jueves, 28 de noviembre de 2013

IN THE MOOD FOR LOVE (Deseando amar, Wong kar Wai, Hong Kong, 2000)


DESEANDO AMAR (In the mood for love) Wong Kar Wai.


 


No parece mal título para una película, ni tan siquiera en la traducción española, “con ánimo de amar”, aunque resulta más cercano, menos frío, anuncio de intensidad, ese “deseando” que se ha introducido en la traducción española. Hong Kong, Singapur y Angkor son los escenarios es los que se mueven los protagonistas de la película, pero ni vemos Hong Kong ni Singapur, y sólo Angkor explota en la pantalla culminando el deseo anunciado durante toda la película, sólo imaginarse en Hong Kong y Singapur suponen aliciente suficiente  y cualquier historia que tenga punto y seguido en los templos de Angkor (Camboya) sin ser Angelina Jolie la protagonista o Indiana Jones, merece un respeto, y una visión, o dos, o tres, o infinitas.


Clásico absoluto en apenas una década, y casi podría decirse que clásico desde el momento de su primera exhibición en el año 2000, asombrando en Cannes, con un nivel de maestría que no ha vuelto a alcanzar Kar Wai, porque, dicho sea de paso, cuando haces “LA PELÍCULA” todo lo que venga después o hayas hecho antes, podrá ser bueno, pero no conseguirá alcanzar la excelsitud de In the mood, nos encontramos ante la historia de amor imposible más perdurable en la retina y en la mente del espectador desde hace mucho tiempo.

Viendo la historia de amor reprimida entre Tony Leung (Señor Chow) y Maggie Cheung (Señora Chan) las capas, entrecapas y subcapas de la historia se entretejen, se confunden, se distienden y se comprimen consiguiendo trasladar al espectador la zozobra de este par de sufridores encorsetados en el mundo de lo correcto, iniciando una relación desde la constatación de ser engañados, pero manteniendo una premisa de la que, sin duda, se arrepentirán toda la vida, “nosotros no somos como ellos”.


Viendo la película no es difícil pensar que por la mente de los protagonistas, en más de una ocasión, y como un mantra budista, pasará la idea de “¿y si nos hubiéramos conocido en otro tiempo, en otro momento, sin estar casados?”. Es obvio que ese pensamiento produciría desazón personal, sentimiento de culpa, si esa atracción entre ambos tuviera lugar sin ser engañados previa y respectivamente por sus cónyuges, pero entonces, quizás, cara al espectador, la historia se transformaría en menos trágica, en menos rotunda, podría ser hasta más explicable que por principios morales, éticos, religiosos,….no se atrevieran a ser infieles engañando a los suyos, pero es esa convicción de que la mujer del Sr. Chow y el marido de la Sra. Chan mantienen una relación extramatrimonial la que hace, por un lado, más atrayente el progresivo acercamiento entre los engañados, y más angustiosa su imposibilidad de amarse pese a contar con todo a favor, no el despecho, pero al menos si el argumento moral de que nadie puede engañar a quien te ha engañado previamente. Pero ellos deciden ser distintos, amarse sin decírselo, en la distancia, mantener las formas, no tocarse, no besarse, intentar no dar lugar a murmuraciones sobre su relación y actuarán de manera clandestina como si estuvieran haciendo algo reprochable, y solamente por mantener la idea de que se comportan de manera distinta.




La relación entre ambos comienza desde el dolor al constatar que son engañados, sucesivas visiones de esta maravilla de película demuestran cómo el director nos proporciona pistas que los protagonistas no saben ver, cómo en la primera partida de majong , los cónyuges de ambos, a los que siempre vemos de espaldas, en lo que se supone que es la primera reunión social con más vecinos, están sentados juntos, cómo el jefe de la Sra. Chan utiliza a la misma para mantener una relación extramatrimonial ocultándola a su esposa, siendo la secretaria sra. Chan la que compra los regalos, hace los encargos, las reservas de viaje, de restaurante… justo lo mismo que están haciendo el Sr. Chan y la Sra. Chow a espaldas de sus respectivos, la compra de una corbata al Sr. Chow que resulta igual que otra que tiene el Sr Chan, la olla expres que va a pagar el Sr Chow y el Sr Chan  le dice que ya la ha pagado su esposa……. Y cuando ellos se convencen de la infidelidad empieza el juego morboso y sádico de recrear una y otra vez lo que debe significar enfrentarse a tu esposo o esposa y arrancarle la confesión de la infidelidad, siendo los momentos de mayor cercanía física entre ambos, aquellos en los que Maggie Cheung termina siempre llorando y abrazada a Tony Leung, no como símbolo de amor entre ellos, sino de camaradería y de consuelo, de confianza en la desgracia conjunta.
 

 A fuerza de recrear la escena de la revelación presunta, que nunca llega a producirse en la cámara con los protagonistas reales de la misma, aumenta la confianza entre ellos, y sus miradas empiezan a revelar una complicidad que va más allá de la derivada de la confluencia de su catástrofe personal, apenas se les ve hablando, sus encuentros aparecen breves, semiclandestinos y con miedo de ser vistos juntos, pero hay momentos de intensidad, breve, pero definitiva, para mostrarnos que la relación va más allá de la casualidad ocasionada por el engaño, y dos me parecen fundamentales, la primera llamada de él a ella al trabajo, donde se nota la turbación que le provoca a Maggie que alguien piense que ella está haciendo lo mismo que su jefe, y la segunda cuando ella se entera de que Tony está enfermo, en la habitación 2046 en la que se ha refugiado tras separarse de su mujer, y ella, a la salida del trabajo, pierde el control y corre para verle, carrera que detendrá en varias ocasiones, en la que subirá y bajará las escaleras, para terminar en la habitación y cuidarle, pero sin ninguna otra consecuencia.

La historia continúa y la complicidad deviene hasta en colaboración, Tony empieza a escribir relatos de artes marciales y Maggie hace de colaboradora, de asesora, pero en todo ese desarrollo ambos se dan cuenta de algo más, que no es bastante con hablar de lo que les ha pasado y recrear lo que han tenido que ser en palabra los acercamientos entre sus cónyuges previos al engaño, recreando el flirteo ficticio entre sus esposos no hacen sino reproducir las condiciones por las que han sido engañados, de tal manera que quedar en restaurantes, en bares, leer las novelas juntas, revisarlas, coincidir en el mesón donde venden tallarines se convierte en una costumbre de pareja que hace surgir el amor y el deseo entre ellos, amenazando con terminar siendo “como ellos” al surgir la verdadera atracción. Cuando ambos se dan cuenta de que el desamor que sufren ha derivado en amor oculto, vuelven a sufrir, se buscan y no se encuentran alrededor de esa habitación 2046 que dio lugar a una secuela-precuela-postcuela de la historia de In the mood, uno llega cuando el otro se ha ido, uno no entra cuando el otro espera, una se lleva unas zapatillas en recuerdo del amado imposible sin decir que ha entrado en la habitación, no sabemos si realmente, coincidiendo ambos en la habitación se hubieran atrevido a romper su pacto de “no ser como ellos”, cuesta imaginarlo, pero en esa tesitura la solución no deja de ser comprensible, el Sr. Chow abandona Hong Kong y se traslada a Singapur, pensando en que quizás la distancia sea el olvido, pero en este caso la distancia no hace sino incrementar el dolor y el recuerdo de ambos pensando en el “y si….”.
 

Al cabo de unos años ambos vuelven a la casa donde se conocieron como vecinos, ella pregunta a su casera por los vecinos, que también alquilaban habitaciones y donde vivía el matrimonio Chow, obviamente no pregunta por él, simplemente obtiene la respuesta de que no se sabe nada de los antiguos inquilinos, mientras que al volver el Sr Chow para saludar a sus antiguos caseros y preguntar quien vive ahora en la casa de al lado le responden que una mujer y un niño, lo que de nuevo le hace dudar sobre si será la Sr. Chan. El espectador sabe, o imagina que si, pero Chow decide hacer lo de siempre, mirar la puerta, pensar en si ella habrá vuelto a vivir a la casa y marcharse sin preguntar, optando por la duda permanente imaginando que encontró el amor perfecto pero no hubo valor para afrontarlo. La culminación de la película no puede ser más redonda, ya en Singapur, hablando con un amigo en una taberna, que le incita a que le cuente algo personal, algún secreto de su vida, él, el Sr. Chow, siempre tan callado, tan reservado, cuenta un dicho de la antigüedad, donde cuando alguien tenía un secreto importante, buscaba un árbol en lo alto de una montaña, hacía un agujero en su tronco, susurraba el secreto y tapaba el agujero con barro, de esa manera el secreto permanecería enterrado por siempre en el interior del árbol y no habría peligro de revelarlo. Para ser capaz de mantener el secreto y demostrar que, al final, no han sido iguales, Tony viajará a Angkor, y aprovechando la visita, que no sabemos si tiene como único motivo ése, el de guardar el secreto en un lugar sagrado para el budismo, susurrará su secreto en uno de los agujeros de las paredes de los templos, entre figuras de apsaras y bajo la mirada de un joven aprendiz de monje, allí quedará el secreto, enterrado para siempre en la memoria de Chow y Chan, dos amantes que no se atrevieron a amarse pese a desearlo.
 

No obstante, esta historia conmovedora, genialmente rodada y planteada, con rupturas de escenas que continúan igual pero en momentos distintos dada la obstinación de los personajes en revivir el pasado doloroso una y otra vez, cuenta con el añadido impagable de las imágenes, la fotografía y la música, es decir, si ya de por si la historia es interesante, si le unimos la fotografía de Christopher Doyle y la música a ritmo de un pseudovals con el tema de Yumeji de Shigeru Umebayashi o el resto de la banda sonora de Michel Galasso, los trajes con cuello mao que permanentemente luce la protagonista con una elegancia sin igual convirtiéndola en la mujer ideal, la sensualidad de los gestos de ella para cualquier acción, tanto para leer una revista como para tocarse el cuello, rebosando sensaciones, esos planos de espaldas donde no sabemos si se interrumpe la acción o son los protagonistas los que se quedan sin movimiento posible bajo el eco del “quizás, quizás, quizás” de Nat King Cole….. , ese uso del color y de los encuadres en pequeños espacios, colores fuertes como la historia que viven los protagonistas, lugares cerrados como ejemplo de la única posibilidad de vivir juntos que les queda sin poder mostrarse en público… en definitiva, una película moderna y redonda, una gran obra maestra del cine de todos los tiempos que no cansa ni satura al revisarla, porque en definitiva, cada vez que se ve, uno termina diciendo “quereros de una vez y olvidad al resto”…. pero no se porqué, debe ser difícil sentir que amas engañando a alguien más, sobre todo si interiorizas la idea del engaño, lo que ocurre es que optando por la solución de Tony y Maggie pierdes la ocasión de vivir, refugiándote en el recuerdo permanente de lo que pudo ser y no quisiste que fuera, quizás, quizás, quizás……….