domingo, 5 de enero de 2014

CUANDO CREÍAMOS EN LOS REYES MAGOS (La mujer y el monstruo, 1955)


CUANDO CREÍAMOS EN LOS REYES MAGOS
LA MUJER Y EL MONSTRUO (Jack Arnold, 1955)



A poco que en tu familia no hubiera serios problemas, desgracias continuas, maltrato….. la infancia la recordamos como un momento de felicidad constante, el descubrir y el juego formándonos. Por eso, imágenes de la niñez que hayan conseguido perdurar en nuestra memoria conseguimos que vuelvan una y otra vez, y aunque nos pellizque la nostalgia del tiempo pasado, de Long Jhon Silver, del país de nunca jamás, aún por unos segundos volvemos a sentirnos niños. Confieso que esta película debí verla con 7 u 8 años, justo después de un partido Inglaterra-Francia del entonces 5 naciones, cuando todavía se televisaba como una tradición en la única televisión de entonces, con aquellos nombres de leyenda, Twickenam, Parque de los Príncipes, Cardiff, la selección del cardo, los hombres de la rosa……….

 
Y me quedé embobado. Al volverla a ver uno se da cuenta de que ha perdido toda la inocencia, que cuando la vió por primera vez ni se fijó en las piernas de Julie Adams, ni le pareció erótico el baño en la laguna negra, y hasta el monstruo le pareció peligrosísimo, y visto ahora, da hasta un poco de pena, luchando por su hábitat y porque los humanos no invadan el Amazonas. Veías esa película y te decían que era Brasil, y no te llamaba la atención que todos los rótulos estuvieran en castellano, considerabas normal que los primeros que murieran fueran los indígenas, cuatro, que para eso eran inferiores frente a los científicos, pues en las películas de Tarzán siempre despeñaban a un par de porteadores negros cuando atravesaban el desfiladero, o a quien primero mataban los caníbales o el león era a otro pobre africano, tampoco te sorprendía lo bien que se veía a más de 30 pies de profundidad, o como el agua de los afluentes del Amazonas era más limpia que la de la bañera de tu casa. Eras niño, qué demonios, y la imaginación te permitía eso y más. Te permitía hasta pasar un miedo intenso a partir de ver “La mujer y el monstruo” cuando te metías en la piscina solo o cuando te bañabas en el río Pisuerga durante el verano, y es que en poco tiempo vi esta película, y después llegó Tiburón, Orca la ballena asesina, Tentáculos……… y aunque todos eran bichos marinos, a mí el agua me parecía toda igual y te podía salir la fiera por cualquier lado.


“La mujer y el monstruo” título español de “La criatura de la laguna negra” es una película de Jack Arnold de 1955, eso que se ha venido a llamar un “artesano” del cine de serie B, esas películas de escasísimo presupuesto, normalmente de calidad justita y que se hacían tanto para conseguir un rendimiento económico rápido como para mantener trabajando a los integrantes de los estudios. Entre tantos cientos de películas pueden surgir obras maravillosas, como las rodadas por Ulhmer y su “Detour”, los westerns de Boetticher, las series de monstruos de la Universal, o ésta misma, la historia del pobre anfibio humanoide que ve perturbada su solitaria existencia en plena naturaleza por la ambición del científico de turno, unos más naturalistas que otros, pero todos en busca de fama y reconocimiento. A fe de ser veraz, el disfraz visto ahora es más risible que aterrorizador, incluso dentro del agua no vemos a un ser especialmente ágil nadando, eso sí, debe tener la piel como un elefante o como un rinoceronte, porque es arponeado varias veces y los arpones no consiguen penetrar en su cuerpo.

Como toda bestia enseguida se obsesiona con la bella, y es que, ¿qué sería de la naturaleza sin el sexo? Una Julie Adams todo glamour en plena jungla, con unos minishorts que permiten lucir pierna y palmito y que uno no sabe cómo pasaría la censura de la época, haciendo de novia de científico, pero también investigadora, pero que ha ido a la selva amazónica como quien se encuentra en Saint Tropez o en la costa amalfitana, con sus modelitos para estar ideal, con sus bañadores de exhibición que no me extraña que nuestro querido monstruo se obsesione con ella y quiera raptarla, como ya hizo King Kong en su momento. Una cosa he de decir, que creo que el director y el equipo desconocen lo que es la selva tropical, es imposible mantener un peinado tan glamouroso en condiciones de humedad del 90 %, ¡que estamos de expedición no de cóctel! Por favor.


Como tantas veces sospechamos que estamos ante la lucha desigual del buen salvaje, el último de su especia, frente al bárbaro civilizado, del héroe romántico que pretende hundir el barco en el que navegan nuestros expedicionarios, o impedir su huida mediante la colocación de un dique en la salida de la laguna con un par de troncos pillados por ahí, que será aturdido con una droga extraida de los árboles de la selva para dejarle medio grogui y que , ay animalico, se asusta del fuego.

Cuenta la leyenda que el productor de esta película se encontraba en una fiesta y oyó al excelso Gabriel Figueroa contar una anécdota maya o azteca, donde una tribu calmaba anualmente a un ser anfibio mediante el sacrificio de una virgen, y de esa historia surgió la idea de rodar esta otra, en 3D, tanto que ahora se habla de la revolución de este sistema que se inventó para marear al personal, de ahí que haya tanto arponazo en primer plano, y no debió de ser mal negocio cuando dio para rodar otras dos secuelas, en una de las cuáles se puede ver a un jovencito Clint Eastwood.


Qué quereis que os diga, no la vi con los mismos ojos que antaño, las referencias a las mujeres son machistas, la chica es el cebo sexual para todos, no sólo para el monstruo sino para los ocupantes del barco, la mayoría de los actores son limitados, pero me ha encantado tanto como cuando la ví por primera vez, no he vuelto a ser niño, pero he recordado esa época, cuando nos creíamos los mejores y cuando toda historia nos daba para imaginar otras veinte. Sobre todo y ante todo, recomiendo las escenas acuáticas, tan parecidas a las que recordaba de Tarzán y Jane que creo que en cualquier momento, en vez del querido monstruo va a surgir el famoso cocodrilo de cartón con el que Tarzán daba vueltas, eso si, en un agua transparente y de manantial. Pero me parece tan buena y encantadora película que por eso la comento y a quien se atreva a llevarme la contraria le parto las piernas (es un decir, claro, que la gente luego se lo cree)