jueves, 13 de febrero de 2014

ALL IS LOST (J.C.Chandor, 2013)


ALL IS LOST (J.C.Chandor, 2013)
 


Aquí está la versión marina de Gravity, la versión honesta, la que no juega a los efectos visuales y los fuegos artificiales. Normalmente puede que no hablar de esta película, creo que el parabién generalizado hacia Gravity me impulsa a comentar una película vendida como comercial que, seguramente, va a terminar siéndolo menos ante la ausencia de diálogo. Aquí no quieren trampas, no se usa una calabaza o una pelota para que el naúfrago hable, o no se tienen visiones para alcanzar una salida espacial.
 
http://youtu.be/MrxWfy2U5LI

Uso la palabra honestidad porque Gravity juega a la grandilocuencia, al efecto digital cada medio minuto, a la banda sonora ensordecedora en un lugar donde el sonido no se propaga, porque a cada gran mal surge un mejor remedio, porque imagino que un hombre abordando una nave espacial girando sin control alrededor de la tierra sería desintegrado en cada choque, porque todo me resulta y me suena inverosímil, y en All is lost todo huele a soledad, miedo a morir y resignación, a frío, a humedad, a sed, a verdad.
 


 

 El hombre ante la disyuntiva de luchar o perecer, con las escasas habilidades que le definen como especie, aparte de la inteligencia (y no siempre) y el pulgar invertido, solo en la inmensidad del océano, a la deriva, naúfrago y condenado salvo que ocurra un golpe de suerte. En esta historia interpretada por “our man”, el personaje sin nombre, sin voz, el cuerpo como único referente expresivo, Robert Redford afronta un papel quizás exagerado para su edad, ese afán por aparentar más joven de lo que su cuerpo dice que es puede restar credibilidad a su esfuerzo, pero si ya Chandor realizó una pieza de ingeniería con el guión de Margin Call uniendo situaciones y diálogos chispeantes, con un reparto de verdadero lujo alrededor de la crisis que nos devora pero que aquí era una mera desaceleración, en esta película opta por el minimalismo, y por qué no decirlo, por el verismo, con el uso justo de la música de Alexander Ebert.
 

 

Normalmente cuando pensamos no lo hacemos en voz alta, aquí hay un relato sin palabras, una breve despedida al inicio de la película y nada más, una despedida anticipada cuya acción transcurre más tarde. Y es que la soledad trae silencio, no música, no ruidos infernales para redundar en lo obvio  como si el espectador fuera un ignorante o un discapacitado necesitado de pistas, no como migas, sino como barras de pan. El hombre enfrentado a la catástrofe y sin ayuda técnica, sus habilidades para sobrevivir puestas al límite, como decía el otro, o yo o la nada.
 


 

El hombre y sus circunstancias, quemar las naves o morir ahogado, o las dos cosas….. evidentemente sobra el último medio minuto, pero no podía aspirar a que una película dirigida a un público mayoritario tuviera el final que a mí me hubiera gustado, justo medio minuto antes la historia hubiera sido redonda, tan redonda como el círculo de fuego y la luna que parecen despedir a Redford sumergiéndose en el abismo.
 


 

Y la hostilidad del entorno engrandece a la naturaleza frente a la insignificancia de un hombre (aplíquese mujer en su caso, integremos y no excluyamos en estos tiempos oscuros), no hay referencias místicas ni religiosas, somos lo que aparentamos, frágiles y fácilmente suprimibles, pero la naturaleza nos dio el instinto de supervivencia, morir luchando, aunque en el horizonte, esas nubes amenazadoras sean tan oscuras como las de Take Shelter.