundo de violencia que asola la región y que intenta, mediante la palabra, convencer de que es posible cambiar las cosas sin pistolas, y al igual que Hallie al resto de convecinos, incluido Tom, pero éste sabiendo el riesgo que corre si deja pasar mucho tiempo antes de terminar de construir esa habitación adicional de su casa, el símbolo que significa que el día que termine la obra, pediré a Hallie que se case con él, porque Tom sabe que la espera interminable puede concluir en que Hallie termine enamorándose de otro, en este caso de Random.


 

En el triángulo amoroso interfieren las incertidumbres políticas que provocan un desenlace pleno de renuncia, desprendimiento, romanticismo heroico por parte de Tom, y que no voy a contar por si aún queda alguien que no conozca el fin de esta historia, pero en el mismo va inserto un historial de derrotas múltiples y el comienzo de vidas imaginadas e imaginarias. La muerte de Valance supone el encumbramiento definitivo de Stoddard para los ciudadanos, ya había sido elegido delegado para acudir a la capital y defender la creación del estado y la instauración de un imperio legal en la zona, pero ello gracias a su palabra, que además utilice las armas supone que Stoddard se ha sumergido de pleno en el espíritu del oeste, donde la vida de una alimaña vale tanto como cero y donde nadie exige responsabilidad alguna a quien mata a un pistolero salvaje, lo que supone su consagración definitiva como político, que le llevará tiempo después al senado y a ser uno de los poderosos del país. Pero para Stoddard es una derrota personal absoluta, todos sus intentos de recuperación del orden por la ley  y la palabra se vienen abajo cuando todo pasa por asesinar para conseguir la libertad y que el pueblo por fin reaccione contra la barbarie, ha de asumir que la teoría del “mal necesario” ha vuelto a triunfar, y que un orden basado en un crimen tiene un pecado original difícilmente soluble.


 

Para Tom Doniphon el desenlace del duelo es su derrota personal para el futuro, es el fin de su aspiración, es la constatación de que su vida con Hallie no se va a producir porque, a modo de Rick en Casablanca, toma la decisión de que es más importante que triunfe el valor de la comunidad que su vida personal, se sacrifica a sabiendas de que ello supone perder a la mujer por la que se mantiene en pie un día tras otro, que Tom queme su rancho no es un acto irracional producto de la borrachera, es el reflejo en imágenes de la vida que le espera, un lento discurrir de días sin sentido, sabiendo que Shinbone nada le ofrece ni en Shinbone nadie le espera, solo la lealtad de su empleado Pompey. Miseria, ruina, sufrimiento y olvido es lo que le queda a Tom una vez que el héroe ganador pase a ser Ramdom, la historia la escriben los triunfadores, aunque se base en una mentira.


 

Hallie también sale derrotada, en este caso no es cuestionable que el amor de Ramdom sea verdadero, ni mucho menos, sólo que Random respeta los sentimientos de Doniphon y prefiere mantenerse en un segundo plano para que nadie le eche en cara el intento de seducir a la aspirante a esposa de nadie, en su duelo con Liberty hay mucho de declaración de amor. ¿Qué une a Stoddard con Shinbone? Salvo Hallie poca cosa, Liberty le ofrece marcharse del pueblo o batirse con él, lo primero es renunciar a Hallie porque significa demostrar su cobardía absoluta, lo segundo es asumir una muerte honrosa pero ineficaz, aunque en ese sentido su sacrificio también ayudará a Hallie, quien no tendrá que escoger entre dos hombres al faltar el segundo. Que Stoddard sobreviva no se encuentra en el guión y provoca la resolución automática de las dudas de Hallie, herido y sangrante Hallie no duda en cuidar de Stoddard como ya hizo cuando apareció flagelado y malherido en el pueblo tras el primer encuentro con Liberty.




 

También la verdad pierde en esta historia, la verdad por encima de todo y de todos, la creación de la leyenda del héroe contemporáneo en la persona de Stoddard tiene un mecanismo de propaganda incuestionable en la prensa, desde la gacetilla local del periodista que encarna Edmond O,Brien, borracho impenitente que sufre lo indecible el día de la jornada electoral porque Stoddard cierra el bar en cumplimiento de la ley (“la cerveza no es bebida” dirá el director, propietario, redactor y chica de la limpieza del periódico local) hasta la prensa nacional cuando Stoddard se convierta en figura de relumbrón en el panorama político del país, pero basándose esa carrera en una mentira que Tom le revela a Stoddard cuando éste se ve incapaz de presentarse a ningún cargo con el peso de una muerte bajo sus hombros, la mentira se mantendrá durante décadas, alimentada y no aclarada por el propio Stoddard, ni por Hallie, ni por el fiel Pompey. Por eso cuando Stoddard, al volver a Shinbone cuando ha muerto Tom, tiene la necesidad de conceder la entrevista que le solicita el joven reportero local. Oido el relato por el actual director del periódico, la conclusión es terminante, esta historia no se puede publicar, publicar la historia supone contar la verdad, pero la verdad, en este caso, no es acabar con el mito de Stoddard, sino acabar con el mito y la propia autoestima de la comunidad, enfrentarla con la injusticia de su comportamiento hacia Doniphon, revelar su carácter miserable al ser incapaz de oponerse como grupo a los pistoleros. Al final es posible que todos necesitemos héroes, pero los héroes suelen tener pies de barro, y los verdaderos héroes son enterrados en fosas comunes mientras otros disfrutan de su sacrificio.