miércoles, 20 de noviembre de 2013

SARGENTO NEGRO (SARGENTO RUTLEDGE, JOHN FORD)







SARGENTO RUTLEDGE (El sargento negro) John Ford

Soy John Ford y hago películas del oeste. Con esta declaración de principios nadie puede discutir la inmensa categoría de Ford para haber recreado el mundo del oeste americano de manera magistral y sin parangón, tanto en extensión como en excelencia de su cine, hablar de cine del Oeste es rememorar a Ford, pero Ford hizo dramas históricos excepcionales como María Estuardo, por ejemplo, comedias románticas y costumbristas tan soberbias como El hombre tranquilo, cine bélico, documentales, político, como El delator, aventuras y drama erótico emocional como Mogambo….. y detrás de ese poso de hombre conservador, muy conservador, en sus películas demostraba más liberalismo que muchos de los progresistas de salón tanto de cine como de todos los ámbitos que nos rodean. Reflejando a la nación indígena como gente ansiosa de sangre, de venganza y de muerte, fue capaz de rodar El último combate como reflejo de la dignidad de todo un pueblo masacrado por los herederos integristas del Mayflower. Y es en ese humanismo, en esa capacidad de solidaridad entre individuos donde John Ford se engrandece, esos retratos humanos en situaciones límites, corajudos y violentos pero llenos de humanismo por dentro, que sale en los momentos más adecuados, reflejan la esperanza de Ford en los individuos.

Sargento Rutlegde puede ser una de las obras menores de Ford, faltan, es posible, actores de pese para soportar al teniente defensor y su enamorada, pero es que las obras menores de Ford se sitúan varios escalones por encima de muchas obras maestras de la mayoría de creadores cinematográficos. Que ya se titulara “El sargento negro” en España denota cierto tufillo maniqueo en el programador de la época, si, Rutledge es negro, pero no es el único sargento negro de la compañía, ni el único soldado negro del fuerte, luego Sargento negro intenta predisponer al espectador nacional a una historia de racismo encubierto o soterrado, y Ford no refleja nada de eso en la película, es más, ninguno de los personajes es racista aunque el racismo en la película está larvado, se siente, se verbaliza, pero no entre los partícipes, sino en las esferas invisibles del poder, porque lo que le pasa a Rutledge le pasa con independencia de ser negro, sólo que al saberse negro es consciente de tener menor defensa.

La película circula en diferentes planos, pero quería hacer especial referencia al jurídico-judicial. Obviamente ese tribunal de hombres de honor militar desconoce las formalidades de cualquier juicio, son bastante legos en derecho y les toca lidiar con un trámite, tienen salvajadas que ocultar o no recordar, como el saqueo de Atlanta que el exmiembro sudista del tribunal recordará para mayor dolor del coronel. Ha muerto un comandante, una joven ha sido violada y asesinada y un sargento ha huido del fuerte esa misma noche, no hay vuelta atrás. El sargento Rutledge es el culpable de esos actos inexplicables. Y aquí entra, de manera magistral, el análisis de Ford, un cineasta, y no un jurista, sobre el principio de presunción de inocencia, y además lo hace la manera más clara y precisa, desde la ironía y el humor. Constituido el Consejo de Guerra el presidente del tribunal pregunta al acusado si se declara inocente o culpable, y al declararse inocente, el presidente estalla con ¿inocente? Defensor, ¿qué broma es ésta?. Eso unido al hecho de que el tribunal piensa que va a tener que estar toda la mañana aguantando el juicio, que el público espera en la sala con las sogas en la mano para hacer efectiva la condena asegurada con el antejuicio llevado a cabo. Y esto que, Ford retrata con un sentido del humor admirable, para rebajar la que, sin duda es una tragedia, un tribunal contaminado por un prejuicio y que se ha hecho la composición de lugar antes de valorar las pruebas, persiste en la actualidad.
 
El juicio paralelo es algo que se ha enquistado de tal manera en nuestra sociedad que nadie se abstiene de practicarlo, el principio de presunción de inocencia, manoseado, prostituido, confundido con  la responsabilidad política ha conseguido que la mentalidad del común de los ciudadanos entienda que, ante un juicio penal, el fiscal buscará las pruebas para demostrar la culpabilidad y el acusado demostrará su inocencia. Error de base que nadie intenta reparar. Ningún acusado tiene que demostrar su inocencia, el acusado es inocente siempre, porque si no sería condenado, pero claro, si nuestros principales políticos, muchos de ellos juristas, ejercientes o no, o habría que decir licenciados en derecho, que no es lo mismo, pueden decir perlas como “nadie demostrará que no somos inocentes”, “probaremos nuestra inocencia”, “hay cosas que no se pueden probar”, mala enseñanza podemos entregar al resto de la ciudadanía, que ante una noticia periodística, objetiva o teledirigida, sacará su conclusión y su condena, y no admitirá ninguna otra opción que la que la calle diga, esto también lo acuñó un ministro en su momento.

Por eso es grande este juicio que relata Ford, porque desmonta el prejuicio del tribunal y la autosuficiencia del fiscal mediante el ejercicio del derecho de defensa admirablemente, aunque obligue al presidente a pedir agua para pasar el trago, claro que, no del agua normal, sino “de esa otra agua”.

El juicio va desgranando el comportamiento ejemplar del soldado, reclutado una vez manumitido de su condición de esclavo y cuya toda vida en libertad ha sido el ejército, como antes fue la de servir a la familia asesinada. La impresionante presencia de Woody Strode ( también se le puede ver en Espartaco, en Los profesionales, en El hombre que mató a Liberty Valence), marcial, recto, disciplinado, profesional, valeroso, invade tanto la sala del tribunal con su altura como los espacios del oeste y del Monument Valley cuando sus compañeros le homenajean, después de salvarles de una masacre con el canto de la canción “Captain Buffalo”. Por eso la sombra de la duda empieza a surgir en el tribunal y en la sala, e incluso en el airado y soberbio fiscal, ¿cómo un hombre así ha podido hacer algo semejante? Y sobre todo, ¿si es inocente, porqué no cuenta lo que pasó en casa del comandante?

Y aquí introduce la segunda vertiente jurídica John Ford, Rutledge se siente condenado y muerto desde que ocurre el incidente, por su condición de sargento y por su condición de negro sabe que su destino en la horca, y diga lo que diga nadie le creerá. Sólo su sentido de compañerismo le impedirá huir para ayudar a su compañía ante un inminente ataque indio, a sabiendas de que eso supone enfrentarse a la ira popular y a un juicio predeterminado. Por suerte será su teniente (el blandito Jeffrey Hunter, también visible en The searchers, o el día más largo) el que no deje de creer en su inocencia y busque las pruebas y causas que acrediten que la autoría corresponde a otras personas, porque no concibe un comportamiento tan inhumano en un soldado tan ejemplar, es el único, a salvo de sus compañeros soldados, negros como él, y que saben que en el juicio no habrá defensa posible, que cree de verdad en el principio de presunción de inocencia, y que si Rutledge mató, fue en defensa propia y que nunca violaría a una muchacha a la que conocía desde niña cuando era esclavo del padre.

El 9º y el 10º de caballería contaban con cuatro regimientos de negros, soldados procedentes muchos de ellos de la guerra civil y que fueron reenganchados, en primer momento con la expectativa de progresar e igualarse a los blancos, pero como Ford remacha durante el largometraje, eso no dejó de ser más que propaganda, los regimientos eran mandados por oficiales blancos y los negros no llegaban más que a sargentos, sus derechos y sus pagas eran inferiores a las de los soldados blancos, y el racismo contra el que habían luchado al lado de las tropas del Norte se mantenía, mitigado, pero constante, en las altas esferas del ejército, no así entre los oficiales que les mandaban, cuyo respeto y consideración se ganaron, aunque no deja de ser paradójico que colaboraran activamente como soldados, en el exterminio de los originales habitantes de las praderas.

La figura del Sargento Rutledge se recorta en la noche del campamento, vigilante y entregado a su deber, respetado por sus compañeros, pese a estar detenido por su teniente para ser llevado al fuerte y juzgado, y todos se sentirán aliviados con la prueba de lo que realmente sucedió. Ese tren avanzando en la noche fría del desierto americano, esa primera aparición de Rutledge salvando a Constance Towers del ultraje y la muerte segura, ese fuego de campamento componen escenas de profundo lirismo y emoción, no olvidemos que el sargento Rutledge es el soldado ejemplar de la compañía, que sea o no condenado, nadie va a perder ese concepto del soldado, incluso el tribunal se siente acomplejado ante la personalidad y grandeza del soldado, y temeroso de tener que dictar una sentencia de condena contra alguien tan heroico.

Las tramas y subtramas de esta película se ocultan y se muestran en sucesiones semiclandestinas, engarzándose perfectamente sin que una predomine sobre la  otra, todos los testigos dicen la verdad, algo inverosímil en el mundo actual de nuestros juicios, pero la trama judicial, la lucha contra los indios, la camaradería entre los soldados, el respeto a los oficiales, la historia de amor, el racismo, el clasismo, la pederastia……son temas presentes en esta película, y todos ellos resueltos sin ampulosas vueltas de tuerca, todo fluye con naturalidad y credibilidad, y al final, cantemos todos por el capitán Buffalo, el gran héroe de la película. Salve sargento Rutledge, ha sido un placer volver a juzgarle y Mr. Ford su cine siempre será tan grande como los espacios abiertos donde rodó e inmortalizó el Monument Valley.