martes, 31 de diciembre de 2013

LA DOBLE VIDA DE VERÓNICA (K.Kieslowski)


LA DOBLE VIDA DE VERÓNICA (Krzysztof Kieslowski, 1991)

 Ultima entrada del año, para mi muy especial.



Algunas veces busco alguna declaración o entrevista del director buscando qué intentaba contar en su película para ver si he coincidido con su mensaje, si me aclara algo que no he entendido, si me aporta algún dato sobre detalles escondidos o desconocidos. Pero hoy no, hoy quiero escribir con plena subjetividad, sin rigor, con el corazón abierto, todavía hoy enamorado del rostro de Irene Jacob cuando vi esta película el año de su estreno.



Para un ateo volver a Kieslowski de vez en cuando supone redescubrir liturgias y ritos olvidados por el tiempo y que se encuentran en el sustrato de nuestra cultura, mal que nos pese. No se cuántas veces he visto a Verónica andar por Cracovia o por París, alzar su rostro y dejar que el sol de otoño caliente, con sus últimos rayos, esas perfectas facciones.




Cada visión permite aumentar el número de significados, pero también de posibilidades. ¿Y si todos tuviéramos un doble en alguna parte? Un doble que, además, experimentara por nosotros y nos enseñara, de manera subconsciente cuáles son los peligros y las bondades de la vida para ahorrarnos dificultades. No sabemos que existe, pero sentiríamos una presencia o una cuerda que se rompe el día que falte, perderíamos un asidero y una referencia.Como todo lo que se ve a través del espejo, siempre permite dudar si lo que vemos es nuestro reflejo, nuestro reflejo deformado u otra realidad en otra dimensión



Si no fuera Kieslowski el director, del que es imposible no conocer su catolicismo atormentado, y fuéramos vírgenes a la primera visión de esta película, quizás pensáramos en una historia sobrenatural de ecos y resonancias que perduran en el tiempo y ayudan a una persona concreta que permanece en el tiempo pero no en el espacio. Veronique cuenta con la ayuda de Veronika, pero ella no lo sabe, sólo se sienten, han nacido el mismo día, en lugares distintos, han tenido vidas distintas y separadas, pero hay una fina cuerda que las mantiene unidas en sus experiencias. Si una ama la otra sabe cómo amar, si una se enamora la otra sabrá de quién enamorarse, si una ama la música la otra vivirá de la música de la forma que no le haga daño.



Somos marionetas, pero, ¿se puede ser capaz de vivir sabiendo que tu vida está ya determinada de antemano y no hay forma de cambiarla? ¿Y si Kieslowski ha hecho una adaptación católica de la tradición cristiana en esta película? ¿Y si Verónica no deja de ser el hombre hecho a imagen y semejanza del dios creador, y si la Verónica que muere es aquélla que muere por todos nosotros para redimirnos? ¿Rebuscado? No lo se, se me ha ocurrido en esta última visión de la película el día de fin de año, no obstante la película empieza un día de Navidad, luego la conexión cristiana no me parece tan descabellada, Verónika no muere a los 33 años ni en ninguna cruz, muere en pleno goce interpretando una delicia de melodía, melodía que traspasa a Veronique.




Con esta película Kieslowski se trasformó en un esteta, su decálogo era duro, frío, imágenes grises en un país gris y ferozmente atenazado por la dictadura, pero Verónica, y después la trilogía de los colores supuso un cambio formal, que no de fondo, en la obra de Kieslowski, el azar, la sensación de pecado, el castigo, la posibilidad de redención, siguen en su cine, pero a esas imágenes les añade un esteticismo fotográfico deslumbrante, un uso del color (sobre todo el rojo) apabullante en determinadas escenas y una música que subraya determinados efectos dramáticos pero que convierten a Zbigniew Preisner en un referente unido, pero con vida propia más allá del genio polaco, a Kieslowski.




Como la marioneta rota de la que surge la mariposa, unos mueren para que otros surjan con mayor esplendor, Verónica muere feliz traspasando su saber a Verónica, cuando ésta toma conciencia de la dualidad es inevitable el shock, pero del shock se pasa al amor porque el sacrificio no ha sido en vano. Kieslowski murió antes de tiempo, es posible, al menos para los que le descubrimos cuando los franceses le empezaron a dar dinero para rodar, pero su cine es permanente, da lo mismo tu ideología, tu forma de pensar, cuando estás ante el arte con mayúsculas éste puede ser una catedral gótica o una película de Dreyer, la religión no importa, porque cada uno nos emocionamos de distintas maneras.


A mi me sobrecoge la fragilidad de Irene Jacob a lo largo de la película, su progresiva conciencia de estar viviendo una vida más allá de la muerte, ser el objeto de una resurrección de alguien a quien no ha conocido pero con quien se ha cruzado, me sobrecoge cómo llora y cómo ama, cómo mira al cielo buscando respuestas cuando éstas están en la tierra. Hoy que acaba el año, recupero a Verónica, que la disfruten tanto como yo, será buena señal de su gusto, o mala señal para el mío si no se emocionan con ella.

 

 

PATRIMONIO NACIONAL.- Jean Castejón. TORRES E COMETAS. Gonzalo Tocha


TORRES E COMETAS (Gonzalo Tocha, Portugal, 2012)

PATRIMONIO NACIONAL (Jean Castejón Gilabert, 2013)
 



Entrada por partida doble, clausurando crónicas del festival “márgenes” ya que no voy a tener ocasión de ver más películas de las que se exhiben on line, ambos “documentales” hablan de la memoria, pero desde dos puntos de vista completamente distintos y distantes.



TORRES E COMETAS es un trabajo para aprovechar la capitalidad europea de Guimaraes, por razones que se desconocen por quien escriben, el punto de partida es muy similar al de Oliveira en su participación en “Centro histórico”, y sigue esa ligereza en la exposición y un acusado sentido del humor, para superar al reconocido director portugués usando el mismo molde. Guimaraes pasa a convertirse en un personaje del documental de mano de sus habitantes, es la más bonita ciudad de Portugal, la que tiene la gente más apasionada, la que mejores iglesias tiene, la más bonita catedral, las mejores fiestas, la mejor montaña….. y de ser tan buena en todo, la socarronería del director se hace evidente, incluso cuando se rompe el equipo de sonido al entrar en un lugar sagrado. En el reflejo de la ciudad se mezcla muy bien lo profano y lo sagrado, la tertulia libertaria de la librería con la procesión  del santo de turno, la fiesta de la República junto a la exposición de la momia del santo local, y todo ello con un peculiar sentido del humor reflejado en los dos últimos minutos, donde el director aguanta en vilo la hipotética espada del rey Alfonso Henriques, el creador de Portugal, agotándose en el esfuerzo y poniendo en evidencia la realidad de esas leyendas de batallas interminables, de santos incorruptos y, también , de estados de bienestar caducos en los que los políticos siguen dando discursos en público sin que la ciudadanía estalle.

 
 

PATRIMONIO NACIONAL  es una obra sumamente inteligente, formalmente muy arriesgada y que nos pone en evidencia como españoles y como ciudadanos del mundo. Son apenas 40 minutos de memoria, de un prólogo sobre naturaleza, de un entorno bello de bosque y montaña, en la que el hombre cae y se vuelve a levantar, cae y se vuelve a levantar, porque ¿conoceis a algún hombre capaz de no hacer daño?. La historia continua, sin voces que nos guíen, con la lectura de un texto de Victor Hugo, “Pour la Serbie”, con imágenes reconocibles de nuestra guerra civil, uno piensa si se tratara de algún texto de Malraux, pero no, que imágenes y palabras confluyan en el contexto no significan nada más que la guerra es igual de sanguinaria en todas las épocas. El desarrollo de la sucesión de imágenes nos traslada a la venganza del vencedor sobre el vencido, de Franco sobre la República, de la construcción del espanto que rememora la victoria de unos españoles sobre otros, demostrando con palabras y evidencias de la época, que esa basílica no se construyó para honrar a todas las víctimas, sino sólo a las de un bando, y finalmente, el desenlace provocador y, porqué no decirlo, la plasmación de una realidad infamante y descorazonadora, una excursión de cuatro adoelscentes que no saben dónde están ni lo que significa, que van al valle de los caídos como quien va de barbacoa, que se hacen fotos frívolas en cualquier lugar, que salvo una no entran en el interior y desconocen lo que el monumento significa y contiene, con la locución de una audioguía que recuerda que nos encontramos ante un edificio gestionado por el patrimonio nacional, es de todos, pero solo pertenece a unos pocos.

lunes, 30 de diciembre de 2013

NYMPHOMANIAC VOLUMEN I (Lars von Trier, 2013)


NYMPHOMANIAC PRIMERA PARTE. (Lars von Trier, 2013)




La pedrada que debe tener este señor en la cabeza parece importante, de hecho, el mejor reflejo de su persona que creo que se ha logrado es el “celebrities” que “Muchachada Nui” le hizo en su momento. Me repatea hasta los higadillos que utilice su arte para promocionarse con polémicas imbéciles, tratando de epatar sin necesidad y de pretender aparecer como un “enfant terrible” cuando uno supone que se trata de un ejemplo más de burgués occidental más preocupado de su cuenta corriente que de su reconocimiento artístico.


 

NO voy a valorar la película hasta que no la vea completa, o todo lo completa que el encargado de caja von Trier ha decidido exhibir en salas dejando parte de material para lo que, seguramente, será otro lanzamiento con falsa polémica, en DVD con el “director,s cut o uncut”, y es que este tio es listo, o el público es muy imbécil con las polémicas generadas por von Trier.




Vaya por delante que su cine me suele gustar, me suele interesar, que “Europa”, “Rompiendo las olas” o “Bailando en la oscuridad” (pese a Bjork) me parecen estupendas, el Dogma fue el comienzo del marketing teledirigido por parte de este financiero del cine, y “los idiotas” me pareció un reflejo exacto del título, “El jefe de todo esto” una imbecilidad que trataba como tal al espectador que debía aceptar que los planos estuvieran mal encuadrados, mal enfocados, las escenas se cortaran sin acabar….., “El elemento del crimen” no la soporté, “Dogville” me hizo olvidar que trabajaba Nicole Kidman, pero “Manderlay” era una mala secuela larag y pretenciosa, “Anticristo” me produjo atracción y rechazo por partes iguales hasta que salta la vena misógina del último tramo de la película, el zorro se pone a hablar y las mujeres pasan a ser las Erinias, “Melancholía” me encantó y me gustó su estética y su reflejo de la depresión, y la historia del apocalipsis me dejaba indiferente.




Con Melancholía cometió un error de frenada en Cannes con cosas sobre los que las bromas no caben, salvo que las haga Lubitsch en “Ser o no ser”, y esa losa pesará para siempre en su currículo, hasta el punto de que en esta primera parte de Nymphomaniac intenta justificarse por medio del personaje creado por solvencia por Stellan Skarsgard haciendo una distinción entre antisionismo y antisemita que ya no cuela.


 


Es irritante que al comienzo de la película se lea un cartel en el que se diga que la versión es resumida frente a la realizada por el director pero que éste ha consentido que en el montaje se realizara la versión que se quisiera, de un director como von  Trier no es creible que no acabe su obra, que trate a los espectadores como inmaduros y al tiempo el parezca un pelele dejando en manos de la producción su obra. Seguramente se dirá que los productores han eliminado el sexo explícito y visible de gran parte del metraje, me da igual. La película contiene elementos atractivos y elementos discursivos innecesarios por igual, por eso esperaré a ver la segunda falsa parte, una vez roto el nexo de toda obra ya terminada y que no se exhibe de una sola vez, y costará volver a entrar en la historia de una ninfómana (o eso dice) con sentimiento de culpabilidad y que desea encontrar el elemento secreto del sexo.




El contrapunto de Skarsgard a Gainsbourg es fenomenal, el sexo rápido como el arte de la pesca, la aplicación de principios matemáticos, la música de Bach equiparada en su polifonía a tres de los amantes de Jou (muy convincente Stacy Martin), unos errores de casting soberbios dignos del delirio de grandeza y la megalomanía del danés, como poner a los blanditos Shia Leboeuf y Cristian Slatter, el logro de hacer poco reconocible a Uma Thurman en un cameo antiglamouroso pero en una escena de terrible comicidad…… pronto para hacer una valoración, pero una cosa es segura, esto no es una película porno, salvo para los que ayer se congregaron en la misa por la familia católica. Von Trier lo dice al principio de la película, es una historia larga y moralista, o eso se cree él.
 

domingo, 29 de diciembre de 2013

SLEEPING BEAUTY (Julia Leigh, 2011)


SLEEPING BEAUTY (Julia Leigh, Australia, 2011)

 


Fantástico debut de esta directora australiana, película que fue proyectada en Cannes 2011 y que no ha llegado a las pantallas españolas, y que toma como anécdota a desarrollar el libro de Kawabata, “La casa de las bellas durmientes” más el lado oscuro y adulto del cuento de la bella durmiente, pero que nadie piense que estamos ante un cuento, salvo que éste sea de terror.

 



Hay personas sensibles ante las imágenes, las que no soportan la visión de la sangre, de torturas, de decapitaciones, evisceraciones varias…… no es mi caso, lo que veo lo traduzco en recreaciones de la realidad dentro de una ficción y esas imágenes sádicas y violentas no me perturban. Y sin embargo, esta bella durmiente, ( la joven protagonista Emily Browning está sobrada de belleza, despierta y durmiente) no vive un cuento de hadas ni un cuento de violencia expresa y sangrienta, sino  una pesadilla digna de Poe en un mundo de lujo y perversión del que ella es el juguete pero nunca será quien maneje los hilos. Y esas imágenes, asépticas, limpias, esterilizadas, son capaces de hacer más daño y golpear más dentro que todas las cuchilladas que Kruger nos proporcione mientras dormimos.

 



La lucha de clases, la dominación inherente a la misma y la humillación del necesitado frente al poderoso giran alrededor del comportamiento de Lucy, una princesa de barrio o/y de barro que busca un príncipe no necesariamente azul para escapar del camino cuesta abajo que es consciente de estar asumiendo. Lucy es estudiante universitaria, hija de madre alcohólica violenta, comparte piso sin buenas relaciones con los demás ocupantes, tiene deudas, trabaja de camarera, en una imprenta, se presta como cobaya humana de laboratorio, hace de scort por la noche y no duda en prostituirse para obtener dinero con el que mantenerse a flote y ayudar a ese amor imposible que agoniza y con el que comparte cereales con ginebra, y claro está, duerme cuando puede y de día, a veces con ayuda de algún estimulante nasal.

 




Este Leaving las Vegas australiano es más descorazonador y arrebatador que el precedente, no hay drogodependencias ni afán autodestructivo, ni el protagonista tiene suerte de contar con alguien que le ayude y le ame, es la soledad absoluta del corredor de fondo enfrentada a su propia inmolación por desgaste, alcanzando el summum de vejación cuando entra en un selecto club al estilo “eyes wide shut” de Kubrick, en el que están prohibidas las penetraciones y los malos tratos, donde las chicas también pueden escalar en el ranking, desde somelliers en ropa interior, a camareras complacientes o bellas durmientes, todas ellas para recreo, más visual que otra cosa, de un  grupo de septuagenarios y octogenarios llenos de poder y dinero pero impotentes y que, para no sentir la humillación de ser incapaces de tener sexo por dinero, prefieren que las bellas sean dormidas mediante la ingestión de algún tipo de droga, y de esa manera, disfrutar , con el tacto o la visión, de cuerpos jóvenes, complacientes y sumisos, que, cuando despierten, no recordarán nada de lo que haya podido pasar, con lo que los clientes no sólo salvan su identidad, sino su maltrecha virilidad.





La directora plantea la historia como un reto para el espectador en tanto en cuanto nos ofrece la mínima información posible del porqué actúa así nuestra protagonista y del porqué de las cosas que pasan en su vida, cómo es capaz de venderse a cara o cruz o de pedir matrimonio por sorpresa a quien intuimos un antiguo pretendiente. Y en esto que gran parte de la crítica ha denostado por lo que entienden una sucesión de escenas sin sentido, reiterativas y caóticas, reside, para mi, gran parte del atractivo de esta directora-novelista, al igual que Lucy desconoce qué sucede en esas sesiones de sueño provocado, y que van perturbando su equilibrio mental , de por si bastante frágil, el espectador siente una cercanía con la protagonista porque este mismo espectador desconoce si lo que necesita Lucy es amor, dinero, compañía, sentirse útil en definitiva y no una mera superviviente.
 


 
 
Lucy despierta de sus sueños alienada por su propio comportamiento y llena de dudas, las mismas que tenemos ante la visión de tanto horror cotidiano, de tanta vejación gratuita por parte del poderoso. No hay moral ni mensaje bienintencionado en las imágenes, el final nos lo demuestra, son negocios y en los negocios se gana, se pierde, se vive, se muere, se sobrevive. Las ganas de saber por parte de Lucy se revelarán en toda su intensidad, quizás hubiera preferido mantenerse en la inopia,  o quizás a partir de entonces recoloque las piezas del puzle y sea capaz de comprender el porqué de muchos de sus comportamientos.

 



Ahora que todo el mundo habla de Gravitys, de ojos cerrados, de brujas voladoras a mi me da por hablar de cine “invisible”, soy así, ya sabeis que los aficionados a algo tienden a ser unos snobs y pretender conocer más que el resto del mundo, espero que no me cataloguéis así y lo entendáis como una posibilidad de conocer una película ocultada, a la que puede llegarse mediante vías alternativas fácilmente accesibles y que hace no muchos años hubiera estado en cartelera en los circuitos de v.o., o incluso doblada aprovechando el “escándalo” de que su actriz principal aparezca más tiempo desnuda o semidesnuda que vestida en pantalla. Ahora que los cuerpos desnudos se venden tan baratos por internet ni por esas cine como éste consigue ser exhibido, pero no por ello merece ser silenciado.


 

viernes, 27 de diciembre de 2013

LOVE EXPOSURE (Sono Sion, 2008)



LOVE EXPOSURE (Sono Sion, 2008)


Cuando una cultura, como la japonesa, y en general la asiática, es conocida en Occidente a través de clichés y lugares comunes uno tiende a la superficialidad y a lo banal en los comentarios, es difícil comprender la mente y la forma de vida de un tokyota, pero uno puede hacerse cargo de lo duro que tiene que ser la uniformidad, el respeto y la obediencia por sistema, el no traspasar la raya que marca tu camino en estaciones y en las aceras para no entorpecer el paso de los demás.




También hay que preguntarse si es casual que, no sólo en las películas, sino en la narrativa, ahí están los ejemplos de Murakami y Banana Yoshimoto, el tema de las sectas religiosas, su peligrosidad y su violencia, esté tan presente en las obras de los últimos años, pero no conviene perder de vista el atentado del año 1995 con gas sarin en el metro de Tokio, atribuido a la secta de la verdad suprema “om shinri kyo”. El lider de la secta, Shoko Asahara logró a 10.000 fieles en Japón, 20.000 en Rusia y otros tantos en Nueva York, Bonn, y en Sri Lanka.
 
 
El nombre de la secta, Ôm Shinri Kyo, deriva del término hindú Om, que representa el universo, y sigue con los Kanji (ideogramas) Shin (verdad), Ri (razón, justicia), y Kyo (fe, doctrina).  Esta secta toma influencias del hinduismo y del budismo por la rama Theravada, Mahayana y Vajrayana. Nació a partir de la celebración de varios seminarios sobre Yoga que eran el pretexto para hablar sobre la espiritualidad. En 1987 el grupo de Asahara obtuvo el estatus oficial de religión de manos del gobierno japonés. A partir de entonces fue creciendo el número de fieles, en su mayoría estudiantes, que eran captados a la salida de las estaciones de metro mediante preguntas sobre la existencia. La evolución para decidir convertirse en un movimiento violento para los no creyentes, pronosticar el fin del mundo para 1997, acabar con la vida de una docena de personas en 1995 y atribuírsele la muerte con gas Sharin en 1994 de siete personas en  Matsumoto se desconoce. Su líder fue condenado a morir en la horca en 2004.
 

 
Hay por tanto una base de realidad desde la que Sono Sion “vende” su película “Love exposure”, el peligro de las sectas, o de las religiones, o de ambas si es que pueden diferenciarse en sus elementos más dogmáticos, existe en la sociedad nipona, otra cosa es que el reflejo fílmico pretenda demostrar esa infiltración en la vida cotidiana y la pasividad, cuando no connivencia, del poder político. Sono Sion es un ejemplo de “otaku” en el mundo cultural japonés, un friki, un tío que va por libre, que pasa de todo convencionalismo, de todo rigor narrativo y estético para crear sus propias aventuras cinematográficas inclasificables. Su primer gran éxito fue “Suicide club”, acumulando una serie de películas sobre protagonistas juveniles que dieron paso a sus últimas obras con protagonistas maduros pero en el mismo plano de exceso y atipicidad de este “Love exposure”.
 
 

Cualquiera que lea alguna reseña o crítica profunda sobre esta película comprobará que es reiterado el uso de la expresión “obra maestra”, “mejor película del año”, o similar. Pienso que, como todo exceso, está alejada de la perfección, de la maestría, del toque necesario para perdurar y convertirse en un icono fílmico, y a pesar de ello algo tiene esta película cuando cuatro horas de historias no cansan, cuando uno se queda con ganas de seguir viendo las andanzas de Yu y Yoko una vez reconocidos como mutuamente enamorados. Si, cuatro horas es la duración de esta película, drama y comedia, crítica religiosa, intriga, amor fou, adolescencia e inmadurez, retrato del Japón moderno y sus parafilias como las fotografías robadas de ropa interior de mujer, chicas en minifalda y sectas destructivas, dominación y poder, el camino a la perdición provocado por falta de amor paterno, drama familiar, crisis de fe, locura……… en cuatro horas el guión da para mucho.
 

 
Por momentos uno piensa que se encuentra ante la traslación a Japón de un culebrón venezolano, en otros los mismos actores resultan convincentes y emocionantes, el drama  y la comedia se mezclan logrando momentos surreales, en ocasiones parece que Beat Takeshi se ha reencarnado en humor amarillo y se regodea con perfidias varias con su protagonista, a continuación la película se transforma en un “chambara” alocado de tribus urbanas, o en un thriller psicológico con ambientación religiosa donde se masca la tragedia.


Al comienzo de la película parecería que vamos a presenciar una película de episodios marcados y diferenciados, pero esto no deja de ser una broma pesada, no hay capítulos porque lo diga el director, la película fluye en una cantidad tal de tramas y subtramas que no hay capítulo que las diferencie, sino que el capítulo se utiliza para presentar personajes, única y exclusivamente, pero sólo a los personajes juveniles, no a los adultos, o pretendidamente adultos , ya que el motor del mundo gira alrededor de Yu y Yoko, y el personaje demiúrgico de Aya (de lo peor interpretado de la película).
 


Resumir la historia es harto complicado, y no haría justicia al interés e intensidad de la película, discutible en cuanto a grandeza, pero interesante en su exposición y desarrollo por el retrato ácido que contiene de una sociedad ultramoderna pero llena de defectos y soledades. A la muerte de la madre de Yu, que le pide que le presente a su “María cuando la encuentre, como símbolo de un amor puro en un ambiente de una familia católica, el padre se convierte en sacerdote. La tardía vocación paterna desemboca en un énfasis enfermizo por el pecado, de tal manera que Yu se ve obligado a diario a inventarse pecados para que su padre pueda perdonarle y demostrar que es un hijo pecador. A  tanto llega el concepto de pecado en esta película que Yu decide que “María” será la primera chica que le provoque una erección, por eso se convierte en un experto “panty shot”, o vulgarmente “fotógrafo de bragas” y en un referente juvenil ( esta filia por la ropa interior femenina en uso es “muy japonesa”, consúltese en internet si se tiene curiosidad).
 

 
Por perder una apuesta, Yu tiene que salir a la calle vestido de mujer y besar a la primera chica que le guste, amén de la trama lésbica que surge con ocasión de este suceso, aparece Yoko, la “María” que le provoca esa erección deseada al levantar su minifalda una ráfaga de aire y poder ver su ropa interior………..y la película sigue y sigue, una secta se fija en Yu como posible objeto de captación, para eso se infiltrarán en la familia, Aya se hará pasar por la misteriosa que besó a Yoko y con quien ésta tiene sueños eróticos desde entonces, Yu será expulsado de la familia, del colegio, su padre dejará de ser sacerdote, se casará con la madre de Yoko, Yoko y Yu pasan a ser hermanos, la secta se lleva a todos menos a Yu, hay muertes, explosiones, locura, huida y amor…. Y el que haya sido capaz de seguir este breve relato de la trama tiene mi aplauso, pero tan agotador es resumir el argumento a vuela pluma como tentador es ver la película.
 


“Love exposure” juega con el tema de la variación musical, de manera constante suenan las mismas melodías durante minutos y minutos, la música permanece pero varían las escenas, es como un juego de variaciones musicales por los sentidos, usar el Bolero de Ravel en la progresiva decadencia moral de Yu al convertirse en el mejor pecador de su zona, o el reiterado uso del allegreto de la séptima sinfonía de Beethoven en el eje del desarrollo del sentimiento amoroso de Yu hacia Yoko y el conflicto familiar latente de manera permanente.



Estamos ante un cine bizarro y al mismo tiempo sugerente, un cine que parecería ambientando en el Disney Channel pero mezclado con un Gandía Shore cualquiera, un cine que juega con la identidad sexual de sus personajes, que pronto se sienten lesbianas o tienen que travestirse para acercarse a su amada como sienten temor y rechazo hacia el sexo como pecado, un cine que en ocasiones parece una realización televisiva y en otras un profundo relato psicológico y trascendente sobre la inmortalidad o sobre la influencia de las religiones en nuestras vidas.

 

Uno de los mejores momentos es cuando el personaje de Yoko repite de memoria un pasaje bíblico, lo que nos remonta al personaje de Pulp Fiction declamando la Biblia antes de ejecutar a un grupo de ladrones camellos, o si nos remontamos a grandes clásicos como La noche del cazador o El fuego y la palabra, películas con charlatanes que utilizan la religión para ocultar sus carencias personales, y sobre todo es una película donde resplandecen dos actores, uno probablemente desatado por el director, Yu, interpretado por Takahiro Nishijima, y la deslumbrante belleza de Yoko, contenida y explosiva cuando corresponde a una personalidad inestable como la suya, interpretada por Hikari Mitsushima, la esposa del samurái suicida de Hara-Kiri de Takashi Miike, un director con el que guarda muchas referencias estéticas y de contenido esta película de Sono Sion.
 

 

Película para excesos, para una tarde larga de celuloide o de kilobytes, según se vea, terminar diciendo que ganó el premio FIPRESCI en Berlín y el festival de cine asiático de Barcelona en el año 2009, algo tendrá el agua cuando la bendicen, aunque prefiero el vino, pero como experimento contiene cine verdadero, junto con mucho artificio innecesario.

 
 

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