sábado, 4 de enero de 2014

DOCE AÑOS DE ESCLAVITUD (Steve McQueen, 2013)


DOCE AÑOS DE ESCLAVITUD (Steve McQueen, 2013)

 


Si que esperaba con interés este estreno después de ver las dos películas anteriores del director, más intensa e interesante “Hunger” que “Shame”, pero captado por la mezcla de sensaciones desasosegantes de su cine, relaciones enfermizas, mentes con recovecos, el cuerpo como ensayo de la rabia y la desesperación, pero de esta nueva película casi ni se puede decir nada malo ni nada bueno. Viéndola me preguntaba cuántos otros directores habrían conseguido el mismo resultado con el mismo, o menor, conjunto de medios.



Si dijera que esta película me recuerda a ver las películas “serias” de Spielberg es posible que se me entendiera mejor, factura impecable, interpretaciones rigurosas, recreaciones históricas….. pero ¿y el fondo? Viendo las penurias de Solomon me pasa como cuando veo las injurias y barbaridades que sufren los judíos de “La lista de Schindler”, me quedo indiferente, me parece todo tan visto y revisto que nada me emociona ni nada me implica en la historia.



Sentado que cada cuál al menos conoce que la película trata de la historia de un violinista negro raptado y secuestrado con una falsa oferta de trabajo para ser esclavizado desde los estados más liberales del Norte a los esclavistas del Sur, el desarrollo de la historia lo podemos vislumbrar desde el principio, imaginamos que cada cierto tiempo veremos una paliza, un castigo exagerado, un acto de rebeldía interior, sabemos que Solomon tiene que pasar algún episodio donde su vida se salva de manera providencial, que será testigo de muertes caprichosas, que en el camino de esclavitud se cruzará con amos sensibles, con verdaderos psicópatas, con celos y envidias y que al final habrá un final feliz.



Todo eso ocurre, todo eso se ve venir y el más terrible fallo de la historia o de la forma de contarla es que no consigues empatizar con el sufrido esclavo, su posición de mero superviviente, esperando la ocasión, con paciencia y poca desesperación exterior, de que alguien consiga transmitir su paradero a su familia, nos coloca ante un personaje en muchas ocasiones autista ante lo que le rodea, del mismo modo que tratándose de una película sobre la esclavitud, el eje central de la película es fagocitado por un personaje blanco, el terrateniente interpretado por Michael Fassbender fagocita la película como en Django desencadenado Di Caprio absorbía toda la historia tras su aparición.



Cuando el entorno se vuelve más trascendente, más interesante, más rico y complejo que el protagonista, la desconexión se vuelve absoluta, empiezas a moverte en la butaca y a  decir, “ya queda menos para que le liberen, para que aparezca el sheriff salvador con alguien del pasado”, y es que la película está en los esclavistas en vez de en los esclavos, los sentimientos a explorar los encarnan perfectamente el matrimonio formado por Fassbender y su mujer, esa cópula imperfecta que satisface todas sus frustraciones mediante el uso y abuso de los esclavos ante su impotencia para enfrentarse personalmente los dos.


 
NO era la película que yo creía que podría hacer McQueen con un tema tan inhumano, no creí que doblaría el espinazo ante el gran producto industrial, y es que quizás ha tocado el oro demasiado pronto y veremos si es capaz de volver al origen, a mi esta película me ha parecido prescindible, de las que ni molesta ver ni perjudica no ver, nada nuevo, ni estética ni formalmente, y frente a Spielberg, al menos no tenemos que sufrir los crescendos melodramáticos de original ni el abuso musical por parte de John Williams para remarcar los “momentos”. Un pinchazo en toda regla