jueves, 30 de enero de 2014

J,ENRAGE DE TON ABSCENCE (Sandrine Bonnaire, 2012)


J,ENRAGE DE SON ABSENCE (Sandrine Bonnaire, 2012)

 

Anclarse en el pasado sólo produce dolor, o aumenta éste. Negarse a superar el pasado te anula para nuevas experiencias porque siempre podrás utilizarlo como escudo y como excusa, intentarás convencerte de que todo pasa porque tienes un pasado y no lo puedes cambiar, y siendo cierto que el pasado es importante y no lo puedes cambiar, y te ha hecho como eres en el presente, lo que nadie puede evitar es que cambies tu futuro porque puede que hasta tu imagen del pasado la hayas deformado con el paso del tiempo.
 



“J, enrage” es de esas películas pequeñas, modestas, íntimas, de pocos personajes en lo que es más importante el contexto que el texto, el trasfondo que la imagen evidente, el pasado que el futuro. Cuatro personajes componen la acción, pero son más importantes los ausentes por haber muerto, el hijo y el padre de Jacques, cada uno en su ausencia, enrabietan a Jacques y le anulan. Jacques y Mado formaban una pareja estable y con futuro hasta que un accidente mató al hijo de ambos, pese al amor entre ellos algo se rompió, y el sentimiento de culpa y el peso de la ausencia acabó con su relación y puso tierra de por medio entre ambos.

 



Otra muerte, la del padre francés de Jacques, devuelve temporalmente a Jacques a Paris para aceptar la herencia, desmantelar la casa, quemar los recuerdos y volver a los lugares donde permanece el recuerdo del hijo muerto, lo que era un viaje de punto y fial se transforma en la revisión del pasado, algo que le lleva otra vez al espacio vital de Mado, nuevamente casada y con un hijo. En esta primera parte de la película se concentra lo mejor de la misma, el nuevo acercamiento a su exesposa, la relación que poco a poco pasa de amistosa a obsesiva con el hijo de Mado, quien se transforma en el hijo que no existe, el peligro que la mujer detecta en ese comportamiento de Jacques y los problemas de convivencia que puede ocasionar en su nueva vida.
 



William Hurt vuelve a recrear un personaje melancólico, de tristeza infinita, de futuro inexistente solamente volcado en una necesidad ficticia, la de hacer suyo a ese menor como si fuera lo que le falta desde hace diez años. Es como si el personaje de “El turista accidental” hubiera envejecido 25 años y volviera al estado de postración y resignación derrotista que aparentaba, acrecentado por el peso de la edad, pero la historia tambalea cuando el deseo se convierte en obsesión y lo que hasta entonces era un desarrollo lógico se convierte en un exceso increíble.

 



Se extiende en demasía esa segunda parte de la película con esa relación poco realista del menor con el hombre triste y más aún con el espacio escogido y tanta renuncia poco justificada a todo por parte de Jacques. Cuanto más omnipresente se hace el personaje de Jacques, más fortaleza toman los de Mado (Alexandra Lamy) y su nuevo marido (Augustin Legrand) que en las breves escenas que aparecen, reflejan a la perfección que los acontecimientos les superan y les ponen frente a una situación de evidente incomodidad que va a lastrar su relación futura.
 


Otra película de infinita tristeza, muy bien presentada y muy bien iniciada por la directora, actriz referente en el cine de Pialat, Rivette o Chabrol en su momento y desaparecida de nuestras pantallas, que pierde aire por las costuras de su alargada parte central y final, para conseguir un golpe de efecto sin conclusión explícita en la última escena, la violencia como único lenguaje admisible cuando todo está en juego, hijo, mujer, vida, familia, y la aceptación del castigo como consecuencia de un acto egoísta y sin sentido, no puede decirse que fuera un mal acto el de Jacques, pero las consecuencias de la persistencia solo podían conducir al naufragio, no sólo del protagonista, que hace tiempo que yace a la deriva y sin posibilidad de rescate, sino de los invadidos en su intimidad por el naúfrago.
 


Una curiosidad, la directora, Bonnaire, y el actor Hurt, fueron pareja real y tienen hijos en común, demasiado perverso pensar que estamos ante un ajuste de cuentas personal, pero ¿Quién sabe?