martes, 31 de diciembre de 2013

LA DOBLE VIDA DE VERÓNICA (K.Kieslowski)


LA DOBLE VIDA DE VERÓNICA (Krzysztof Kieslowski, 1991)

 Ultima entrada del año, para mi muy especial.



Algunas veces busco alguna declaración o entrevista del director buscando qué intentaba contar en su película para ver si he coincidido con su mensaje, si me aclara algo que no he entendido, si me aporta algún dato sobre detalles escondidos o desconocidos. Pero hoy no, hoy quiero escribir con plena subjetividad, sin rigor, con el corazón abierto, todavía hoy enamorado del rostro de Irene Jacob cuando vi esta película el año de su estreno.



Para un ateo volver a Kieslowski de vez en cuando supone redescubrir liturgias y ritos olvidados por el tiempo y que se encuentran en el sustrato de nuestra cultura, mal que nos pese. No se cuántas veces he visto a Verónica andar por Cracovia o por París, alzar su rostro y dejar que el sol de otoño caliente, con sus últimos rayos, esas perfectas facciones.




Cada visión permite aumentar el número de significados, pero también de posibilidades. ¿Y si todos tuviéramos un doble en alguna parte? Un doble que, además, experimentara por nosotros y nos enseñara, de manera subconsciente cuáles son los peligros y las bondades de la vida para ahorrarnos dificultades. No sabemos que existe, pero sentiríamos una presencia o una cuerda que se rompe el día que falte, perderíamos un asidero y una referencia.Como todo lo que se ve a través del espejo, siempre permite dudar si lo que vemos es nuestro reflejo, nuestro reflejo deformado u otra realidad en otra dimensión



Si no fuera Kieslowski el director, del que es imposible no conocer su catolicismo atormentado, y fuéramos vírgenes a la primera visión de esta película, quizás pensáramos en una historia sobrenatural de ecos y resonancias que perduran en el tiempo y ayudan a una persona concreta que permanece en el tiempo pero no en el espacio. Veronique cuenta con la ayuda de Veronika, pero ella no lo sabe, sólo se sienten, han nacido el mismo día, en lugares distintos, han tenido vidas distintas y separadas, pero hay una fina cuerda que las mantiene unidas en sus experiencias. Si una ama la otra sabe cómo amar, si una se enamora la otra sabrá de quién enamorarse, si una ama la música la otra vivirá de la música de la forma que no le haga daño.



Somos marionetas, pero, ¿se puede ser capaz de vivir sabiendo que tu vida está ya determinada de antemano y no hay forma de cambiarla? ¿Y si Kieslowski ha hecho una adaptación católica de la tradición cristiana en esta película? ¿Y si Verónica no deja de ser el hombre hecho a imagen y semejanza del dios creador, y si la Verónica que muere es aquélla que muere por todos nosotros para redimirnos? ¿Rebuscado? No lo se, se me ha ocurrido en esta última visión de la película el día de fin de año, no obstante la película empieza un día de Navidad, luego la conexión cristiana no me parece tan descabellada, Verónika no muere a los 33 años ni en ninguna cruz, muere en pleno goce interpretando una delicia de melodía, melodía que traspasa a Veronique.




Con esta película Kieslowski se trasformó en un esteta, su decálogo era duro, frío, imágenes grises en un país gris y ferozmente atenazado por la dictadura, pero Verónica, y después la trilogía de los colores supuso un cambio formal, que no de fondo, en la obra de Kieslowski, el azar, la sensación de pecado, el castigo, la posibilidad de redención, siguen en su cine, pero a esas imágenes les añade un esteticismo fotográfico deslumbrante, un uso del color (sobre todo el rojo) apabullante en determinadas escenas y una música que subraya determinados efectos dramáticos pero que convierten a Zbigniew Preisner en un referente unido, pero con vida propia más allá del genio polaco, a Kieslowski.




Como la marioneta rota de la que surge la mariposa, unos mueren para que otros surjan con mayor esplendor, Verónica muere feliz traspasando su saber a Verónica, cuando ésta toma conciencia de la dualidad es inevitable el shock, pero del shock se pasa al amor porque el sacrificio no ha sido en vano. Kieslowski murió antes de tiempo, es posible, al menos para los que le descubrimos cuando los franceses le empezaron a dar dinero para rodar, pero su cine es permanente, da lo mismo tu ideología, tu forma de pensar, cuando estás ante el arte con mayúsculas éste puede ser una catedral gótica o una película de Dreyer, la religión no importa, porque cada uno nos emocionamos de distintas maneras.


A mi me sobrecoge la fragilidad de Irene Jacob a lo largo de la película, su progresiva conciencia de estar viviendo una vida más allá de la muerte, ser el objeto de una resurrección de alguien a quien no ha conocido pero con quien se ha cruzado, me sobrecoge cómo llora y cómo ama, cómo mira al cielo buscando respuestas cuando éstas están en la tierra. Hoy que acaba el año, recupero a Verónica, que la disfruten tanto como yo, será buena señal de su gusto, o mala señal para el mío si no se emocionan con ella.