viernes, 29 de noviembre de 2013

L,ÂGE ATOMIQUE (Helene Klotz, 2012)


L, ÂGE ATOMIQUE (Helene Klotz)
 

 

Premio Fipresci en la sección Panorama del festival de Berlín y premio César Jean Vigo a nuevos realizadores, esta corta historia de dos jóvenes en una noche parisina, que no les corresponde, nos remonta a los adolescentes en proceso de madurez de un “Paranoid Park” de Gus van Sant o esas caminatas sin rumbo de “Gerry”. Jóvenes que no pueden parar pero sin saber hacia dónde, sólos en el espacio y en su propia individualidad, moverse porque no se pueden quedar quietos salvo cuando el efecto de las sustancias obligan a dejarse adormecer.

 
 
Victor y Reiner deambulan por Paris acercándose a los lugares de reunión de jóvenes, uno como poeta maldito, otro buscando un pequeño éxito que le permita un mínimo de optimismo en el futuro. Ambos terminarán llorando durante esa noche, ambos terminarán convencidos de que sólo se tienen uno a otro, aunque de distinta manera, y cambiarán su paseo por la ciudad por una vuelta a la naturaleza, o ¿quién sabe?, por regresar a su verdadero hogar más allá de la banlieu de Paris. En medio de esta corta historia hasta hay tiempo para reflejar la lucha de clases entre jóvenes, entre estos outsiders y unos “guapitos de cara” (otra vez el tercer elemento que salía en “Les amours imaginaires” de Xavier Dolan haciendo de “guapo oficial”), lucha de clases que revela una realidad a la que nos cuesta adaptarnos, que en estos tiempos, hasta los vencedores, pierden, porque perdida la perfección se convertirán en desechos del sistema y que adelanta lo que pasará a lo largo de toda la vida, que quien cree tener poder o ser un triunfador pretenderá dominar a los demás, aunque no cuenta que hacen más daño unas palabras que el mejor de los puñetazos.

 
Rainer y Victor quieren ser distintos, pero también quieren ser aceptados, y no consiguiéndolo sólo les cabe mostrarse como rebeldes sin  causa. Sin familia, sin amigos, sin trabajo, pero se tienen entre sí, uno busca una chica que le quiera, otro puede que ser amado por Víctor, en definitiva un retrato gélido, frío, oscuro, de una etapa difícil. Película de una noche y de noche, el faro de la Torre Eiffel como marcando un rumbo que no corresponde al de los protagonistas, con imágenes que nos recuerdan a la fiesta “rave” de “La cuestión humana” de Nicolás Klotz, padre de esta directora, o adolescentes en los que no nos cuesta imaginar a esos cuarentones destrozados de “After” de Alberto Rodríguez. Recomendable retrato entre nihilista y derrotado de una juventud sin esperanzas.