sábado, 8 de marzo de 2014

LIKE SOMEONE IN LOVE (Abbas Kiarostami, 2012)


LIKE SOMEONE IN LOVE (Abbas Kiarostami, 2012)


 

Entre los príncipes de Maine y los reyes de Nueva Inglaterra sobresale Abbas Kiarostami, durante años referente del cine iraní, ése que algún renombrado y poco esforzado crítico para las novedades, se apresta a tildar de aburrido en cuanto alguna película llega a nuestras pantallas. Imagino a los Kiarostami, Panahi, Makhmalbaf….. intentando contar sus historias durante décadas sin alcanzar totalmente sus objetivos ante una censura integral, tanto política como religiosa, que cercena la creatividad aunque agudice el ingenio.

 

Con su anterior “Copia certificada”, Abbas Kiarostami consiguió la financiación de la bienhallada y poderosa productora francesa MK2, de Marius Karmitz, este industrial con buen gusto que acoge, bajo capital francés, todo aquello de excelente que las cinematografías del mundo ofrecen para, así, poder los demás, disfrutar de obras que, de otro modo, o no se rodarían o no llegarían a un público masivo. Si Copia certificada era plenamente francesa, “Like someone in love”, algo así en una traducción libre a “Como un enamorado”, es una coproducción franco-japonesa, y da origen al primer choque cultural, ¿realmente Kiarostami puede rodar en Tokyo como en Teherán? Y la verdad es que, si no supiéramos quién es el director no nos sorprendería leer al final de la película nombres como Nobuhiro Suwa, el Hou Hsiao Hsien de Café Loumiére, un Hirozaku Kore eda…… es decir, pensaríamos en una película plenamente japonesa, o al menos, para un occidental, nos parecería plenamente japonesa.


 

Tres personajes en poco menos de dos horas de película, alguna presencia fugaz para redondear la historia, algún eco del pasado rondando por el desarrollo para conceder un arranque angustioso a los 10 minutos de película. También hay elementos muy reconocibles de las últimas películas de Kiarostami, los momentos discursivos en el interior de automóviles, los desplazamientos en silencio, las cercanías incómodas y, cómo no, el juego de los espejos, el reflejo en otra pantalla distinta de la que tenemos que mirar, la sombra o la presencia de otra persona a través de un cristal que se cierne sobre una espalda indicando el elemento de poder o de posesión, sutil pero preciso.

 

Puede haber confianza en el diálogo, pero no hay relación entre iguales. No hay juicios morales a los personajes, tampoco Kiarostami nos aporta datos sobre porqué Akiko y Watanabe actúan de esta manera, es más previsible y comprensible el personaje primario, el del hombre sin formación que actúa por instinto y que finalmente actúa de la única manera que sabe para tratar de imponerse en un último giro de tuerca de la historia que corta el aliento por lo inesperado. Podemos suponer más de lo que vemos, acierto notabilísimo del creador, y así por ejemplo, lo que parece ser una escena inicial en un bar donde Akiko parece estar con un grupo de amigas y trata de sortear la llamada de un novio celoso, no deja de ser un club en el que Akiko trabaja como “scort” mientras estudia Sociología en la Universidad de Tokyo.

 

Tampoco sabremos si Watanabe quiere “adoptar” a esta bella joven que su amigo Hiroshi le envía para pasar una agradable velada que caliente su vejez al verla perdida y desvalida o se ha visto obligado a aceptar el regalo de su antiguo alumno, o simplemente quiere compañía sin sexo en una larga noche de su vejez en la que añora a su familia. Cuando parece que todo va a desarrollarse en un ambiente de nieta y abuelo ficticio, la figura del novio celoso reaparecerá sin vérsele, para introducir el elemento de miedo que ambos personajes no pueden superar, dando fin a la película y a la historia imposible, dejando al espectador sin respuesta expresa, cada uno que saque la suya.


 

La cultura no puede con la barbarie, parecería querer decir nuestro director. Obviamente esta película no podría haberla rodado Kiarostami en Irán, habla de sexo, de mujeres liberadas, de novios “traicionados”, de prostitución o acompañamiento con derecho a roce. Bienvenida la huida de Kiarostami de su país si es para ofrecernos historias como estas dos últimas, nos gustaban las anteriores, pero nos siguen gustando mucho las presentes. Forma con contenido, mujeres hermosas y música de jazz, ¿alguien habría imaginado a Kiarostami rodando algo parecido hace unos años dentro de Irán?.



 

Tres personajes solitarios, uno en el ocaso de su vida, otra en plenitud pero con un sentimiento de culpa insuperable, otro en juventud pero buscando una madurez impostada y que cree en la fuerza y en el vínculo legal como equivalente al amor, los tres se creen enamorados, pero en el fondo no saben buscar lo que necesitan. Una joya, estética e intelectualmente, un ejercicio de reflexión sobre arrancarnos de nuestras raíces sin saber reemplazar unas bases por otras igualmente sólidas. Su estreno en ciñesen España es una incógnita, pero puede disfrutarse a través de internet, precisamente la forma más útil actualmente de llegar al cine diferente, por eso os la recomiendo, eso o vivir en algún país avanzado donde se estrenó a principios de 2013.