miércoles, 11 de diciembre de 2013

EL HOMBRE DE LA CÁMARA (Dziga Vertov, Denis Kaufman, 1929)


EL HOMBRE  CON LA CÁMARA (Dziga Vertov, 1929)

 

Me parece que usar calificativos superlativos con esta película está de más. Hasta uno se atrevería a afirmar que se trata de la película más moderna que se ha echado a la vista durante el año, y puede que más si no tuviera la pereza de revisar mis apuntes. Te advierte el creador al principio que estamos ante unas imágenes sin historia, sin guión, sin dirección y me cuesta tanto creerle como genial me supone ver al director filmado mientras rueda sus planos imposibles.

En 1929 no existían James Cameron ni Cuarones llenos de “gravity” y con un puñado de miles de millones a su alcance para lograr informáticamente lo que “natura non da”. Montaje frenético, planos superpuestos, transparencias, pantalla partida por la mitad, al horizontal y en vertical, luces y sombras, imágenes invertidas, marcha atrás……68 minutos de verdadera vanguardia artística.




Y viendo esas imágenes del Leningrado bolchevique se pregunta uno cual sería la primera reacción del público que vió esas imágenes, qué pensaron los comisarios políticos sobre la ideología del cineasta, ¿les bastaría la imagen de la ciudad industrial para presumir que se trataba de un cine al servicio del pueblo y de la revolución o no era más que el culto burgués a una obra decadente y apartada de la grandeza del pueblo ruso?




La película es futurista e industrial, coetánea de “Berlín, sinfonía de una ciudad (1927)” o “Lluvia, 1929” de Joris Ivens, la memoria nos rememora imágenes que, consciente o subconscientemente te remiten al recuerdo de películas como “Metrópolis”, “Tiempos modernos”… esas ruedas dentadas que giran, las llaves inglesas ajustando las maquinarias, bielas moviendo mecanismos de producción, sólo faltan unos autómatas para que todo cuadre, pero ahí están los obreros, ensimismados en las labores de producción, ajenos a la cámara, fiados a un objetivo de mejora de las condiciones económicas de la URSS.




Y frente a este mundo industrial, el mundo burgués que no ha desaparecido, el erotismo de una mujer al levantarse semidesnuda por  la mañana, las ventanas que se abren y se cierran como ojos y como objetivos de cámara, la salida de los tranvías que moverán a miles de ciudadanos en su devenir diario, el eterno cruce de vías y de automóviles, los trenes que unen las ciudades de la unión o los coches de caballos que llevan a los más pudientes y más alegres. Playa, relajación, verano, bikinis, nudismo, nacimiento, vida, matrimonio, divorcio, muerte. El progreso de la aviación, los barcos que atracan en la ciudad, los trenes que llegan y se marchan, los bomberos motorizados, las ambulancias modernas, los hospitales, los colegios, los espectáculos, el deporte.




Todo el mundo de una ciudad durante lo que parece un corto espacio de tiempo, recorrida de arriba abajo por la insaciable curiosidad de los hermanos Kaufman, Denis, el famoso, es al que vemos con la cámara al hombro muchas veces, o rodando, es el que adopta el nombre de Dziga Vertov (“gira, peonza”) La cámara sigue a los ciudadanos, pero también sigue al cineasta, si el director va en coche de caballos, su hermano va en un camión de bomberos con otra cámara, si le vemos subido en una caja sujeta con una polea sobre el torrente de una central eléctrica, el cocineasta no puede estar muy lejos, si vemos un plano de un tren mientras circula con la imagen a escasos centímetros del suelo, después veremos al cineasta rodando desde un tren y asomado al vacio desde un peldaño de una escalera de acceso. Que la imagen no empañe la realidad, lo que vemos es el ojo de Dziga, y para probarlo rodaremos al propio Dziga, una duplicidad de realidad al servicio de una idea cinematográfica que derivará en la calificación de “reaccionario” por parte de la “nomenklatura”. Tanto realismo conllevó ser tachado de “antirrealista” y contrario al espíritu de la revolución.




Como teórico del cine, y dentro de una corriente artística que recorría Europa, aun a pesar de las limitaciones impuestas por el régimen soviético, dadaísmo, cubismo, fauvismo, futurismo están presentes en su obra, y ésta como decálogo metafórico de su concepción cinéfila. Los conceptos de el “cine ojo” y el “agit prop” son consustanciales a la figura de Denis Kaufman, pero en ese agit-prop, o agitki que se conocía a sus realizadores, en todas las artes, ideado como cauce de expresión de la revolución y para agitar las conciencias de los espectadores invitándoles a adoptar una posición activa en el desarrollo revolucionario mediante el uso de la cultura, termina volviéndose contra el propio cineasta.




La indudable estética de sus imágenes, unido a su falta de discurso explícito, así como el reflejo de la realidad diaria de la URSS, mendigos incluidos, borrachos, parias en definitiva, no puede ser aceptado por un régimen dictatorial, y menos en sus orígenes, cuando tras el fervor inicial, la bestia de la persecución ha empezado a cobrarse sus víctimas.


Decía el cineasta “Soy un ojo fílmico, soy un ojo mecánico, una máquina que os muestra el mundo solamente como yo puedo verlo. En adelante y para siempre prescindo de la inmovilidad humana; yo me muevo constantemente, me acerco a los objetos y me alejo de ellos, me deslizo entre ellos, salto sobre ellos, me muevo junto al hocico de un caballo al galope, me introduzco en una muchedumbre, corro delante de tropas que se lanzan al ataque, despego con un avión, caigo y me levanto con los cuerpos que caen y se levantan. Liberado de la tiranía de las 16-17 imágenes por segundo, liberado de la estructura de tiempo y espacio, coordino todos los puntos del universo, allí donde puedo registrarlos.
Mi misión consiste en crear una nueva percepción del mundo. Descifro pues de una manera nueva un mundo desconocido para vosotros y vosotras".




Experimental como él solo, pensaba que el ojo humano era capaz de retener imágenes con sólo 2-3 fotogramas por segundo, microrelatos fílmicos que consiguen, en películas de escasa duración conforme a la convención, incorporar una serie de información que se agolpa demoledoramente en nuestra mente y que exige revisar lo visto para recuperar detalles imposibles de retener, y en sucesivas revisiones de la misma escena o toma, la propia película se rehace y se reinventa, donde veías un coche, después verás un paseante, después un carruaje que circula marcha atrás mientras a su lado otro sigue su marcha normal. Al final la realidad se deconstruye por hiperrealismo.




El cine ojo que parte de la ausencia de guión programado, ausencia de actores, de iluminación artificial, de estudio, se trata de recoger escenas de la vida y darles significado en la mesa de montaje, ahí si que la reducción de imágenes, su tratamiento, su inserción con otras, su orden…. Marcarán el devenir de una historia probablemente distinta a la rodada y posiblemente molesta al poder, porque el agit-prop puede convertirse en contrapropaganda mediante la exhibición de la realidad diaria. Siguiendo la máxima de que lo que no se ve no existe, y que tan de moda está ahora, evitando la exhibición o el rodaje de este tipo de obras evitamos que la conciencia social deriva hacia el reproche al gobernante. Quremos "fragmentos de energía real que, mediante el arte del montaje, se van acumulando hasta formar un todo global", permitiendo "ver y mostrar el mundo desde el punto de vista de la revolución proletaria mundial", lo que ocurre es que lo proletario para el movimiento del “cine ojo” se transformó en reaccionario para los burócratas de turno, que echaban de menos “El tren Lenin” o “La batalla de Tsarytsin” de los primeros tiempos de Vertov.




Tras esta obra Vertov pronto fue relegado al rodaje de noticieros convencionales, y gracias que no terminó en Siberia o fusilado en la cárcel de Liubianka, el arte ahora se lo puede agradecer, y Godard también lo hizo con su “Grupo Dziga Vertov”, disfruten de este collage de imágenes en el que a la sinfonía de la ciudad se une la creación de una película, el rodaje, el montaje y la exhibición, otra historia más de cine dentro del cine, pero absolutamente innovadora y delirante, el cámara sobre la cámara lo dice todo.