lunes, 17 de marzo de 2014

TEN (Abbas Kiarostami, 2002)


TEN (Abbas Kiarostami, 2002) 

“Kundera cuenta una fascinante historia que me impresionó mucho: él narra cómo el rango léxico de su padre disminuyó con los años y, al final de su vida, estaba reducido a dos palabras: “¡es extraño! ¡es extraño!”. Por supuesto, su padre no había llegado hasta ese punto porque ya no tuviera nada más que decir sino porque estas dos palabras resumían efectivamente su experiencia de vida. Ellas eran la esencia de su vida. Quizá ésta sea también la historia detrás del minimalismo…
Abbas Kiarostami.



Grande entre los grandes, y con lugar de honor reservado en el magro Olimpo de los destacados autores contemporáneos, Abbas Kiarostami ocupa un puesto destacadísimo en mi lista personal, autor tan libre dentro de un régimen autoritario, despótico y vulnerador de derechos fundamentales que es capaz de denunciar las miserias de su país sin que las mismas destaquen a ojos de los censores, si bien ha optado, sabia y prudentemente, por cambiar sus lugares de rodaje para evitar los rigores de los ayatolás como a sus compañeros Panahi, Pitts o Makhmalbaf entre otros.

 

Amante de la imagen desnuda, del trazo fino sin artificios, de la historia humana y personal antes que la impostura de la ficción desbocada, Kiarostami evoluciona constantemente en su cine, hasta el punto de que, como dice Guerin, hay mucho más cine en el interior de las obras fallidas de Kiarostami que en la inmensa mayoría de creadores actuales, creadores o juntadores de imágenes, que no siempre tienen que ser lo mismo.

 

Ten es una obra radical en todos los conceptos, tanto el tratamiento formal, tanto el estilo, como el contenido son todo un reto, ya lo fue Shirin después, y también lo ha sido ABC África, y después las contemporáneas rodadas en una Toscana y en un Japón que nos remontan a cualquier realizador europeo o japonés en su caso. Como dice el propio Kiarostami, sólo el imbécil es incapaz de cambiar su opinión.

 

El riesgo de Kiarostami al rodar esta película es extremo, dos cámaras, o una sola cámara con una doble perspectiva, el interior de un vehículo, bien enfocando a la conductora, una joven mujer divorciada, o bien a sus acompañantes en el asiento del copiloto, planos fijos donde lo fundamental son los rostros y lo que se dice. Para llegar a este resultado, Kiarostami escogió a sus actores, habló con ellos en profundidad sobre los personajes y el diálogo. Puso dos camaras de video digital en el tablero del auto y los mandó a conversar, pero él no estuvo presente. Se filmaron 23 horas de video, de las que quedaron los 94 minutos que componen el filme. Diez breves historias de encuentros con amigas, con mujeres, con su hijo… diez historias que van marcando el papel de una mujer con ganas de libertad en un país donde la libertad no existe para nadie, y mucho menos para la mujer.


 

“[Cineaste:] Los neorrealistas italianos tendían a tener simpatías izquierdistas, compromisos políticos y también objetivos para sus filmes. Ahora, yo soy conciente de que usted ha sido extremadamente cuidadoso en todas sus intervenciones para evitar discusiones políticas...

[Kiarostami:] No, eso no es verdad. Bien, no soy político en el sentido de pertenecer a un partido revolucionario o liderar una arremetida revolucionaria, no quiero derrocar a nadie. No trabajo para nadie. Pero si usted entiende por política aquello que se refiere a los problemas humanos actuales, entonces estoy seguro de que mi trabajo es político y de manera fuerte [The Cineaste Interview 2.”

 

No recuerdo, pero creo que es la primera película de Kiarostami donde la mujer toma el mando de la historia, y desde luego el director crea una apabullante historia de femeneidad, no se si de feminismo, pero si de femeneidad como conjunto de los femenino y la libertad anhelada. En sus encuentros desnudos de artificiosidad irá desvelando sus problemas con el hijo que constantemente le reprocha su divorcio, sus ganas de trabajar, su independencia fuera del domicilio, con las amigas a las que insta a rebelarse contra la idea de que sin un hombre no son nada, a desnudar su cabeza y mostrar su belleza, a lo ridículo que supone terminar rezando tras tantos años de sojuzgamiento y dependencia de los varones por el simple hecho de serlo. También recogerá pasajeras ocasionales, como el episodio de la prostituta, verdadero choque cultural en un país donde la prostitución es delito para quien la ejerce, espíritu libre como contraposición moral de la línea imperante, pero otra esclava más de los hombres.

 

El espacio cerrado del vehículo se transforma para nuestra mujer protagonista en un amplio espacio de libertad, libertad para conducir y moverse libremente por Teherán, igualando así su comportamiento con el de los hombres, libertad para dirigirse a su trabajo como fotógrafa, aunque nunca la veamos trabajando sino hablando de sus relaciones personales, libertad para expresarse sin que nadie la contradiga por su sexo ni tenga que disimular opiniones contrarias a las oficiales. Un espacio tan libre como que parece que no existen los hombres, estos pasan a un segundo plano permitiendo, por unas horas, o minutos, que las mujeres de la historia respiren aliviadas. La presencia puntual del padre del niño, marido divorciado de nuestra protagonista, se percibe en la distancia, la comunicación entre ambos será a voces, o mediante teléfono o a través de la suegra, la incomunicación patente aun después de finalizado el matrimonio. Pese a todo, esta historia fue mutilada en Irán, y su difusión prohibida al negarse el director a eliminar dos de las diez historias, justo la más hermosa, la de la mujer que se quita el velo tras cortarse el pelo al cero tras ser abandonada por su novio, y la de la prostituta que revela, tanto la falta de libertad de las mujeres para hacer lo que quieran, como la hipocresía de los hombres que se acuestan con ella para después correr a casa a decir a sus esposas que las quieren, esposas que aceptan acostarse con sus maridos, según la prostituta, a cambio de algo, con lo que no son tan diferentes a ella. Deseando que Kiarostami vuelva a mostrarnos otra nueva obra, que buscaremos cómo y donde sea, si la última ya no ha tenido distribución en España en salas comerciales habrá que encontrarla, cuando exista, removiendo cielo y tierra, Kiarostami no merece este desprecio ni nuestro gusto ese olvido. 
 

"David:"¿Quiénes son los cineastas que usted cree que podrían estar trabajando de una manera similar a la suya?
[Kiarostami:] Hou Hsiao-hsien es uno. El trabajo de Tarkovsky me separa completamente de la vida física, y son los filmes más espirituales que yo haya visto –lo que Fellini hizo en parte de sus películas, trayendo la ensoñación al filme, Tarkovsky también lo hace. Las películas de Theo Angelopoulos también alcanzan este tipo de espiritualidad en ciertos momentos. En general pienso que las películas y el arte deben apartarnos de la vida diaria, y deben llevarnos a otronivel, sin olvidar que la vida diaria es el lugar del despegue, pues el tiempo de Scherezada y de los narradores de palacio ya terminó [Interview with Abbas Kiarostami, David Sterritt, Taste of Kiarostami, 2000].”