domingo, 26 de enero de 2014

MACARIO (Roberto Gavaldón, 1960)


MACARIO.- No digas que fue un sueño

 

Macario es una película cruel, naif, por momentos ingenua y por momentos sádica. Es la historia del leñador muerto de hambre, con cinco hijos que comen todo lo que se les da, que siempre es poco y que están acabando con la vida y la alegría de Macario y su esposa. A Macario sólo le cabe un deseo, poder decir que algo es suyo y sólo suyo, sin tener que compartirlo con nadie, ni su mujer ni sus hijos, y su mayor aspiración es comerse un guajolote asado él solo (una especie de pavo), a escondidas y sin sus hijos delante.

 
Para satisfacer el deseo del pobre Macario, su mujer robará un pavo en casa de los ricos de la localidad, y aquí empieza la historia de realismo mágico, en su afán por comerse el guajolote se negará a compartirlo con el diablo porque las riquezas que le ofrece sólo servirán para culparle de algo grave a un pobre como él, se niega a compartirlo con el ángel, porque él no lo necesita y sólo quiere de Macario un buen acto innecesario, pero al final tendrá que compartirlo con un viajero famélico, que no es otro que la Muerte.

 
En agradecimiento la Muerte entrega a Macario una vasija llena de agua con la que podrá sanar a los moribundos si ella lo permite, Macario revelará que es buena persona, ve la posibilidad de salir de la pobreza, pero no por ello abusará del don, será generoso con los pobres, aceptará el dinero de los ricos, pero no cuenta con la envidia del médico del pueblo que se ha quedado sin trabajo. Denunciado a la Inquisición tendrá que huir para enfrentarse a su destino de muerte, él, el pobre Macario cuya única malicia fue la de desear comerse entero un guajolote sin compartirlo con nadie.


 

Y es cruel porque Macario, como pobre que es, no tiene derecho ni a disfrutar de su deseo, es religioso al extremo pero será acusado de brujería, no recibirá una palabra de reconocimiento por curar a sus vecinos y nadie le defenderá cuando es encarcelado. Sólo la mezquindad del gobernador le podrá salvar si sana a su hijo, pero aquí es donde la muerte se cobra el precio de la calabaza de agua milagrosa reclamando de todas todas la vida del niño y condenando a Macario.  O puede que esta historia no sea así y sea todo lo contrario, pero para ello tendréis que ver esta película mejicana de 1960, basada en un relato de B.Traven, dirigida por Roberto Gavaldón, fotografiada por el gran Gabriel Figueroa, interpretada por Pina Pellicer, la que hacía de amante de Marlon Brando en El rostro impenetrable, y por Ignacio López Tarso como Macario, un tanto hiératico e inexpresivo, demasiado envarado en el papel de abrumado por el peso de su pobreza.


 
 Compitió contra “El manantial de la doncella” por el oscar del año 1960, junto con el estremecedor aunque un tanto hueco, retrato de un campo de exterminio nazi en Kapo de Gillo Pontecorvo y La verité de Henri Georges Cluzot.  Agradable visión, unos santos inocentes con su momento de gloria, con las imperfecciones propias de una cinematografía más basada en la voluntad que en una verdadera industria. Os dejo con el enlace entero para quien se atreva, no hay mujeres fatales ni melodrama arrasador, aviso