sábado, 15 de febrero de 2014

TODOS VOS SODES CAPITANS (Oliver Laxe, 2010)


TODOS VOS SODES CAPITANS (Oliver Laxe, 2010)

 

"El espectador debía ser consciente en todo momento de que ese personaje cínico y estúpido que yo represento en la película es al mismo tiempo el ser que siente al hacerla, algo evidente una vez que me expulso de la película y me eclipso detrás de la cámara, haciéndose, paradójicamente, más evidente mi presencia. Necesitaba lograr que "Todos vós sodes capitáns" fuese una película romántica sin parecerlo. Pienso que la imagen desenfocada del cartel evoca perfectamente la idea de que a veces se ven mejor las cosas desde cierta distancia. La distancia es siempre buena, sobre todo en procesos creativos. En la escena inicial de la película, cuando los niños están mirando el avión, uno de ellos sugiere que si cierran los ojos podrán verlo mejor” Oliver Laxe
 
Hay que hablar del cine español que triunfa en festivales y continua maldito en este país de sotanas, procesiones y tradiciones. La ayuda pública va a brillar por su ausencia durante mucho tiempo, la privada no existe si no hay negocio de por medio, la distribución y la exhibición no están para alegrías, y los espectadores han olvidado lo que es exigir calidad en el cine, así que las propuestas más innovadoras, más arriesgadas, menos complacientes, se van viendo relegadas ya al rápido olvido, ya al silencio de las salas, o a refugios inesperados como centros de cultura contemporáneo o museos de arte moderno. O eso, o la autodistribución, el propio cineasta viajando con su película de ciudad en ciudad, como en los tiempos de “El viaje a ninguna parte”, pero cambiando a los cómicos por los cineastas.


 

Oliver Laxe todavía, que yo sepa, no pertenece a ninguna de estas categorías salvo a la de director ocultado, no exhibido ni distribuido en España,  el portal de cine on line independiente norteamericano Mubi, durante unas semanas permitió su visionado gratuito, y hubo que aprovecharlo. Ganadora de premios en las ediciones de Cannes y Gijón de 2010 se ha convertido en una película de culto, más por su imposibilidad de ser vista, ya que pocos pueden decir que pueden valorar su calidad en un país tan inerte como éste para fomentar la diferencia.


 

Dentro de esa categoría que va creciendo del falso documental o de la ficción documentalizada, Laxe habla de un intento baldío, o no. Dentro de una institución encargada de “reeducar” a niños problemáticos, el director participa como profesor, montando un taller audiovisual para que los niños cuenten y enseñen su realidad. Aquí nace el primer problema, ¿cuál es nuestra situación?” dicen los niños al oir la propuesta. Nada es fácil cuando tanto director, equipo y niños se enfrentan con la verdadera situación, la de que el proyecto no avanza porque los niños no quieren retratar su dura realidad, la de los niños de la calle en Marruecos.


 

Tánger aparece así como una ciudad puramente hostil, una ciudad de supervivencia donde un extranjero pretende que los niños rueden sus robos, sus intentos de cruzar el estrecho dirección a España, chocando el deseo del director con la voluntad de olvido de los menores, que prefieren refugiarse en la realidad de las cosas sencillas, las ruinas de la ciudad, los amigos, los árboles, los animales, el mar…. Es decir , aquello que no constituye un peligro ni algo agresivo para los propios menores.

 

 

El cine dentro del cine con viejas cámaras de 16 mm y una libertad inicial para el rodaje, que se transforma en la rebelión de los ayudados y la expulsión del director. No obstante el proyecto continúa de manera indirecta, pero continuará de la manera que los chicos deciden, aun cuando con ello tampoco pueden dejar de reflejar la realidad del mundo en el que viven y al que van a ser arrojados cuando alcancen la mayoría de edad. Es cuando el director es expulsado cuando su presencia se hace más evidente, aún siendo rechazado por los niños estos han aprendido a mirar de otra forma, si rodarán el mar, pero en el mar están los barcos que atraviesan el estrecho, rodarán la ciudad y no podrán evitar que se vea cómo se atosiga a los turistas por quien carece de casi todo. Van a ser capitanes mientras sueñan, mientras ruedan, mientras eligen el árbol bajo el que descansar o que fotografiar, pero esa capitanía tiene fecha de caducidad, la exclusión es difícilmente superable, y menos en la infancia.