martes, 25 de febrero de 2014

WOMB (Benedek Fliegauf, 2010)


WOMB (Benedek Fliegauf, 2010)


Película incómoda, dura, seca y fría como el paisaje en el que se desarrolla. Historia de amor más allá de la muerte que lo único que provoca es vacío y frío interior. Benedek Fliegauf estrenó este año uno de los paisajes dolorosos de la Europa contemporánea, el de su real y permanente racismo, a través de los ojos de un par de jóvenes hermanos gitanos acosados por el viento que procede del bosque en la estupenda “Sólo el viento”. Como consecuencia de esa estupenda historia decidí buscar alguna película más de este director húngaro, y mediante las conexiones cibernéticas oportunas he conseguido ver y disfrutar (es un decir) esta particular historia de amor.


 

La naturaleza vuelve a jugar un papel preponderante en el cine de Fliegauf, una isla de dimensiones desconocidas, una comunidad cerrada que apenas se comunica, un país indeterminado, que puede ser el Reino Unido porque los actores hablan en inglés, pero sólo por eso. El viento y el mar, otra vez el viento como portador de muy malos presagios en la vida de la protagonista, siempre bella aunque no siempre tan buena actriz como guapa mujer, Eva Green.



 

Película circular que en su propio círculo encierra un ambiente morboso y contra norma. El preámbulo muestra a una joven pareja de preadolescentes enamorándose en un verano nórdico, ella comparte unas semanas con su abuelo mientras él reside permanentemente en la isla. Llega el día de la despedida, pasan 12 años y en el mismo barco que se fue, vuelve ella en busca del eterno amor suspendido en el tiempo. No se han vuelto a ver, no se han vuelto a comunicar, pero ambos mantienen la misma chispa, sólo que ahora se pasa del amor platónico al amor físico y carnal. Un tonto accidente acaba con la historia de amor, ¿acaba?




Entra en juego el aspecto futurista de la historia, la ciencia ya ha avanzado lo suficiente como para clonar seres humanos. Esa clonación genera un rechazo visceral en quienes no han practicado la misma hacia los nuevos seres y quienes los traen al mundo. Se necesita un recipiente humano, como si se tratara de fecundación in vitro, para que la clonación empiece como una gestación natural. ¿Cuál es el problema? Que el personaje de Eva Green decide clonar a su pareja, parir a su propio amor, criar al hijo que fue su novio, vivir paso a paso el crecimiento de aquél a quien ya conoce.



Entramos en la locura de amor con este desarrollo, la madre que se siente más amante que madre y sufre cuando el hijo es indiferente hacia los sentimientos de la madre, o es arrasada por los celos cuando su hijo convive con una pareja. La relación se va complicando cuando el hijo advierte comportamientos anormales de su madre, primero pensando en una depresión causada por el aislamiento y la soledad, después porque advierte el insano comportamiento de la madre. No revelaré el final de la película porque es potente y absolutamente desconcertante para ambos protagonistas, pero queda en el aire la pregunta, ¿son verdaderamente madre e hijo o son amantes transportados a otro tiempo y generación? El clon tiene recuerdos vagos de otra vida, recuerda caras, situaciones, espacios, algo que le genera confusión y aturdimiento, agravados por la situación familiar.



 

WOMB une y centrifuga toda una serie de emociones humanas que normalmente se reparten entre varias personas, aquí el amor, la amistad, la familia, el sexo se mezclan entre ambos protagonistas generando un ambiente claustrofóbico que el inmenso espacio vacío que rodea la cabaña marina no subsana. El espacio interior de los personajes no puede sustraerse a su falta de libertad, su vida viene plenamente determinada, la de la madre por una obsesión, la del hijo porque no sabe ser quien es y no sabe lo que puede ser. Dos vidas arruinadas, una por la fatalidad y la otra porque no debería existir. Como dice la madre del amante muerto, “somos ateos, pero hay que saber aceptar las consecuencias de la vida”, la muerte del amor no se puede resucitar, salvo que estemos dispuestos a permanecer en los límites de la locura.






Fliegauf se convierte, de manera retroactiva, en un creador a seguir con garantías, sus dos películas vistas hasta ahora descubren un estilo propio, un juego del espacio exterior en ambientes que oprimen y generan desconfianza e inquietud, personajes al límite del control de su propio destino escogiendo siempre la solución más complicada y dolorosa. WOMB es una estupenda película de sentimientos humanos, poco apta para la jerarquía eclesiástica, pero que nos coloca ante la dualidad moral de escoger lo que queremos y lo que conviene, pero cuando el amor se cruza de por medio es difícil ser objetivo.