jueves, 28 de noviembre de 2013

HELI (Amat Escalante, Méjico, 2013)


HELI (Amat Escalante, Méjico, 2013)

 

Al poco de empezar a ver “Heli” , con referencias justas sobre el director, del que conocía “Los bastardos”, y la trama de la película, se me vinieron dos nombres a la cabeza, Reygadas y Nuri Bilge Ceylan, y cosa curiosa, al final de la película aparece el nombre de Reygadas en la producción, y un par de nombres turcos en el proyecto, porque muchas de las imágenes, en su morosidad, en su reflejo de los espacios abiertos, me recordaban la fantástica “Érase una vez en Anatolia”, y la relación de los personajes y la fotografía de los cuerpos, vestidos o semidesnudos, a la fotografía de Reygadas en “Luz silenciosa” o en “Batalla en el cielo”, aunque se trate de referencias episódicas, pues nos encontramos ante una película retrato de un país (aquí enlaza más con Ceylan) moribundo, un país donde no  hay estado ni se le espera.

Los límites de la violencia en el cine han sido objeto de análisis, debate y discusión encendida, y uno de los momentos que más encontradas opiniones ha generado, y donde el rechazo a la violencia en imágenes más texto ha provocado fue la película “Kapo” de Gillo Pontecorvo con aquella larga escena en travelling mostrando cómo una de las presas del campo de concentración moría electrocutada arrojándose sobre el alambre que cercaba el lager, en una escena larga y demoledora. Si hablamos de verdad en imágenes, Kapo, como Heli, reflejan algo que sospechamos que es verdad, el límite es, ¿necesitamos ver en cine esa verdad que no podemos ver porque de ser así, o habríamos sido víctimas o seríamos verdugos?



“Heli” parecería un retrato social de una población de mala muerte del Méjico desértico en el que, o trabajas en la fábrica de automóviles o te dedicas al narcotráfico, pero la escena inicial no nos deja lugar a dudas, es una declaración de principios, el director no está por la labor de enseñarnos una vida costumbrista y de penurias económicas por ser honrado, empezamos por una ejecución a la mejicana y esa escena inicial va a estar presente siempre en la retina del espectador, ya como antesala de lo que puede suceder en cualquier momento o como aviso de lo que puede suceder ante la inconsciencia de unos adolescentes que creen que pueden robar droga a un cartel amparado por el ejército.

Habla la crítica de la crudeza de la escena de la tortura, gratuita, por cuanto acabará en ejecución, y no se ha parado a valorar que la película inicia de manera cruel e hiperviolenta, y esa escena de la tortura es relevante en cuanto si sólo viéramos la muerte nuestra imaginación no podría ser capaz de generar tal capacidad de horror encerrado en una escena donde, mientras la familia sigue con su vida diaria, la madre cocinando, los menores jugando a la wii o a la play, los jóvenes cachorros del cartel se aplican en el salvajismo con dos cuerpos a quienes aplican diferentes grados de dolor en función de su participación en los hechos, como si fueran jueces aplicando un código penal aleatorio y arbitrario pero con sus reglas.



Que el personaje de Heli no sea ejecutado no es ningún alivio, porque sucede el choque que supone comprobar que los secuestradores eran militares, que los asaltantes eran militares, que el cartel está en connivencia con el ejército, que ante el fallo hasta los militares son decapitados como advertencia de que los errores se pagan, que la policía no tiene ningún interés real en descubrir lo sucedido porque saben que, si bucean demasiado pueden terminar por no salir a flote. Y queda pendiente el horror que no se ve, luego que el director nos haya mostrado la violencia y nos oculte el secuestro de la hermana de Heli tiene sentido, nos cuenta lo que Heli ha visto y vivido, y nos deja con la elipsis de lo sufrido por la hermana. Somos capaces de imaginarlo, pero, ¿si lo viéramos en imágenes, como la tortura de Heli y el novio de la hermana, podríamos asumirlo? ¿habríamos sido capaces de componer un cuadro macabro como el que suponemos cuando ya sabemos que la realidad de la película nos ha superado?

El mensaje de la película no puede ser más devastador, Heli se transforma y necesita su venganza, la obtendrá, y aquí enlazamos con el Reygadas más duro, y tras su venganza parece que, hasta esa mujer que lleva más de un año sin querer acostarse con su marido, recobra la líbido y el amor por el hombre que vive con ella, al final quedará el sexo, no sabemos si el amor, y un plano final de un niño y una joven dormidos, acariciados por el viento que mueve unas persianas en una tarde de verano, una inocencia con la banda sonora de gemidos procedente de la pareja que se ha reencontrado tras la violencia.

De todas formas, esta percepción española de la película ¿sería la misma viviendo en Méjico con un goteo constante de crímenes de este tipo a diario? ¿hasta dónde llegamos en la observación de la violencia y qué puede dañarnos al verla? No es casual que el grupo de matones se ría de las reacciones de los torturados, es la costumbre la que nos aleja del rechazo que deberíamos sentir a estas realidades, sin embargo, el escándalo es tan corto de miras como repetido el horror, si 20 películas repitieran escenas de tortura ya no habría noticia, y la película podría ser valorada por lo que es, una notable creación que obtuvo el premio al mejor director del festival de Cannes de 2013, y que, increíblemente, llega a nuestras pantallas apenas medio año después.