miércoles, 5 de marzo de 2014

SISTER (L,ENFANT D,EN HAUT, Ursula Meier, 2012)


SISTER (L,ENFANT D,EN HAUT, Ursula Meier, 2012)


 
El título en francés es más ajustado a la realidad social que esta película trata de denunciar que el renombre en inglés destinado a incidir más en el aspecto familiar de la relación entre Simon y Louise, y siendo más evidente el aspecto personal de la historia, no deja de ser trascendente el reflejo social que las imágenes aportan sobre nuestra pretendida sociedad del bienestar.
 

 

Las carteleras de 2013 tuvieron abundantes muestras de cine con niños, preadolescentes o maduros anticipados, de menores haciendo de padres o suplantando las ausencias de sus progenitores, así de pronto recuerdo “Rebelle”, “Kauwboy”, “Tomboy”, “Nana”… y alguna que se me quedará perdida en la memoria. Esta “Sister” con “el niño de arriba” comparte muchas de esas inquietudes, hay un menor haciendo de adulto prematuro, una adulta joven que pasa absolutamente de asumir alguna responsabilidad, un pasado oculto que sobrevuela la vida diaria de estos jóvenes y que les ha llevado a vivir al día, como outsiders fuera del sistema pero aprovechando sus debilidades.
 
 

Simon se ocupa de si y de su hermana Louise, Simon es un buscavidas que consigue la comida diaria subiendo todas las mañanas a la estación de esquí para hurtar todo aquello aprovechable ante la opulencia y despilfarro del consumidor medio de un deporte poco propicio para las clases desafortunadas. Da lo mismo que sean bocadillos, ropas, gafas o esquís, hay mercado para todo y para todos. Este niño de lo alto tiene que hacerse pasar por lo que no es, un chaval de clase acomodada, para no destacar demasiado en un habitat que no le corresponde. El suyo es el suburbial, el de la torre con pisos baratos en la que vive, llena de niños de escasos recursos y tan expulsados del sistema como él. Simon encontrará a quien vender esquís a la demanda, dónde vender el excedente de guantes, manoplas gafas o cascos incluso entre los propios trabajadores de la estación de esquí, intentará que su hermana le ayude, con escaso éxito, para que alguien más sostenga la vida diaria y las necesidades de los dos.
 


 

Pero Louise está mas preocupada en encontrar alguien con quien compartir algún  proyecto de vida que en ocuparse de su hermano, que, dicho sea de paso, ha aprendido a sobrevivir sin ayuda. En ambos se nota la falta de cariño, el déficit de la ternura necesaria, pero ante el peligro para Simon de que su hermana encuentre una verdadera pareja y se vea definitivamente abandonado, se producirá un giro radical de la historia que no conviene desvelar. Simon es un superviviente, y como tal actúa cuando ve en peligro su mínima estabilidad, aunque sea a costa de enfrentarse con su hermana.
 

 

Estupenda actuación del chaval (Kacey Mott Klein), bien acompañado de Lea Seydoux (la chica del pelo azul de Adéle) y con unas apariciones puntuales de Gillian Anderson, como turista y madre, que para Simon representa el ideal de madre que no ha tenido y que desea (dicho sea de paso, esta Gillian se parece muy poco a la Scully de Expediente X, ¿natural o bisturí? No lo se, pero si no es naturaleza, en este caso el cambio es perfecto, y si es naturaleza, bienvenidos los cambios así a partir de los 40).
 

 

El segundo aspecto de la película, menos evidente, pero que circula como leit motiv de la historia es la evidente ineficacia del estado social que el mundo occidental ha ido construyendo desde la década de los 50 y que ahora, además, está sufriendo una desamortización acelerada. Como en la serie británica “Arriba y abajo”, en esta película existen dos mundos en escasos kilómetros de distancia, el de arriba, el de la estación de esquí, el de  las marcas de moda para la nieve, los coches de lujo, los hoteles de relax, y el de abajo, el de los que sirven para mantener ese decorado de cartón piedra y que, al mismo tiempo, sobrevive con las migajas que arroja el mundo de arriba. Asi planteado, hurtar al esquiador se plantea como justicia redistributiva, si el Estado no es capaz de velar por sus ciudadanos, estos, ya sean suizos como los de la película, o pobres p.i.g.s. tendrán que velar por si mismos, cogiendo de aquellos que tienen excedentes para poder mantener sus mínimas constantes vitales al día. El día a día así se transforma en algo agotador, salir a la caza diaria para ver si a última hora de la jornada hay algo en la olla, podremos encender la calefacción o habrá que agarrarse las tripas y esperar a la siguiente mañana.
 




Sister es la segunda película estrenada en España de Ursula Meier, notablemente superior a aquella “Home” con Isabelle Huppert, pese a lo desesperanzador del relato y de sus personajes, deja una vía de escape al final, pese a que Simon y Louise se crucen en el funicular, al menos nos queda la constancia de que ambos se buscan y se necesitan , es la solidaridad del pobre, pero al menos se tienen uno al otro para seguir luchando y levantándose cada mañana.