jueves, 13 de marzo de 2014

LOS DIARIOS DE JUAN BUSHWICK (David Gutiérrez Camps, 2013)


LOS DIARIOS DE JUAN BUSHWICK (David Gutiérrez Camps, 2013)
 
“Estoy aburrido de la hostia”
 

La película empieza con un ojo en primer plano y su dueño frotándose compulsivamente, después nos informa que era algo que hacía de niño para simular tener alucinaciones. Ese ojo pertenece a Juan Bushwick, norteamericano en Barcelona, en plena crisis de identidad y en pleno proceso de arrasamiento personal, como declaración de intenciones confiesa a poco de empezar la historia “estoy aburrido de la hostia”.
 


Verdad o mentira da lo mismo, lo cierto es que, tanto lo que se cuenta como la forma en que se cuenta aporta frescura y novedad. El uso del cine como psicoanálisis, como reflejo del estado interior de una persona en un momento de encrucijada sin preguntas ni respuestas, varado en tierra de nadie, solo, fuera de su cultura y cineasta. El cine se transforma en terapia, en su terapia, pero no para rodar una película y soltar los demonios, ni mucho menos, el cine para rodarse a si mismo, al menos un segundo al día, ir reflejando su estado interior y exterior para aprenderse, identificarse, superarse, renovarse. Estamos ante un diario fílmico que va a retratar un estado emocional en imágenes, las imágenes del propio director y de lo que le sucede y puede ser relevante para entenderle(se).
 


“Hay épocas en la vida en la que todo parece transcurrir mucho más lento, éstas con las más propicias para las catástrofes” dice nuestro Juan recitando a Musil, y estamos ante un personaje cuyas cicatrices están recientes, recorriendo con su dedo las de su cuerpo se fusionan las imágenes de tierra reseca y cuarteada, es el aburrimiento de la soledad y la falta de una confidente en su vida, con la cámara busca retratarse y buscar la belleza, la belleza del rostro dormido de la amante ocasional, del pájaro sorprendido, del rayo de luz, aprovechar el suelo de la amante para recorrerle con la cámara, aun a costa de obtener olvido y distancia si ella lo descubre.
 

El director David Gutiérrez Camps dice de su película “Por ejemplo, 'The Juan Bushwick Diaries' en el fondo es una película de ficción, lo que pasa es que juega mucho con la forma del documental y con cosas que también son reales. Voy a explicar un poco el método con el que hemos hecho esta película: esto empieza con tres hojas de Word, que ni siquiera lo llamaría guion, sino más bien una guía. Parece nimio, pero fue un año de, más que nada, mucha reflexión, tomar montones de notas, corregirlas... que acaban en tres páginas. ¿Qué dicen? Juan está en su casa, está aburrido, se graba y dice tal o cual. Otra frase: Juan va hasta "x" y filma "y". Tras realizar esta guía, consigo la colaboración de Barry Paulson, el actor, muy importante para el proyecto. Grabamos durante aproximadamente un año a ratos sueltos, un día a la semana, ya sea con Barry, con otro actor o yo solo; pero predominantemente con Barry. Por un lado grabamos cosas ficcionadas: yo escribía un guion y Barry lo interpretaba; y por otro lado, Barry accedió a, durante ciertos momentos de su vida real, sacar el teléfono y grabarse.”
 


Por lo tanto estamos ante el documental ficcionado, ante esa mezcla de género tan abundante hoy en la que, durante minutos, desconocemos si estamos ante una historia real o una historia inventada, algo que termina resultando indiferente porque ¿qué es verdad y qué es mentira si todo lo contamos o analizamos con nuestra subjetividad? Emparenta así con otras obras como “Mapa”, “Your lost memories”, “Otel.lo”, con ese juego de realidad, ficción y cine que tan buenos momentos está dando al nuevo cine que se hace en España.
 


AMOR-RESPETO es el leitmotiv del protagonista, todo lo que hacemos lo hacemos por amor, y cuando estamos haciendo cine estamos buscando amor, amor físico, amor carnal, amor sentimental, amor general, pero da lo mismo que sea cine o sea otra actividad, todas nos llevan al amor, y en ese sentido, el aburrimiento de Juan y su búsqueda interior no es sino su falta de amor y cómo incide en su vida. Por eso cuenta sus sueños, como el de su pesadilla del ojo líquido, un cineasta perdiendo un ojo y viendo la vida en dos dimensiones, mientras las imágenes nos muestran la lava ardiendo saliendo de un volcán. Juan está apagado, pero en completa ebullición interior, aparenta una muerte personal que, en el fondo, desea un espacio por el que colarse y explotar toda la fuerza que lleva dentro.
 


En un momento Juan dirá “no se puede llorar de aburrimiento”, pero minutos más tarde llorará en pleno paseo por el parque de la Ciudadela, ¿acaso se ha dado cuenta de que no es aburrimiento lo que siente?, ese exorcismo visual al que se somete para expresar su rabia, su aburrimiento, su miedo, convirtiéndose en tema, autor y espectador, muta el lenguaje convencional del cine donde las parcelas están bien definidas entre unos y otros, y aparte de mezclar autor con tema y con espectador, mezcla y disfruta de las formas visuales a su alcance, el píxel del ordenador o la videocámara, la escasa calidad del teléfono móvil, la limpieza del HD, la luz, la sombra…….pero con sentido estético, con sentido de lo que se cuenta, enlazando imagen y forma de manera original y sentida, no por epatar. No hay imágenes más bellas en la película que las del rostro de Andrea Carballo mientras dura el enamoramiento ni imágenes más distorsionadas que las del adiós y la distancia.
 

El amigo del protagonista le avisa, “no pierdas la perspectiva”, porque habiendo iniciado el rodaje de su vida para poder encauzar y dar salida a las frustraciones y abandonos personales, la aparición de la chica argentina le cambia el sentido de la obra, ya se ha hablado de la busca del amor anteriormente, pero ya no es el amor como resultado de lo que se hace, sino el amor de Juan como tema y monotema, el guión desaparece y el rodaje se transforma en ella, síntoma de que el problema de Juan no era su aburrimiento sino su soledad. “Cuando la luz es más bella es cuando pasan las cosas mejores, todo se vuelve fresco, todo tiene camino”, pero Pol le recuerda “no pierdas la perspectiva”, que es tanto como decir, retoma el camino porque ya la has perdido.
 

En la historia de amor Juan cae en el autoengaño, parafraseando a Piglia, hecho para engañar conscientemente al que lo construye porque no es una equivocación, Juan confunde creación y amor como una reconstrucción de la infancia festiva, pero ¿realmente la infancia, la creación y el amor son festivos?, una cosa es la palabra y otra la imagen que vemos, porque al final Juan reconoce que se ha enamorado de una imagen, bien es cierto que para llegar a esa conclusión Juan primero sufre el rechazo y el abandono nuevamente, rechazo y abandono en el que Juan vuelve a la esencia, vuelve a mirar lo que sucede a su alrededor con la misma tristeza del aburrimiento inicial, limpia su pasado y su presente aprovechando la imagen del interior del vehículo en un túnel de lavado, imagen y sonido sin palabra, no es necesario, para concluir en el principio, en la imagen del mismo ojo, esta vez sin alucinaciones, Juan ha aprendido a mirar sin engañarse, aunque sabe que la imagen se puede trucar y transformar al antojo de la luz.


Ese último plano con sombras en movimiento nos indica que todo es mutable a nuestro gusto y conveniencia, la sombra de una cámara se mueve si se mueve la luz que la refleja. El recuerdo de una imagen se cambia si cambia la idea de quien la proyecta en su mente. Incluso la idea de la película se transforma en función del tema que proyectemos sobre ella, si pensamos en el amor es una película sobre el amor y el desamor, si el tema es Juan es sobre la soledad y la búsqueda de alguien con quien compartir parcelas de intimidad, si es sobre el cine aprendemos que el contenido puede cambiarse con la forma. Una notabilísima primera película larga y una gozada para los sentidos.
 


“A mí, por ejemplo, me interesa mucho la línea entre realidad y ficción. Me gusta una ficción que parece realidad y también me fascina una realidad que de repente parece ficción. La clave del proyecto era esa, jugar con verdad y mentira. A fin de cuentas, Juan Bushwick seguramente es una especie de alter-ego mío: yo también me aburría en mi vida y había vuelto de Nueva York a Barcelona, pese a que también hay mucho de Barry, el actor, y otro tanto totalmente inventado.” David Gutiérrez Camps.