lunes, 16 de diciembre de 2013

MA NUIT CHEZ MAUD (Eric Rohmer, 1969)


MA NUIT CHEZ MAUD




Jean Marie Maurice Scherer dirigió esta película. Sin embargo  su nombre para nosotros fue el de Eric Rohmer, para el que dice la leyenda que mezcló los de Eric (von Stroheim) y (Sax) Rohmer, el escritor de las aventuras de Fu-Man-Chú.

Eric Rohmer fué redactor jefe de la revista Cahiers de Cinema, el icono cinéfilo por excelencia y refugio y catapulta de la Nouvelle Vague, el movimiento cinematográfico que surgió en Francia en los años 50, con una generación de autores como el propio Rohmer, Godard, Truffaut, Rivette, Chabrol que dinamitaron el artificio técnico del cine industrial, participando de los orígenes de la revolución antiburguesa que desembocaría en el mayo del 68. Propugnaron el cine como vehículo de historias íntimas, de mensajes políticos en imágenes, de personas por encima de las invenciones, la imagen y la palabra al servicio de un objetivo reeducador de la sociedad en la que vivían y de la que se sentían partícipes y, al mismo tiempo, capaces de coadyuvar a su evolución y cambio desde estructuras anquilosadas y cerradas.


“Ma nuit chez Maud” se rueda en 1969, primera película de Rohmer tras la primavera del 68, aquel movimiento que invocó la ruptura y la libertad y terminó devorado por sus propias ambiciones, convirtiendo en verdaderos burgueses de nuevo cuño a la mayoría de sus ideólogos y partícipes. En 1968 el cine francés también participó activamente del movimiento social, en febrero se destituyó a Langlois como director de la Cinematheque por diferencias con el ministro de cultura, Malraux, y se produce la primera revuelta cinematográfica pre-mayo del 68, no sólo los directores franceses boicotean la Cinematheque, sino que directores de la talla de Lang, Hitchcock, Losey, Kurosawa, Hawks, Dreyer…. prohíben la exhibición de sus películas en la misma. Posteriormente, durante el festival de Cannes del mes de mayo, los cineastas instan al boicot del mismo en solidaridad con los estudiantes y obreros que han salido a las calles en Paris, y tras este periodo cultural y socialmente convulso se rueda Ma nuit chez Maud por Rohmer.



No es lo mismo pasar una noche con Maud que pasarla en casa de Maud, y es que la traducción española del título conduce a la confusión, parece más cercana e íntima de lo que en realidad es esa noche. Las interpretaciones mayoritarias de la película hablan de la prueba de fuego que para el personaje de Jean Louis Trintignant (Jean Louis) supone superar la noche con Maud sin aprovechar la aventura sexual que se le propone, reafirmando así una especie de combate moral en el que habría salido vencedor pues su castidad no habría sucumbido en aras de mantener una vida cristiana. Personalmente creo que lo que la película retrata es al arquetipo del hipócrita revestido de falso moralista.



Reducido, el argumento de la película trata de la vida anodina de un ingeniero de la Michelín en una ciudad de provincias mortecina, asfixiante y bastante mojigata como Clermont Ferrand. En sus visitas a la iglesia, un día vislumbra un rostro que le seduce, el de la “rubia católica”, a la que sigue por las calles de la ciudad hasta que la pierde de vista. Casualmente se encuentra con un viejo conocido, profesor de filosofía, Vidal, con el que entabla una conversación en la que repasan el historial de seductor de Jean Louis, mezclado con la vida de castidad reciente del mismo y su teoría de la probabilidad matemática de alcanzar una satisfacción infinita apostando a una posibilidad real si ésta se cumple, apuesta que sabemos que es la de encontrar a la rubia católica, pero que también sirve para reafirmar su creencia en Dios, pues siendo mínima la posibilidad de obtener la esperanza matemática de la revelación, la gracia, la ganancia que se conseguiría sería infinita.

 
El amigo, Vidal, decide poner a prueba a Jean Louis, llevándole a casa de otra amiga, Maud, de la que él mismo está enamorado pero de la que sabe que no puede esperar más correspondencia que la de una noche de amor ya pasada, y conociendo a Maud, intuye que ésta querrá tener una aventura con Jean Louis. Maud (Françoise Fabian) representa lo contrario que evoca y repite Jean Louis, es hedonista, liberal, atea, comprende la idea de amor libre si éste no causa daño a nadie, está divorciada y ha sido engañada por su marido con el que mantiene una buena relación, y entabla una noche de seducción destinada a intentar acostarse con Jean Louis.

 
Vidal abandona la vivienda tras preparar el terreno y ambos quedan solos, en una habitación dormitorio en la que él viene obligado a pasar la noche, con Maud en la cama y desnuda, invitándole a compartir el lecho, y a Jean Louis resistiéndose, patéticamente, a disfrutar de lo que es evidente que desea, pese a que en un plano bellísimo, no en balde la fotografía es de Néstor Almendros, Maud, cuando cree que Jean Louis será capaz de pasar la noche en el sillón y envuelto en una manta le susurra “toooonto”.

 
A primera hora de la mañana parece que él no podrá mantener esa pose de católico practicante y entra en la cama, abrazando a Maud, quien intenta aprovechar la situación para verse rechazada de inmediato.
 
 
 
 



A partir de ese momento el Jean Louis frío y distante parece liberarse de una carga y empieza a tratar a Maud con naturalidad, complicidad, humor, como si ahora quisiera seducirla. Ese mismo día vuelve a encontrar a la rubia católica, Françoise, a la que se atreve a abordar en la calle y proponerle una cita. Horas después, en una excursión al monte nevado, Jean Louis no dudará en abrazar y besar a Maud, pese a que sabe que ha conseguido su objetivo de acercarse a la rubia católica. Paseando por la ciudad con  Françoise, ambos se encuentran con Vidal, el cruce de miradas entre Vidal y Françoise evidencia que hay una historia oculta, no se sabe si entre ellos o no, pero Françoise prefiere no hablar de ello, le confesará a Jean Louis que tenía un amante, que era un hombre casado, de tal manera que Jean Louis ve su icono de la rubia católica roto por el mismo pecado del que él trataba de huir.

 
En un plano de belleza extraordinaria la película concluye, cinco años después de esta semana, con unas vacaciones en la playa donde el ya matrimonio de Jean Louis y Françoise se encuentran con una Maud libre, alegre, radiante en sus problemas sentimentales. Otra vez Françoise vuelve a mirar con los mismos ojos con los que miró a Vidal en Clermont Ferrand, baja la mirada y prefiere dejar solos a los dos no amantes. Maud nada dice de lo que ella sabe, y es después, en la arena, sentados Jean Louis y Françoise, cuando aquél entiende y comprende que su mujer era la amante del marido de Maud, el círculo se ha cerrado y Jean François no ha ganado, “mejor no hablemos más de ello” le dice Françoise.




Película sin artificios, personajes hablando de filosofía, de moral, de religión, de relaciones, enfoques que permiten ver a los dos antagonistas en casi todo momento, imágenes desnudas, sin música que cree ningún ambiente, en la representación de un Jean Louis fatalista e hipócrita, como bien le dice Maud a lo largo de esa noche tan personal, “es usted un poco tonto a veces”, no tiene nada claro lo que va a hacer, aunque sostenga verbalmente lo contrario, y eso se aprecia perfectamente en cómo coloca sus brazos y sus manos, protegiéndose de sus acompañantes, se le ve nervioso e inseguro, cómo deja espacio físico entre él y Maud, “¿tiene miedo de usted o de mí?”, o “¿no se controlaba usted perfectamente?”. Porque en el fondo, como dice Maud, es usted un cristiano vergonzoso que se esconde, la gente como usted me hace ser no religiosa, lo que le preocupa es la respetabilidad. No hace las cosas por convencimiento, sino por apuesta, aburrido y hastiado de si mismo ha hecho una apuesta a todo o nada, y no está dispuesto a perderla a las primeras de cambio, no podía imaginar que, en una ciudad anclada en el pasado, la posibilidad de crear una familia como manda la tradición fuera a verse tan prontamente puesta en cuestión cuando él ya tenía su objetivo fijado en la rubia católica.



 

 
 
Pasada la noche en la casa de Maud, el personaje masculino revela otra imagen, no duda en decirle a Françoise que él no tiene principios, que hay que saltarse los principios para saber si merece la pena, pero todo es una pose, un cálculo de probabilidades pascaliano vertido al mundo del enamoramiento, ha apostado por una cosa pero desearía otra, y en el fondo se comporta hipócritamente, quizás sólo él lo advierta porque los demás no conocen su verdadera forma de pensar y de vivir, pero usa a las mujeres porque le ayudan en su progreso moral, aunque realmente su moralidad queda por los suelos, una vez tras otra, porque su moral proviene del cálculo de probabilidades de ganar una apuesta, luego no actúa por verdaderos principios morales, sino por posibilidades de obtener lo que quiere, que no es una vida cristiana, sino la apariencia de una vida cristiana.


En esa noche de Clermont Ferrand sólo hay una persona que progresa moralmente, Maud, que es quien actúa bajo los verdaderos dictados de su conciencia, con la libertad que ella ha escogido con independencia de los resultados futuros, sin apuestas matemáticas, salvo la de vivir. Que viva Maud.

MA NUIT CHEZ MAUD

RODAJE 1969

DURACIÓN 110 minutos

DIRECTOR: ERIC ROHMER

GUIÓN: ERIC ROHMER

PRODUCTOR. BARBET SCHROEDER

FOTOGRAFÍA: NESTOR ALMENDROS

INTÉRPRETES

JEAN LOUIS: JEAN LOUIS TRINTIGNANT

MAUD: FRANÇOISE FABIAN

FRANÇOISE: MARIE CHRISTINE BARRAULT

VIDAL: ANTOINE VITEZ