jueves, 6 de febrero de 2014

EL ACORAZADO POTEMKIN (S.M.Eisenstein, 1925)


EL ACORAZADO POTEMKIN (S.M.Eisenstein, 1925)


 

“Es una gran película, lograda como pocas, ……. Está cimentada con ideología, calculada correctamente en todos sus detalles, igual que el arco de un puente. Cuanto más fuertes son los golpes que descargas sobre ella, mejor es el sonido. Sólo quienes la agiten con las puntas de los dedos enguantadas, esos no oirán ni moverán nada” Walter Benjamin, 1927.

 

Toda revolución necesita su sacrificio, su héroe y su mártir. ¿Dónde está nuestro Grigory Vakulenchuk y nuestro acorazado Potemkin?.

 

Una obra propagandística exige aumentar la leyenda y ocultar lo negativo de la historia. Eisenstein ideó su obra como un fresco enorme de la revolución de 1905, preludio de la definitiva revolución bolchevique de 1917, con una serie de capítulos rodados en distintas ciudades de la URSS para homenajear los 20 años de aquélla. Pero frustrado el proyecto inicial de rodar en Leningrado por las adversidades climáticas, Eisenstein llega a Odessa y decide rodar su película como una única historia, la del motín de la tripulación del Potemkin y la solidaridad ciudadana de Odessa con los rebeldes. La película “El año de 1905” pasa a ser, entonces, “El acorazado Potemkin”, y de esa manera, junto con “La madre” de Pudovkin, resultaron ser los dos únicos proyectos cinematográficos que fructificaron de aquella idea inspirada en el éxito de “La huelga”.




 

La historia real de lo que sucedió en Odessa y en el Potemkin difiere un tanto de la versión idealizada y legendaria de la película, pero eso nos da lo mismo, porque la fortaleza visual de la historia rodada perdura por encima de la realidad a, y nunca olvidaremos los gusanos en la carne, al pueblo marchando jubiloso al puerto para vitorear a la tripulación, al mismo pueblo lamentando la suerte del marinero Vakulenchuk, esa escalera del puerto donde el montaje cinematográfico se transforma en verdadero arte y sentido del ritmo mezclando historias y desenlaces. Que en realidad el alzamiento de la tripulación hizo descargar las iras de las tropas cosacas contra la ciudadanía de Odessa, que la tripulación no llegó a un acuerdo con los comités ciudadanos para desplegar pelotones de protección en la ciudad, que la ciudad quedó indefensa mientras el barco se encontraba alejado del puerto, que el fin de muchos de los marineros fue infame y traicionero pese a haberse entregado con promesas que no se cumplieron, no son más que consecuencias de la acción desplegada y del alzamiento popular en ese año, porque lo trascendente es la manera en que Eisenstein nos introduce en el relato que, por arte de la imagen, se ha transformado en más real que la propia documentación histórica del suceso.




 

La película se presenta en cinco capítulos, siguiendo un esquema bastante extendido en el mundo del cine mudo, probablemente influido por la necesidad de cambiar los rollos de las antiguas películas, cinco historias que parten de la presentación y acaban en el desenlace heroico, “Hombres y gusanos”, “Drama en el alcázar”, “la exhortación del muerto”, “La escalera de Odessa” y “La escuadra” son los cinco capítulos que integran la película. Los hombres colgando de sus coys como gusanos preparados para la metamorfosis en la primera historia es una de las metáforas más bellas de esta película, ese balanceo de los marineros durmientes se enlaza posteriormente con esos platos de sopa bailantes que ningún hombre ha querido probar tras ver cómo las piezas de carne que llevan como suministro están plagadas de gusanos, pese a lo que el médico de a bordo las declara aptas para ser comidas.


 

La marinería, formada por orden del segundo de a bordo, es compelida a comer la sopa o a atenerse a las consecuencias siendo colgada del palo mayor. Amparados en el número, los soldados no ceden al chantaje, pero no contaban con que el primer oficial ordenaría masacrar a un grupo de ellos fusilándolos por lo que considera un motín. Ahí surge el héroe, el marinero que se enfrenta al pelotón de fusilamiento y les exhorta a no matar a sus camaradas, lo que consigue, pese a que en el posterior combate, sea el único marinero que pierde la vida frente a la mayoría de la oficialidad que es arrojada por la borda.

 

La muerte  del marinero Vakulenchuk no sólo une a la tripulación, que constituye un comité a bordo, sino que establece el lazo de solidaridad con la población civil de Odessa, esa muerte es la chispa que se necesita para hacer arder la pradera. La marea de personas que acuden al funeral del marinero abarrotan las calles, los puentes, el puerto, las proclamas empiezan a incendiar los ánimos, la gente pierde el miedo, se alzan puños contra la represión, la rebelión pacífica se vive como una fiesta, se dan suministros al barco, el pueblo vive confiado y alegre la presencia del barco en el horizonte con la bandera roja al viento.



 

Pero ningún poder absoluto cede el mando voluntariamente y sin castigar a sus ciudadanos, los cosacos dispersan a los manifestantes  a tiro limpio, descendiendo unas interminables escaleras por las que hay tiempo a subir, a bajar, a que una madre pierda a un hijo, vea cómo la multitud le pisotea, retroceda en su busca, ascienda la escalera con el hijo en brazos exhibiéndolo al pelotón que desciende y reciba una descarga mortal, o la otra madre que recibe una descarga para que el cochecito de niño rueda escaleras abajo hacia un final predestinado. Y mientras la multitud desciende buscando el refugio en las calles alrededor del puerto, al pie de la escalera, aparecen los cosacos a caballo dispuestos a seguir la masacre.


 

El barco mientras, sabe que va a ser objeto de persecución por la escuadra que procede del Mar Negro, y como los jinetes de Balaclava, pone las máquinas a todo ritmo hacia su fin, a morir matando si es preciso, con la bandera ondeando mientras sea posible, para, en el último momento, obtener la camaradería de la flota, que le deja pasar sin disparar, porque, y ése es el mensaje, ha podido más la solidaridad de clase que la obediencia a una orden criminal.


 

No se nos cuenta que el barco intentó, en vano, obtener refugio en Rumanía, que muchos de los tripulante se instalaron en este país para no sufrir la represión zarista, que los que se entregaron confiados en la clemencia sufrieron 7 ajusticiamientos y 56 prisiones, incluso el líder del comité a bordo, Matiushenko, regresó a Rusia en 1907 con una promesa de amnistía que se transformó en muerte en la horca, y no fue hasta 1917, con el triunfo de la revolución, cuando la mayor parte de los marineros regresaron a su hogar. 
 
La simplicidad del guión permitió a Eisenstein primar los aspectos estéticos y de montaje para conseguir transmitir el mensaje ideológico sin perder ni un ápice de valor artístico con la pieza, la sucesión de rostros en primeros planos, los planos aéreos, los contraluces en el interior, la noche y la niebla, el sol brillando sobre el agua, los picados y contrapicados, y ante todo y por encima de todo, la escena de la escalinata, que fruto del tratamiento de la fotografía por el director se transforma en una escalinata impresionante cuando la real solo cuenta con 39 escalones, la reconstrucción coloca una anchura en la base de la escalera 9 metros más ancha que en la zona superior, de tal manera que amplía su profundidad, y vista hacia arriba se ve la sucesión de escalones en continuidad (192), mientras que vista hacia abajo se ven una serie de terrazas a distintos planos como superficies horizontales donde se mueven los figurantes.

 

El montaje de la obra fue frenético, en sólo 12 días Eisenstein consiguió tener lista su película para su estreno en el Teatro Bolshoi de Moscú el 21 de diciembre de 1925, y cuenta la leyenda que el último rollo lo pegó con su propia saliva antes de comenzar la proyección. Como en todo régimen absolutista o dictatorial, la proyección fue rápidamente tachada de poco fiel al espíritu revolusionario y la Sovkino intentó frustar la exhibición de la película, relegándola a cines de segunda. En un enfrentamiento con el presidente de Sovkino, Maiakovski defendió la obra de Eisenstein de manera vehemente, y tras su discurso, el presidente le preguntó si había terminado, a lo que Maiakovski contestó que “no he terminado y no terminaré durante por lo menos 500 años. Los Shvedchikov (el presidente) van y vienen, pero el arte queda, ¡recuérdelo!”.



 

Si en Francia no llegó a verse hasta 1952 y en Suecia fue exhibida censurada, de forma que se transformó en una película antirrevolucionaria, no fue hasta 1977 cuando se estrenó por primera vez en nuestro “moderno” país.



 

Fiel a las ideas del Proletkult Theater, Eisenstein huyó de los protagonistas y de los actores profesionales, lo importante es el colectivo, las caras de los hombres y mujeres representativos del pueblo, los rictus y expresiones de quien tenía que conseguir llevar a cabo los ideales de la revolución para conseguir un mundo nuevo.