lunes, 27 de enero de 2014

EL LOBO DE WALL STREET (Martin Scorsese, 2013)


EL LOBO DE WALL STREET (Martin Scorsese, 2013)
 


La parodia suele tener un éxito de taquilla tras otro, del mismo modo que lo hortera, lo chabacano y lo “barato” alcanza los más altos rating de audiencias televisiva y de recaudación en taquilla, como si cuanto más bajo se cae más se reconociera el espectador en el mundo de la basura, y esa basura puede proceder de las altas esferas y de los bajos fondos. Pero no adelantemos que esta última obra de Scorsese es una parodia, ni tan siquiera una comedia, aunque haya parodia, gente hortera y chabacana. Sigamos.




Puedo reconocer que me he reido, puedo reconocer que he vuelto a ver latir parte del talento narrativo y visual del gran Scorsese, pero ¿qué es lo que falla entonces?. ¿Será la propia referencia autoparódica de su propia obra la que desinfle la historia? Para hablar del estilo Scorsese nada mejor que remitirse a un genial documento de finales del pasado año. Una cadena televisiva en inglés decidió homenajear a la navidad simulando que grandes directores filmaban un spot sobre una escena navideña.  Ahí están von Trier, Allen, Anderson, Lurzmann….. y sobre todo Scorsese, que en 20 segundos queda retratado en su arte, y, en definitiva, en su parodia.




Y esta película es tan excesiva como extremadamente larga, tan minuciosa como reiterativa, tan graciosa como irrelevante, tan trascendente como cargante, tan retratista como insuficiente en su análisis, tan fiel a un mundo como escasamente comprometida. Y es que de quien ha realizado obras como la trilogía de la violencia urbana y social de Taxi Driver, Malas calles y Toro Salvaje, quien ha retratado a la mafia de manera tan absorbente como en Godfellas, quien ha unido mafia y negocio de apariencia legal en Casino, quien ha recogido con guante de seda una historia de deseo y traición como La edad de la inocencia, siempre se espera, y se exige, algo más.


 

Y es que Wolfi (así le llaman sus seguidores), se comporta como un nuevo Mesías, pero con escasa gracia y estilo, aunque mayor predicamento que el original, siempre el dinero ha movido más masas que las convicciones, aunque puede que menos que las religiones, ya que éstas mueven a los desheredados y la riqueza no es algo que haya de extender porque perdería gran parte de su atractivo que muchos pudiéramos gastar y comprar sin mesura. El abuso de dinero proporciona mucha más satisfacción si es restregado y objeto de exhibición.




Viendo las interminables tres horas de “The wolf of Wall Street” parece que la historia cojea, que se sostiene en el aire a merced de cualquier soplo que la termine de derribar. Como dice el personaje en un momento de esos en que se rompe la cuarta pared y nos ilustra personalmente, no se va a molestar en explicarnos cómo uno se hace multimillonario porque no lo íbamos a entender, a lo mejor quien no lo entiende ni lo sabe explicar es el propio Scorsese, que opta, ahora si toca, por la parodia. El gag eternamente alargado pierde toda su gracia, la primera disputa conyugal con su segunda mujer a cuenta de un sueño en que di Caprio mienta “Venice”, el episodio del naufragio, la interminable escena del consumo de unos ludes caducados y de afamado efecto psicotrópico son ideas ingeniosamente planteadas como momentos de comedia que, al alargarse innecesariamente, pierden parte de su atractivo.




Di Caprio también parece una parodia, en ocasiones de si mismo, de ese personaje pasado de vueltas de Django, pero sin ningún peligro en su exceso, no es el Pesci de Godfellas ni de Casino, pero también parece una parodia resultante de mezclar los genes de Nicholson con de Niro, cuando estos dos eran permanentemente elogiados antes de convertirse en comics de si mismos. La presencia de Jonah Hill no hace sino redundar en esa idea de intento de comedia, pero la comedia de asuntos serios puede provocar otra reflexión, ¿es digno de risa saber que esa banda de hijos de puta “White collar” esquilman recursos públicos o de ciudadanos de escaso nivel bajo artificios contables y financieros?




Entre los momentos notables se encuentra la clase financiera que, otra vez, en una sola escena y van unas cuantas en doce meses, Matthew McConaughey le brinda al novato di Caprio en su primera aparición en Wall Street, el negocio está en conseguir que quien gana dinero con la bolsa no lo recupere, porque entonces el dinero sale del sistema y los que pierden son los brokers, hay que convencer de reinvertir hasta que el incauto lo pierda todo, sobresaliente en menos de diez minutos el renacido Matthew.  Esta escena, y la vuelta del agente del FBI a su casa en metro tras haber conseguido acabar con el delincuente financiero son lo mejor de la película, una al principio y otra al final, la educación del lobo y las consecuencias de tanto lobo de colmillo retorcido, un mundo de pobres alienados del trabajo a casa y de casa al trabajo.

 

Por el medio van cayendo fiestas, orgías, prostitutas, sexo, alcohol, drogas, drogas, drogas por kilos sin que la salud de los lobos de la camada se vea afectada, cosa notable por cierto, tanto consumo y tanto rendimiento en operaciones de tanto riesgo y con tanta exigencia sexual por medio. Lamentablemente la mujer sólo ostenta el papel de florero en esta historia, ya sea porque se basa en el libro publicado por el propio Jordan Bellfort ( the wolf) y la historia es autocomplaciente y mitificadora, ya porque la realidad de ese mundo de canallas es así, las mujeres que salen en pantalla sólo ofrecen su cuerpo como otro trofeo más de los triunfadores de pacotilla. Se convierten en prostitutas, tanto las que se reconocen como tales, como aquéllas que se unen al grupo, pues en el fondo, como aquellos, sólo buscan dinero y formas de gastarlo, venga de donde venga.

 

El tándem di Caprio-Scorsese no se encuentra a la altura del mítico De Niro-Scorsese, pero ante tanta imperfección y exceso, el auge y caída de Bellfort, si es que se puede llamar caída a tan mínima consecuencia y la puerta abierta para seguir haciendo lo mismo, no es lo peor que ha hecho Scorsese en la última década larga. Aunque la pregunta que me ronda la cabeza tras ver la película sería ¿necesitas rodar esto y porqué? ¿qué aporta a tu carrera o a tu cuenta corriente? Si se rasca el brillo de la superficie lo que se encuentra es óxido y roña, bajo la capa de purpurina no existe sino decadencia. Me lo he pasado bien, pero me lo hubiera pasado mejor con hora y veinte menos de rodaje, me han gustado algunas escenas propias de un genio del cine, a las ya citadas, por ejemplo, el debate dialéctico y mordaz en el yate de Bellfort entre éste y el agente que le sigue los talones, pero hay muchas otras innecesarias, reiterativas, alargadas hasta la extenuación y que rompen el ritmo necesario de la película. La reunión de anécdotas sacadas del libro no conforman una historia sólida y unida, sino que forman meros cuadros de un sainete, como elementos jocosos para ver lo enrrollados que pueden ser estos canallas, sobre todo si queman dinero ajeno.



 

Señoras estupendísimas, gañanes con trajes de Armani, coches de escándalo, casas como castillos, dinero a espuertas en maletas, ricos delincuentes y pobres honrados, pues vaya conclusión, no seas honrado porque tendrás que viajar en metro, y además luego harán una película del bufón graciosillo y millonario para que se te haga simpático en vez de pudrirse en la cárcel como merece, porque además de delincuente, es un cobarde y un traidor, como todos los de su especie, en ese mundo ni los amigos son amigos.