sábado, 18 de enero de 2014

ARRAIANOS (Eloy Enciso, 2013)


ARRAIANOS (Eloy Enciso) 
 
 
A duras penas se abren paso, poco a poco, contra viento y marea, sin apoyo público y escaso eco entre los espectadores, apuestas visuales que, de manera sorprendente, empiezan a calificarse por cierto sector de la crítica como cine para festivales.  Sea cual sea el futuro de este cine, algo que nadie puede predecir, la realidad es que autores españoles están obteniendo éxito internacional mientras en nuestro estado son ninguneados. Arraianos es uno de estos ejemplos, como Albert Serra, Mar Coll, Alberto Morais, Judith Colell, Lois Patiño, María Dueñas, Oliver Laxe, León Siminiani y muchos más. El empeño de los autores, la complicidad con pequeñas distribuidoras independientes que resisten la desleal competencia de las “majors” y el romántico empeño de un puñado de exhibidores que siguen pensando que el cine no sólo es negocio, sino una forma de resistencia, permiten, de vez en cuando, poder ver estas obras en la pantalla de un cine y no en el sofá de nuestras casas.
 

Arraianos en cine en la frontera, en el fondo el título deriva de la zona galaico-portuguesa conocida como “A raia”, la raya, la marca, la frontera, el lugar donde todo es permeable y donde el cambio es más difícil. No estamos ante cine fácil, ni mucho menos, lo dice el director, “ruedo las historias para que el espectador haga su película”, y ahí estamos, ante la pantalla desfilan personas y personajes, mezclando lo real con lo realista y con lo verdadero, algo que no tiene siempre por qué coincidir, ya que lo real puede no parecernos realista, y así el diálogo inicial es todo menos realista pero es real dado que se desarrolla ante nuestros ojos, aunque puede que no sea verdadero porque es la reproducción del diálogo que aparece en la obra O bosque del dramaturgo Jenaro Marinhas y en el que se ha basado el director para rodar su película.



 

Arraianos cruza la frontera varias veces, de la realidad a lo que puede ser una realidad ficcionada o a una ficción realista, los paisanos del director desfilan, hieráticamente ante la pantalla, formando composiciones visuales de gran belleza con el paisaje o la luz como protagonistas, envueltos en la niebla invernal, o azotados por la lluvia, quemados por la nieve o arrasados por el fuego que consume el bosque. Si hubiera que calificar en un género la película de Ely Enciso sería imposible, es documental pero no lo es, es poesía visual pero no solo eso, es lo que se ve pero también lo que se imagina, es un elogio a la vida rural y apartada, pero también es el reflejo de la necesidad, la dureza y el abandono que esa vida provoca, las agresiones al bosque son internas y externas, la quema del bosque se produce desde dentro y los aerogeneradores vienen de fuera, nadie es extraño ni ajeno al deterioro de ese paisaje idílico y salvaje. Impresiona ver en imágenes lo que ya hemos visto en fotografías de Sebastiao Salgado o Cristina García Rodero, esas mujeres que buscan su refugio en el luto y la iglesia, esos hombres que lo buscan en la cantina al son de canciones lastimeras de amores imposibles , composiciones que recuerdan la crudeza de la España negra de Gutiérrez Solana pero rodadas en pleno siglo XXI.




 

Este cine es de resistencia, lo dice una de las comadres del comienzo, hay que luchar, siempre luchar, aunque no se sepa para qué ni porqué, resistencia contra lo que no está de moda, resistencia contra el que quiere imponer un tipo de vida distinto y resistencia para poder abandonar esa vida y ese bosque si es posible, al final, a la vida no vienes, sino que te empujan, y si no ahí está el nacimiento del ternero, querrás o no, pero no te van a preguntar si quieres ni dónde te toca dar la cara. Arraianos, otro ejemplo de cómo se puede hacer  buen cine en España, aunque lo vaya a ver poca gente porque sea, precisamente, cine español que no procede de factorías televisivas, o porque no cuenta una historia sino muchas que hay que tratar de descubrir. Eloy Enciso a seguir y CineBinario Distribución a continuar con este camino, “Nana”, “Dragonslayer” y ahora “Arraianos”, tres grandes pequeñas películas en un año, enhorabuena.